Podemos o el lado oscuro de la política

Probablemente han visto ustedes la primera película de la saga de La Guerra de las Galaxias, La amenaza fantasma, escrita, dirigida y co-producida por George Lucas
Foto: Podemos o el lado oscuro de la política

Probablemente han visto ustedes la primera película de la saga de La Guerra de las Galaxias, La amenaza fantasma, escrita, dirigida y coproducida por George Lucas en 1999. En una escena que seguramente recordarán si han visto el filme, un joven Anakin Skywalker es presentado ante el Consejo Jedi, una suerte de tabla redonda formada por una mezcla entre caballeros y monjes galácticos. Durante el examen al que es sometido, el maestro jedi más anciano y, por tanto, más sabio, pronuncia a modo de advertencia una de las frases más célebres de la película: "El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento" (clip de vídeo aquí). Pues bien, en estos tiempos donde el que no está asustado por la incertidumbre política y económica, está indignado con la corrupción, o está cabreado con los políticos, quizás convenga hacer caso del viejo Yoda y mantener la cabeza libre de emociones.

Y es que, cuando se habla del panorama político y económico nacional en tertulias improvisadas con familiares y amigos en el bar o en las redes sociales, es frecuente escuchar a quienes, en su ingenuidad, reclaman una oportunidad para Podemos, de forma que se remuevan las estructuras de un sistema que una gran parte de la población considera agotado. Como si fuera un experimento inocuo que no implicara consecuencias graves para la sociedad. Cabe recordar que una oportunidad similar fue la que le concedió el pueblo alemán al NSDAP de Hitler en 1933 cuando, agotados por una depresión económica interminable, profundamente desmoralizados por la hiperinflación de los años 20 y enrabietados con las deudas de las reparaciones de la I Guerra Mundial, consideró que la República de Weimar ya no daba más de sí.

No hay más que repasar la historia de estos movimientos salvadores en general, y del grupo encabezado por Iglesias en particular, para darse cuenta de que el montaje de las asambleas, los círculos, el lenguaje utilizado y el resto de la puesta en escena parecen pura fachada, diseñada cuidadosamente para engatusar a la gente normal que está harta de crisis, de políticos mentirosos y de corrupción

Antes de que me llamen exagerado por aludir al nazismo para comentar el ascenso de Podemos en las últimas elecciones europeas y en las encuestas recientes, sepan que es su propio líder, Pablo Iglesias, quien suele utilizar la misma referencia. Así lo hizo, por ejemplo, en diciembre de 2012, cuando dejó publicada en Twitter la siguiente frase: "Estamos en tiempos de Weimar en los que ganará quien agregue un amplio sentimiento popular".

Y es que no hay más que repasar la historia de estos movimientos salvadores en general, y del grupo encabezado por Iglesias en particular, para darse cuenta de que el montaje de las asambleas, los círculos, el lenguaje utilizado y el resto de la puesta en escena parecen pura fachada diseñada cuidadosamente para engatusar a la gente normal, que está harta de crisis, de políticos mentirosos y de corrupción. Recuerden, si vieron la película que les comentaba al principio, cómo acaba el parlamento de la República cuando cae en manos del senador Palpatine, supuesto salvador que iba a acabar con la corrupción. Se trata de la búsqueda del poder a toda costa.

Como afirma en su libro recién publicado Asis Tímermans, "Si algo destacaba en la carrera de Pablo Iglesias era la obsesión por ganar. Y tenía claro qué era ganar: gobernar con las manos libres. Obtener un 51%, o controlar un 51%. La Facultad, Izquierda Anticapitalista, La Tuerka, Fort Apache, Intereconomía, La Cuatro, las Elecciones Europeas, los Círculos ... Nada de esto tenía como objetivo renovar la política, «empoderar» a la gente o mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora. Se trataba de ganar".¹

No se lleven a engaño con el mantra de que las propuestas de Podemos son deseables socialmente pero irrealizables en la práctica. El programa económico de los seguidores de Pablo Iglesias no es malo porque no sea realista –que no lo es–, sino porque la única forma de llevarlo a cabo implica cambiar desde la raíz nuestro de modelo de libertad individual que tanto ha hecho mejorar las condiciones de vida de la gente, para sustituirlo por otro sustentado en la coacción, la anulación del individuo y la eliminación del auténtico motor del progreso, que es la iniciativa empresarial. Las reformas económicas de Monedero no deben criticarse tanto porque no le salgan las cuentas, sino porque su plan es cuadrarlas a base de coacción para igualarnos a todos en la miseria.

O estás conmigo o formas parte de la casta

No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para percibir que se ha instalado en muchas mentes una especie de maniqueísmo, según el cual ser detractor de unos implica apoyar sin fisuras a los otros. Por ejemplo, para el seguidor tipo de Podemos supone un signo inequívoco de pertenencia a eso que ellos llaman casta el que alguien critique la inviabilidad de las disparatadas propuestas económicas que propone Juan Carlos Monedero, alerte de las consecuencias para nuestro país del modelo bolivariano, que ha vaciado los lineales de los supermercados venezolanos y llenado las calles de Caracas de violencia, o rechace los experimentos de ingeniería social que creíamos felizmente abandonados en Europa desde que derribamos el Muro de Berlín hace veinticinco años.

Por otro lado, para quienes aún apoyan a los partidos tradicionales, que históricamente vienen alternando las posiciones de gobierno y de principal partido de la oposición, votar cualesquiera siglas que no sean las suyas supone hacerle el caldo gordo a los que consideran unos "frikis". Y es que nunca terminamos de librarnos del fatal concepto del voto útil ni del voto del miedo.

Pero nadie dice que sea cosa de dos. Rechazar el comunismo disfrazado de los promotores de Podemos no implica abrazar el modelo actual. Hay otras opciones razonables entre lo de ahora y lo que proponen. Entre el totalitarismo radical de izquierdas y el socialcapitalismo de amiguetes del PP y PSOE existe todo un rango de opciones democráticas que también proponen la regeneración de la política –junto con la defensa de la unidad de España– y que perfectamente podrían ser consideradas razonables para el elector medio, tengan un fondo de armario ideológico de corte socialdemócrata, como es el caso de C's o UPyD, o una combinación entre conservador y liberal, como es VOX.

Tristemente, esos partidos, UPyD, C's y, especialmente VOX al que sólo parece quedarle la vía judicial para lograr algo de notoriedad en los medios, parecen estar silenciados, cuando no abiertamente vetados, por eso que los fanboys y fangirls de Pablo Iglesias llaman casta. Y no son pocos los que consideran que ha sido el arriolismo suicida del PP quien le ha dado alas al líder supremo de Podemos, abriéndole la puerta a los grandes medios de comunicación de este país.

Es legítimo y moralmente necesario rechazar la corrupción del PP, del PSOE y del partido del que se trate. Pero es igualmente legítimo oponerse a modelos que está demostrado que, lejos de ayudar a los más desfavorecidos, sólo cercenan la libertad y generalizan la miseria y la pobreza, como es el comunismo, de corte soviético, maoísta o bolivariano, disfrazado o no de populismo transversal.

O estás conmigo o tienes miedo a la democracia

Una de las respuestas comunes que suelen recibirse cuando uno se opone públicamente en las redes sociales a las propuestas de Podemos es la de que la crítica responde al miedo, cuando no al rechazo a la democracia. No sé qué pensarán ustedes, pero resulta sintomático que simplemente opinar contra un partido sea considerado por sus seguidores como oponerse al voto ciudadano. Esto nos ofrece una pista de la auténtica calidad democrática que transpira dicha organización. No es la democracia lo que asusta, lo que preocupan son los iluminados que muestran una sed infinita de poder y que no tienen reparos en engañar a la gente con un discurso demagógico, ocultando sus verdaderas ideas.

Estás anunciando el apocalipsis

Otro de los ataques que se reciben consistentemente cuando se critican las referencias ideológicas genuinamente radicales de Pablo Iglesias es responder que se está anunciando el apocalipsis –y, además, porque uno quiere alentar el voto del miedo para favorecer al PP–. Al que alerta de que estos activistas de izquierda quieren para España los nefastos modelos de Venezuela, Cuba o Corea del Norte suelen acusarle de querer asustar a la población avisando que viene el lobo. Pues bien, si alguien les dice, como manifestó el líder de Podemos en una entrevista concedida a la TV del régimen chavista en marzo del año pasado (min. 28:30), que envidia a los venezolanos y a los españoles que viven allí, y que el régimen bolivariano es el ejemplo, no hay otra que pensar que quiere aquello para España, ¿no creen?

No hace falta tener, pues, una inteligencia fuera de lo común ni poseer una bola de cristal para vislumbrar el escenario que nos espera con esta gente si llevan a cabo sus planes: basta ver la ruina que han sembrado sus doctrinas allí donde se han puesto en práctica. Y es que el descontento, la rabia y la indignación no nos deben conducir a darnos un tiro en el pie. No nos dejemos llevar por el lado oscuro de la política.

1: Asís Tímermans, ¿Podemos? Editorial Última Línea

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