Orden mundial, pax americana y comercio internacional

Existe un punto de encuentro entre el Derecho Internacional, la Geopolítica y la Ciencia Económica que es el comercio internacional, siendo este último una encrucijada de

Existe un punto de encuentro entre el Derecho Internacional, la Geopolítica y la Ciencia Económica que es el comercio internacional, siendo este último una encrucijada de un orden mundial que determina el flujo de bienes y servicios entre las distintas áreas del planeta. A España, por su necesidad acuciante de mejorar su participación en el comercio internacional, pues éste es crucial para su equilibrio económico, le es crítico encontrar un encaje global adecuado a esas urgencias y un orden mundial favorable al libre comercio y seguro en las transacciones correspondientes.

La idea de la necesidad de un orden mundial no es nueva y en Occidente podríamos remontarnos al Imperio Romano: si hay una constante internacional es aquella de que siempre ha existido la necesidad de un ordenamiento internacional en áreas como el comercio o la diplomacia. El orden mundial bajo el que nos encontramos es el resultado de muchos años de regulaciones y ordenamientos jurídicos, que en el caso del comercio internacional unas veces ha sido para liberalizarlo y otras para obstaculizarlo. En nuestros tiempos, los agentes determinantes de ese orden son, principalmente, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; aunque también las propias instituciones internacionales -que no son pocas, pues solo con las de la ONU la lista es bastante larga- hacen sus aportaciones al ordenamiento de las relaciones internacionales.

Se pueden hacer muchas críticas a la forma como está organizada la ONU y en concreto al Consejo de Seguridad, pero no se puede negar que tiene un efecto simplificador de la toma de decisiones que, aunque a veces imponga vetos, consigue sacar adelante un sinfín de propuestas. Lo cierto es que los miembros del Consejo de Seguridad intentan conformar un orden mundial como proyección de su orden interno y según sus intereses nacionales. Esto es así tanto para los Estados Unidos como para Rusia y China o el eje franco-alemán mientras existió, de forma que, según la potencia de cada uno de ellos en cada momento de la Historia, a través de la ONU o fuera de ella, se va orientando ese orden. Así, cuando hubo dos superpotencias el orden fue bipolar con zonas de comercio restringidas; entonces, los flujos del mismo estaban fuertemente determinados por razones estratégicas más que económicas. Desde entonces, la supremacía tecnológica, económica y militar americana ha ido conformando el orden mundial al máximo de  sus intereses y posibilidades; en ese proceso el comercio internacional sigue ocupando su sitio, de forma que, a la sombra de la Pax Americana, un aliado de su estrategia podría perfectamente encontrar solución a sus problemas del sector exterior de su economía.

La potencia hegemónica

Cuando el once de septiembre de 1990, en una sesión conjunta del Congreso Americano, Bush padre habló de un nuevo orden mundial, simplemente reconoció la evidencia de lo que había tras la caída del bloque soviético. En cierta medida, celebraba que su país, por primera vez desde su creación, actuaba en la escena internacional sin la molesta presencia de los Imperios europeos. Aquella fue una señal clara del cambio de orientación en el determinante estratégico de los flujos de comercio y, por lo que a nosotros interesa, Estados Unidos mantiene plenamente operativa la OTAN, cristaliza la Organización Mundial del Comercio en la que una de sus tres lenguas oficiales es el español, los europeos profundizan en su orden “interno” al tiempo que se abren a nuevos miembros y la Comunidad Iberoamericana de Naciones vive sus mejores momentos, que lamentablemente luego se malogran por la acción de Hugo Chávez. Desde aquel discurso de Bush padre han pasado muchas cosas, entre ellas el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center (Centro de Comercio Mundial). Hasta ese momento Bush hijo estaba ocupado en contener  China y en descubrir sus secretos hasta el punto de asumir riesgos como el del incidente de la Isla Hainan. Así se trastocó todo y aumentó el desorden.

Los Estado Unidos siempre han salido reforzados de la fase final del ciclo largo por su capacidad de aprender de la Historia, del exterior, y por saber adaptarse a las nuevas realidades construyendo sobre lo ya conseguido y no perdiendo el tiempo, como hacemos nosotros, en reexaminar permanentemente lo ya resuelto

Pero, con independencia de conveniencias o gustos personales, ¿conseguirán los Estados Unidos, tal como la definiera Octavio Paz, mantenerse como potencia hegemónica? ¿Tiene su orden interno la capacidad de mantener su liderazgo internacional? Pienso que sí. De hecho, creo que los EEUU están excelentemente bien capacitados para la situación actual y casi se podría decir que vienen preparándose para ello desde que nacieron. Tan es así que su propio sello oficial incluye la expresión latina Novo Ordo Seclorum, o Nuevo Orden de las Eras, demostrando que los revolucionarios del Nuevo Mundo tenían un conocimiento profundo de la Historia y una idea bastante clara de lo que debía hacerse.

Los seguidores de las teorías conspirativas de la Historia tienen tendencia a centrarse en el símbolo iluminista del Gran Sello y en las palabras del inquietante primer verso de la Cuarta Égloga (en latín, en español) de Virgilio, cuando tal vez deberían centrarse más en el poeta en sí, quizás el más influyente de Occidente. Virgilio vivió en primera mano los momentos revolucionarios que acabaron con la forma democrática del Imperio Romano y la suya ha sido una influencia mayor en la organización política de los Estados Unidos, que está llena de elementos romanos, desde Capitol Hill fundada a imagen de la Colina Capitolina sobre la hacienda Nueva Troya (¿Washington, una nueva Ilión?), a la arquitectura clásica de los edificios de gobierno o los lemas latinos, o emblemas y símbolos como los fasces del escudo del Senado americano, dan a entender como si estos hijos aventajados de la Ilustración más sensata hubieran conseguido, sin explicitarlo (tal vez sea la mejor forma), a diferencia de otros que fracasaron, reparar los errores cometidos hace casi 2000 años.

Los Estados Unidos emergen como gran potencia al escenario internacional de la mano de su primer presidente con Ph.D. Woodrow Wilson, un hombre adelantado a su tiempo que afectó de forma determinante tanto el orden interno de su país, con leyes básicas de comercio y ordenación económica y otras como la de la Reserva Federal y el Impuesto sobre la Renta. De igual forma, en el orden internacional, con su propuesta de 14 puntos que animó a Alemania a pedir la paz y fueron la base de la Sociedad de Naciones (donde una de las tres lenguas oficiales era el español), antecedente de las Naciones Unidas; ya entonces, en el punto 3, y de forma indirecta en el 2, Wilson advocaba por el libre comercio. Puede decirse que la configuración final del orden interno americano no llegará hasta la desegregación racial y el establecimiento del Código Uniforme de Comercio (UCC) de 1952; porque ya saben: E Pluribus Unum tiene consecuencias en muchas áreas. El UCC es de suma importancia pues los americanos lo crean como un instrumento para conseguir un mercado único por encima de las legislaciones de cada Estado, de esta forma crean un campo de juego común con las mismas reglas para todos. Siendo el libre comercio una propuesta americana constante de orden mundial, el UCC es su inspiración como modelo a proponer a nivel global como en el caso del CISG de 2010.

Reforzarse en la crisis

Un reciente invitado de John Mauldin en uno de sus Outside the Box, Ed Easterling, utilizaba el término Seclorum para una de las fases del ciclo largo que explica el comportamiento de la bolsa; creo que erró el tiro al confundir un mismo término con distintos usos, habría sido más apropiado aplicarlo a todo el Ciclo Largo y cuestionarse si el orden interno americano aguantará bien las tensiones de la crisis sistémica que vivimos. Pienso que lo hará. Los Estado Unidos siempre han salido reforzados de la fase final del Ciclo Largo; así fue en el período de 1835-1844, en el de 1875-1896 y en el de 1929-1949, y también creo que lo hará de aquí al fin de esta década quedando listos para el nuevo ciclo, y esto lo conseguirá por su capacidad de aprender de la Historia, del exterior y por saber adaptarse a las nuevas realidades construyendo sobre lo ya conseguido, y no perdiendo el tiempo, como hacemos nosotros, en re-examinar permanentemente lo ya resuelto.

Ya sean los problemas energéticos, demográficos, morales o económicos, la existencia de sociedades abiertas y mercados internacionales libres es una condición de base para afrontar con cierta garantía de éxito los problemas de nuestro tiempo

De todas las amenazas que tienen los Estados Unidos en sus responsabilidades referentes al orden mundial, quizás las más serias sean, por un lado un cierre de los mercados internacionales que nos lleve a una situación similar a la de primeros de los años 30 del siglo XX, y por otro, el estado del sistema financiero mundial y del suyo en particular, con sus consecuentes cambios en los valores imperantes. Por si fueran pocos los anteriores problemas, los Estados Unidos, como mejor expresión del Nuevo Mundo, y que existen por el deseo de los europeos de comerciar con Oriente sin pasar por la Umma, deben además alcanzar esos objetivos con la oposición acérrima de un Islam en auge, que nos viene desde las entrañas oscuras de la Historia con un orden mundial antitético y ya conocido: El Califato y su totalitaria Sharia.

La relación entre los acontecimientos actuales y la experiencia histórica de cómo la fórmula imperial fue una mala solución a los mismos problemas en las distintas encarnaciones de Roma, es algo que escapa al alcance de este medio. Sin embargo, ya sean los problemas energéticos, demográficos, morales, económicos, la necesidad de uno o varios rivales, los equilibrios estratégicos y la construcción de una sociedad global, la existencia de sociedades abiertas y mercados internacionales libres es una condición de base para afrontar con cierta garantía de éxito los problemas de nuestro tiempo.

Choque de civilizaciones

Desde que Bush padre anunciara el nuevo orden mundial hasta ahora, los Estados Unidos han venido afrontando todos estos problemas como es habitual en ellos: navegando sobre los acontecimientos con su pragmatismo habitual en la defensa de sus intereses. Podría decirse que han pasado de la etapa ingenua inicial del Fin de la Historia y el Último Hombre (interesante cierre de paso al hombre nuevo de ciertos utopistas socialistas) de Francis Fukuyama y basada en la doctrina de la Paz Liberal, al breve estadio del Choque de Civilizaciones de Samuel P. Huntington (con el contrapunto a lo Memnón de nuestro genio local) tras el 11-S y terminando en algo más parecido, racional, y próximo a la estructurada teoría del Realismo Ofensivo en las Relaciones Internacionales de John Mearheismer, como lo demuestra la respuesta dada a las actuales revoluciones, que serán islámicas, en los países árabes. Esas son las coordenadas básicas de la política internacional americana, que da resultados como los expresados en París por la señora Clinton y que alguien ha llamado con humor la Doctrina Fu-hunt-heismer.

Lo triste de nuestra situación es que, ante los retos y lo apasionante de los desafíos que afrontamos, con excepción de La Corona, no encontramos entre nuestros dirigentes, ni de lejos,  un liderazgo adecuado que de respuestas correctas a esta encrucijada histórica. Antes por el contrario, nuestra clase política vive afanada en un proceso de desorden interno y de destrucción de nuestras potencialidades globales; a la cabeza de ese experimento de negación de nosotros mismos se encuentra nuestro gobierno que, o bien espera a que le digan de fuera lo que hacer o bien aborda lo cotidiano con su irracionalidad y adanismo habitual. No sería de extrañar pues, que en su empeño por llevarnos al Norte de África (en más de un sentido), se sacaran de la manga un cambio de sistema, de forma que pudieran así seguir en una interminable transición política que ocultase su manifiesta incapacidad y justificase sus poltronas. El problema no es el Sistema, el problema son ellos y urge una regeneración cuanto antes, si no será imposible encontrar un encaje internacional adecuado a nuestras necesidades económicas.

*Luis Riestra Delgado es economista.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
33 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

ÚLTIMOS VÍDEOS

La Gran Vía de Madrid: cerrado por Navidad
Ivy Queen - Yo Quiero Bailar ORIGINAL [!!!]
Jesse & Joy - "No Soy Una de Esas" ft. Alejandro Sanz (Video Oficial)

ºC

ºC