Ocho mitos sobre la subida del precio de la luz

“A las eléctricas no les interesa que suban los precios”, “la culpa de la subida la tienen las renovables”, los juicios apresurados sobre el sector eléctrico español proliferan como setas

Foto: Torre de tendido eléctrico. (Reuters)
Torre de tendido eléctrico. (Reuters)

Mientras el precio de la luz se dispara, proliferan como setas los juicios apresurados sobre el sector eléctrico español. Repasemos ocho de los menos afortunados.

1. “A las eléctricas no les interesa que suban los precios”. Esta idea la formuló esta misma semana el presidente de la patronal eléctrica, Unesa. Venía a decir que las eléctricas ganan dinero cuando se incrementa el consumo de electricidad, pero no cuando se incrementa su precio. Picado por la curiosidad (a fin de cuentas, en las facultades de economía se estudia que los beneficios dependen tanto de los precios como de las cantidades), he consultado los resultados de las compañías en los dos últimos inviernos. El primer trimestre de 2015 tuvo condiciones parecidas a las actuales (baja hidraulicidad y frío, con precios altos, de media 45,8 euros/MWh). Los beneficios en generación de Endesa e Iberdrola fueron 452 y 432,4 millones de euros respectivamente. Un año después, en el primer trimestre de 2016, las condiciones fueron las opuestas: mucha hidraulicidad y poco frío. El precio se hundió, hasta los 30 euros de media. Y también los beneficios de las empresas, hasta 296 y 240 millones de euros. Bingo.

2. “El problema del mercado eléctrico es que es un mercado marginalista”. Este argumento se ha convertido en un tótem para algunos, una especie de 'Novecento eléctrico'. El argumento dice: todas las centrales eléctricas reciben el mismo precio, el coste de producción de la central más cara —normalmente, las centrales de gas—. Esto implica que las centrales que tienen un coste menor, como las nucleares y las hidráulicas, reciben un beneficio indebido. ¿Un atraco, cierto? Hace unos días, utilicé el ejemplo de los plátanos para intentar aclarar esta confusión: cuando compramos cinco plátanos, pagamos por todos ellos el mismo precio, el coste del más caro. Completaré ahora esta analogía: el coste de producción de los plátanos tampoco es único. Algunos se caen solos de las plataneras (y son fáciles de recolectar) mientras que otros requieren más esfuerzo. Algunas plataneras están al borde de la carretera, y otras son de difícil acceso. Es siempre el plátano más caro el que determina el precio.

Puede parecer contraintuitivo, pero así es como funcionan todos los mercados (insisto, no solo el eléctrico, y desde luego no solo el mercado eléctrico español). Puede que algunos descubrieran el marginalismo con el mercado eléctrico, pero lo cierto es que peina canas: al menos, desde que un economista francés, León Walras, lo formulase en la segunda mitad del siglo XIX. La alternativa (que cada tecnología se retribuya en función de sus costes medios) es bastante peor, y por eso no se utiliza en ningún mercado regulado: la única manera de implementarla es preguntar a las compañías por sus costes medios. Una fórmula asegurada para el fracaso.

3. “Debemos construir más energía nuclear, que es la más barata”. Este es el tótem opuesto al anterior. Algunos autodenominados 'liberales' lo repiten como si se tratase de una promesa que le hubiesen hecho a Friedrich Hayek en su lecho de muerte. Reconozco que la energía nuclear me produce, junto con una grave preocupación por su impacto medioambiental y la gestión de los residuos, que está por resolver, una cierta fascinación intelectual (del Proyecto Manhattan al “Atoms for Peace”, de Eisenhower), pero hay que tener bastante descaro para decir que la energía nuclear en España es barata. El coste de inversión (el coste histórico) de las centrales que operan en nuestro país se encuentra en los centenares de euro por MWh, algo menos que los paneles solares que se instalaron durante el 'boom', pero desde luego bastante más que el coste de los molinos de viento, y también que el coste actual de la energía solar.

4. “Hay que auditar los costes del sector”. Este es el mantra adoptado por la nueva política. Reconozco que no sé muy bien qué significa. Desconozco si se pretende contratar a una 'big four' para realizar esta auditoría, enviar a los funcionarios del Ministerio de Energía a hacerlo, o bien que sus señorías auditen directamente las cuentas del sector en sede parlamentaria. Pero anticipo lo que van a encontrar: nada. Es decir, nada salvo que durante muchos años la factura eléctrica se ha utilizado para un roto y para un descosido, como una especie de caja B de los Presupuestos del Estado que servía para apoyar la industria vasca, las comarcas mineras, el desarrollo agrícola, Teruel y Canarias.

Ha habido fallos en la regulación, sin duda. Y también un sistema institucional francamente mejorable, una comisión de Energía sin funciones, con magníficos técnicos y algunos malos políticos (que además se creen técnicos), y una Secretaría de Estado con demasiadas funciones, y excelentes pero limitados recursos. Y también unas compañías eléctricas que nunca han interiorizado que dejaron de ser el sector autorregulado que gozosamente fueron durante el régimen franquista, cuando los borradores de órdenes ministeriales empezaban en Unesa y terminaban en Cuzco, o al revés. Pero, insisto, si alguien está pensando que la auditoría va a encontrar una partida de miles de millones mal contabilizada, que alguien se olvidó de reclamar, mejor que vaya pensando en el siguiente paso, cuando la auditoría energética se revele como un ejercicio tan ruidoso como inútil.

Ocho mitos sobre la subida del precio de la luz

5. “La culpa de la subida de la luz la tienen las renovables”. En el péndulo de los mitos, volvemos ahora al margen derecho del Nervión. La culpa de que suba la luz, se dice, la tienen las renovables. Es cierto que el sobrecoste de las renovables representa una parte importante de la factura eléctrica, alrededor de un 20%. Como también lo es que este coste ha descendido en los últimos años, ya que desde 2012 apenas se ha instalado un solo MW de nueva potencia renovable en nuestro país. Si en 2013 las primas al régimen especial superaron los 9.000 millones de euros, el año pasado se situaron en alrededor de 6.500. Un mal candidato para colgar el mochuelo.

6. “La factura va a subir unos 100 euros”. Este ha sido uno de los comentarios más enigmáticos de las últimas semanas. Nadie sabe muy bien qué pretendía decir el ministro. Se supone que tranquilizar sobre lo moderado del incremento de la luz. Para ello, trasladó a todo el año el incremento de los pasados días. En lugar de tranquilizar, hizo lo contrario. Pero es que además el ejercicio estaba mal hecho: desde hace años, el precio eléctrico es mayor durante los meses de invierno, especialmente cuando coinciden una baja hidraulicidad con una ola de frío. La razón es muy sencilla: al aumentar la demanda de gas para calefacción, se incrementa su precio. Si no hay reservas hidráulicas suficientes, el incremento del precio del gas se traslada al mercado eléctrico. Pasó algo parecido a finales de 2013 y también en 2011. Es un incremento estacional, y por tanto no tiene sentido trasladarlo a todo el año. Es como si utilizásemos el precio de las uvas del 31 de diciembre para hace una previsión de su evolución durante el año siguiente.

7. “Hay que interrumpir las exportaciones a Francia”. Aquí es cuando las ocurrencias de tertulia se vuelven peligrosas. Llevamos años reclamando incrementar nuestras interconexiones con Francia, idea que nunca ha entusiasmado a los franceses, debido a que la mayor parte de sus beneficios caen a nuestro lado de la frontera. Con mucho esfuerzo, hemos logrado que las instituciones europeas asuman nuestras demandas. Justo ahora, los franceses están viendo las ventajas de la interconexión (que, como toda interconexión, es de dos sentidos) para cubrir su propia ola de frío y la parada de un número sin precedentes de reactores nucleares durante el año pasado (alrededor de 22 sobre un total de 58). El Reino Unido también ha exportado electricidad a Francia en los pasados meses, lo no había ocurrido en el último lustro. Si para sortear una tormenta mediática interna alguien decidiera interrumpir las exportaciones de electricidad a Francia, pondríamos en riesgo los tímidos pero firmes avances logrados durante los últimos 20 años (y seguramente, lo sentiríamos durante los siguientes 20).

8. “El Gobierno no puede hacer nada. Solo cabe esperar que llueva y sople el viento”. En efecto, el Gobierno no puede bajar el precio de la luz por decreto. Mejor dicho, podría hacerlo, pero lo acabaríamos pagando igual. Pero eso no significa que no tenga opciones: es absurdo que la volatilidad del precio mayorista eléctrico la soporten los consumidores, que son los agentes con menos flexibilidad del mercado. Además, hay dos variables clave sobre las que el Gobierno puede actuar: el problema de estos días es de pico en la demanda eléctrica y de transparencia y liquidez en el mercado del gas. Hay que avanzar en los dos sentidos. Para aplanar la demanda eléctrica, las soluciones son bien conocidas: ahorro y eficiencia energética y autoconsumo. El verdadero misterio es por qué estas actuaciones no están entre las prioridades del Gobierno.

*Isidoro Tapia es economista y MBA por Wharton.

Tribuna

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