España, sin margen para el conformismo

La economía española todavía es vulnerable y un eventual escenario de inestabilidad política no le favorecería en nada

Foto: Dionisio Torre, director general de Axesor.
Dionisio Torre, director general de Axesor.

La economía española parece bien encauzada. De momento, nuestra previsión es que el crecimiento del PIB alcance este año el 2,8%. Y tanto el empleo como el consumo privado están yendo mejor de lo esperado, por lo que no es descartable que la mejoría del PIB alcance un ímpetu incluso mayor del anticipado inicialmente. Pero aun así, no hay margen para el conformismo en España. No nos engañemos, la economía española todavía es vulnerable y un eventual escenario de inestabilidad política no favorecería en nada.

Es cierto que sectores como el turismo y la exportación no paran de marcar nuevos récords. Pero los retos de corto y largo plazo son abundantes, y si bien caer en el pesimismo y el alarmismo destructivo no serviría de nada, recrearse en logros conseguidos y acomodarse es igual de peligroso.

La lista de deberes urgentes que todavía están por hacerse es enorme: aumentar la productividad y el potencial de crecimiento; reducir la elevada deuda externa; bajar la tasa de paro; combatir la creciente desigualdad, y consolidar las cuentas públicas, ya que, como se refleja en nuestro último boletín FOCUS de previsiones económicas, no contemplamos que el déficit público de España pueda situarse por debajo del 3% antes del año próximo, con lo que habrá que esperar al menos hasta 2018 para salir del protocolo de déficit excesivo abierto por la UE.

Existen urgencias muy tangibles para el ciudadano, como es mejorar la situación del mercado laboral (nuestra estimación es que la tasa de desempleo se sitúe en el 18%, la última EPA del INE sitúa el número oficial de parados todavía por encima de los 4,2 millones de personas) y otros desafíos a largo plazo que pasan por consolidar el ritmo de crecimiento de la economía y apostar por un modelo económico más resistente a los diversos escenarios de incertidumbre internacional y doméstica que irán surgiendo. Precisamente en este punto hay un tema crucial sobre el que alertamos en nuestro análisis titulado 'La demanda de inversión en las economías desarrolladas': los países desarrollados se enfrentan a un déficit crónico de producción e inversión empresarial.

La economía española necesita que las empresas inviertan a un ritmo notable. Un fuerte volumen de inversión genera empleo, lo que a su vez incita al consumo, que termina demandando un mayor volumen de inversión, en un claro círculo virtuoso para la economía. Sin embargo, para que eso suceda, es preciso que las empresas perciban un escenario de demanda sostenible. En lugar de eso, lo que nos estamos encontrando es una generalización del ahorro precautorio por parte de las empresas. Nuestro análisis pone de manifiesto que la inversión pública ha caído un 60% respecto a los niveles precrisis y la inversión privada ha pasado del 31% al 21% del PIB en 10 años. Mientras la inversión retrocede, la tasa de ahorro mejora y supera ya a la de inversión; es decir, se está generando capacidad de financiación, ya que las empresas ahorran más de lo que gastan.

Mientras la inversión retrocede, la tasa de ahorro mejora y supera ya a la de inversión; es decir, se está generando capacidad de financiación

Hay una parte positiva en toda esta dinámica, porque esta capacidad implica que se pueden aunar crecimientos próximos al 3% con el desapalancamiento de empresas y familias, como así ha venido sucediendo. De hecho, anticipamos que la masa total de crédito continuará retrocediendo en los próximos meses, consolidando la ratio de morosidad con las entidades financieras claramente por debajo del 10%, en los que son los niveles más bajos de los últimos cinco años. Pero al mismo tiempo encontramos una falta clara de demanda de crédito empresarial, que prefiere destinar la caja generada con la progresiva mejora de resultados a otros fines, como amortizar deuda, recomprar acciones o cautivar al accionista vía dividendos, algo en lo que la presión de los fondos que invierten en el capital de las grandes corporaciones y exigen buenos rendimientos también tiene algo que ver.

En todo caso, más allá de diversos factores exógenos, una capacidad de financiación permanente por parte de las empresas puede ser indicativa de la pérdida de confianza del sector corporativo en las posibilidades futuras de la economía. ¿Qué consecuencias acarrea esta dinámica? El riesgo de una caída estructural de la demanda, que derivaría en un descenso del crecimiento potencial con efectos en la tendencia de la productividad y un eventual escenario crónico de bajo crecimiento.

El riesgo de una caída estructural de la demanda derivaría en un descenso del crecimiento potencial con efectos en la tendencia de la productividad

Esta situación se puede evitar, y para lograrlo es preciso acelerar la inversión en I+D, donde España está muy rezagada respecto a las principales economías de la UE, invertir también en formación y capacitación de los trabajadores y en sistemas educativos y de formación ocupacional eficaces. Por otra parte, hay otros factores que pueden ayudar a la economía española, como el euro, que se mantiene a niveles muy competitivos, máxime cuando en EEUU se ha iniciado ya el camino hacia una política monetaria más restrictiva, mientras que en la eurozona países como España seguirán beneficiándose de un entorno de tipos de interés muy benignos. La economía ha cogido una velocidad que no solo se confirma con el turismo y las exportaciones, también sectores como construcción o industria están emitiendo señales positivas.

Es el momento de aprovechar esta inercia positiva y no desperdiciarla. Se debe progresar en las reformas económicas internas de manera constructiva, esa es la única manera de compensar el incremento del riesgo político y la incertidumbre que, lejos de remitir, continúan acumulándose. Bruselas acaba de dar un tirón de orejas a España, exigiéndole que luche de forma más resolutiva contra la lacra de la corrupción y que revise “en profundidad” el gasto público, para emplear el dinero de manera “más eficiente”. Podemos y debemos alegrarnos por los buenos números generales de la economía, pero está claro que no hay margen para la complacencia.

*Dionisio Torre, director general de Axesor.

Tribuna

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