El valor de lo intangible: ¿por qué pagar 1.695€ por una bolsa de Ikea?

¿No es más disparatado ignorar el 80% de los activos que contribuirán al valor de un negocio?

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A la hora de valorar un negocio, bien podríamos aplicar la máxima de Saint-Exupéry: “lo esencial es invisible a los ojos”. Tanto más, si tenemos en cuenta que el valor creado en una compañía se estima que proviene en un 80% de activos de naturaleza intangible. Recientemente, la firma de lujo Balenciaga se convertía en objeto de críticas por el lanzamiento de un bolso inspirado en las bolsas de Ikea. La polémica, al margen de la posible imitación, se veía agravada por el precio del modelo: 1.695 euros, frente a los 0,50 euros de la bolsa original.

Aunque la referencia tal vez sea algo extrema, pone de manifiesto el cambio de paradigma en el que el consumidor ya no demanda un producto, sino una historia, un estatus o una experiencia que lo defina y lo diferencie.

La cuestión es que, en un mundo globalizado donde la calidad y los costes del producto son similares, solo cabe la diferenciación a través del valor, credibilidad y singularidad que aportan los intangibles de la empresa según afirma Tom Peters.

En mercados complejos y saturados, la existencia de marcas fuertes juega un papel fundamental en la elección del consumidor, mediante la introducción de atributos funcionales y emocionales que transfieren los valores asociados con la marca.

Según el último informe de la Fundación Cotec, el PIB de España se elevaría en aproximadamente un 3,5% si en su contabilidad se incorporase la inversión en activos intangibles, no recogidos en el modelo convencional. Puesta en perspectiva, esta cifra no debería llamarnos la atención, teniendo en cuenta que el valor de la marca Apple en 2016 –154.100 millones de dólares (Forbes)– suponía 2,73 veces el PIB de Uruguay (FMI).

Los datos son una confirmación de que en el nuevo modelo de economía del conocimiento la inversión en tecnología, investigación y desarrollo, recursos humanos y publicidad resulta esencial para fortalecer la posición competitiva de la empresa y garantizar su viabilidad futura.

La falta de identificación de estos intangibles implica serios riesgos, puesto que genera ineficiencias en la asignación de recursos hacia aquellos factores determinantes en la creación de valor. Al tiempo, induce a los proveedores de financiación a ignorar garantías fundamentales para el reembolso de la deuda.

En un mundo globalizado donde la calidad y los costes del producto son similares, solo cabe la diferenciación a través de los intangibles

En este sentido, la valoración del intangible resulta primordial a la hora de definir una estrategia correcta que permita identificar, evaluar y gestionar los inductores de valor clave de la compañía y dotarlos de los recursos necesarios para su fortalecimiento. La inversión en estos activos debe tener la misma consideración que la realizada en maquinaria o bienes de equipo e instalaciones, asumiendo la complejidad de la cuantificación del retorno.

Entender y medir correctamente estos factores exige un trabajo interdisciplinar que combine las habilidades de las áreas de marketing y finanzas, junto a la intervención de un experto valorador externo como Gesvalt, que dote al proceso de independencia, objetividad y rigor necesarios para su éxito.

Tal vez le parezca un disparate pagar 1.650 € por una bolsa de Ikea pero ¿no es más disparatado ignorar el 80% de los activos que contribuirán al valor de un negocio?

* Roberto Guiñales es Intangible and Business Manager en Gesvalt.

Tribuna

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