Valor Añadido - S. McCoy

Valor Añadido

S. McCoy

03/09/2012

29 de agosto, el día que Catalunya marcó el camino a España

Muy interesante el debate que ha presidido El Confidencial a lo largo del fin de semana entre nuestro colaborador y gestor hedge Daniel Lacalle y el economista Xavier Sala i Martín, al calor de la solicitud de rescate al estado por parte de Catalunya y la rebaja del rating de esta comunidad autónoma a correo basura. Como eje central de la conversación, la posibilidad de que la región se financiera más barata si disfrutara de su independencia. No hace falta que les anticipe quién defiende qué.

Sin embargo, es curioso como las ramas de los sucesivos acontecimientos impiden ver el preocupante bosque que nos rodea. En cierto modo, y desgraciadamente, la decisión acordada por Artur Mas el pasado 29 de agosto a instancias de su ilustre Conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, marca el camino a una España que se encuentra caminando en los últimos meses sobre la cuerda floja de su viabilidad financiera. Mientras, la fiera del rescate espera con las fauces abiertas, en el fondo del amenazante abismo económico, cualquier desliz adicional en esa ‘realidad’ que ha impedido a Mariano Rajoy cumplir con su programa, según declaró ayer a ABC. Manda huevos.

Nuestro país transita al límite y sin red, dándose la paradoja de que solo si finalmente cae y acepta condiciones que restrinjan aún más su soberanía, ésta aparecerá por arte de birlibirloque en forma de compra de bonos del BCE o inyecciones de los fondos comunitarios. Vive una situación precaria que no está muy alejada de la de sus autonomías. Solo que éstas saben, y así lo están demostrando, que sí cuentan con el apoyo del estado central, por más que quieran vestir el discurso de la solicitud de ayuda de excusas vanas y reivindicaciones variopintas.

La similitud es evidente: no hay dinero. Por dos motivos: porque no se genera internamente, al menos en la cuantía suficiente como para hacer frente a los gastos corrientes y al pago de principal e intereses de la deuda, que cuentan con prelación frente a aquellos, y porque esta situación conduce, precisamente, a que no nos quieran prestar más, al menos a un coste razonable. El fruto de esa incapacidad interna y esa negativa externa es un estrangulamiento de las finanzas públicas que termina por obligar a claudicar al emisor en cuestión. ¿Es extrapolable? Evidente que sí.

Los últimos datos de ejecución presupuestaria ponen de manifiesto que el conjunto de España se enfrenta a una disyuntiva similar, si nos atenemos a las cifras de déficit acumulado en lo que va de año y al diferencial que refleja la prima de riesgo que, incorporado al coste de las nuevas emisiones al mercado, elevan significativamente el importe de los costes financieros de la Administración. En la medida, además, en que en el horizonte se atisba un entorno cuasi-depresivo, menores ingresos, no se reduce la estructura administrativa en la medida suficiente, sostenimiento del gasto, y el endeudamiento crece sobre el PIB, un trágico final similar al que se está viviendo internamente con algunas regiones parece inevitable.

Se trata de un círculo difícil de romper como ha probado la propia Catalunya a la que de poco ha servido adoptar unos planes de austeridad que convierten los conatos de ajuste de Mariano Rajoy, más allá del mantenimiento de los instrumentos de ‘propaganda’ institucional, en un juego de niños (V.A., El inesperado aliado que dará a Rajoy la mayoría absoluta, 17-10-2011). Solo cabe, como hemos reivindicado desde estas mismas líneas, la adopción de un plan de ruta global y realista, lo suficientemente amplio como para involucrar a toda la sociedad – justo lo contrario de lo que ha ocurrido hasta ahora- y con la profundidad necesaria para que, esta vez sí, después de su aplicación a España no la conozca ni la madre que la parió.

Es lo que los ciudadanos pidieron a Rajoy el día que le regalaron con su voto una mayoría suficiente como para ejercer el poder sin trabas: un cambio sustancial de modelo de estado y de gobierno que reconciliara la política con sus fines, al ciudadano con sus representantes. Si ha habido una traición, no es de forma, de incumplimiento programático, sino de fondo, de falta de carácter suficiente y decisión firme para acometer el gran reto que se le había encomendado. Y no hay ‘realidad’ suficiente que justifique tal dejación.

Buena semana a todos.

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Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.

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