Andan regular las cosas por la India, una de las economías más damnificadas por la fuga de capitales que se ha producido en los países emergentes apenas la Reserva Federal ha anticipado que puede levantar el pie del acelerador de su expansión monetaria (V.A., "Son cuatro los miedos que atenazan a las bolsas", 22-08-2013).

Los tipos indios de interés a diez años se han aproximado peligrosamente al 10%, mientras que su divisa acumula mínimos consecutivos pese a la intervención del banco central (The Economist, "India in trouble: the reckoning", 24-08-2013). Estos movimientos coinciden con un paulatino deterioro de sus variables macro del que hemos advertido en sucesivas ocasiones en Valor Añadido, la última el pasado mes de mayo (V.A., "El futuro se complica: India huele a bono basura", 24-05-2013).

Sin embargo, lo que preocupa a esa parte sustancial de la población local que transita por debajo del umbral de la pobreza, o cerca de él, no es ni la depreciación de la rupia ni el encarecimiento de una financiación ajena a su vida corriente, sino la subida vertical en el precio de la cebolla, elemento fundamental en la dieta de las clases más desfavorecidas del vasto estado asiático. Es este bulbo el que puede desequilibrar el país y no lo que sucede en sus mercados financieros.

Como lo oyen.

Ha sido la BBC la que ha insistido con tal tenacidad en el tema que algunos de los más relevantes blogs económicos de Estados Unidos han terminado por hacerse eco de tan curiosa amenaza. Y es que en el último mes el coste de esta materia prima agrícola se ha multiplicado por cinco, desde las 20 rupias el kilo a cerca de las 100. Un cambio inasumible para un subcontinente que consume 15 millones de toneladas al año, cantidad equivalente a la producción nacional anual. Los asaltos a almacenes y medios de transporte no se han hecho esperar (New York Times, "Rising Onion Prices Tempt Highway Robbers in India", 21-08-2013). Las autoridades tiemblan, enseguida verán por qué.

La causa de este fenómeno inflacionario hay que buscarlo en razones básicas de oferta y demanda.

  1. La primera se ha reducido drásticamente en 2013 debido a fenómenos climáticos extremos de sequía y lluvias torrenciales que han arruinado dos cosechas consecutivas. Sólo queda inventario para cubrir cinco meses de aprovisionamiento en un momento, ahora sí, en el que la caída del valor de la moneda encarece sustancialmente las importaciones.
  2. Por el contrario, el arraigo del bulbo en la cocina hindú se mantiene hasta el punto de que, si nos atenemos a lo publicado por la cadena estatal británica, los ciudadanos indios rechazan el uso de cualquier otro complemento alimenticio para sus platos principales. Cruda o como parte de los tradicionales curris, la cebolla es la reina de la mesa en los hogares del país. 

No han tardado en surgir estraperlistas y especuladores que buscan hacer su particular agosto acaparando stocks

La geopolítica de la cebolla no es ni mucho menos baladí en la tercera economía de Asia. De ella depende la estabilidad social, y por ende, política, de la nación. Algo similar a lo que sucede con el cerdo en China (V.A., "Ni el agua, ni el oro, ni el petróleo: es el cerdo, ¡estúpidos!", 10-07-2013). 

De hecho, con la que está cayendo, la evolución de su precio, la aprobación de posibles subsidios para los más desfavorecidos o la prohibición de sus exportaciones -medidas similares a las que aliviaron una coyuntura parecida en 2010- han sido eje del debate entre parlamentarios en las últimas semanas. No en vano, una escalada en su coste similar a la actual fue determinante para un cambio de gobierno en Delhi allá en 1998 coincidiendo, precisamente, con la anterior crisis asiática.

Con elecciones generales y regionales a la vista en 2014, nunca algo tan nimio pudo condicionar tanto el futuro de más de 1.000 millones de personas.

Tanto Harvard y tanto Wharton para esto...