Todo lo que rodea la reordenación bancaria en España es de un chusco que mata. Falta transparencia, abundan las componendas bajo cuerda, se multiplican los intentos fallidos y la desesperada necesidad de buenas noticias, en forma de inversión extranjera, lleva a situaciones surrealistas. Falta profesionalidad y, paradójicamente, sobra precipitación. Y eso que no dice mucho a favor de nuestros gobernantes el que el melón de la reforma financiera siga abierto en canal año y medio más tarde de la llegada al poder del PP, con los activos diferidos, las refinanciaciones, las cláusulas suelo y los tipos hipotecarios de las cajas aún encima de la mesa, entre otras cuestiones.

La anormalidad parece ser la norma. Desgraciadamente. Ya sucedió con la puja por el Banco Gallego que, inexplicablemente para todos los actores de la subasta y pese al preanuncio privado de la adjudicación a otro competidor extranjero, terminó en manos del Sabadell, sólo porque no se podía justificar el conceder las ayudas a la compra a alguien de fuera de nuestras fronteras. 700 kilitos del ala para los nacionales, la subvención para quien se la trabaja. El día que se publiquen las actas notariales, que las hay, del proceso, a alguien dentro del FROB le van a sacar los colores de su pétrea cara. De ser posible, que lo dudo. Total, una oportunidad perdida de hacer las cosas bien. As usual.

En el caso de EVO Bank no se contempla apoyo público al comprador para la marca de Novacaixagalicia, lo que ha provocado que el Fondo de Restructuración se sienta libre como el viento para lanzarse a la desesperada en busca de algún inversor foráneo, al menos uno, que compre un activo en España. Para ello no ha dudado en filtrar el pasado lunes a Financial Times el potencial interés de Centerbridge y Anacap por hacerse con la parte del balance de NCG correspondiente a esta suerte de filial. El tercero en discordia, desvelado por Carlos Hernanz el miércoles, sería Apollo Group. Meigas que se quieran meter en este jardín, haberlas, haylas, cierto es. Otra cosa es que la verja esté abierta.

Porque estamos hablando, de momento, de una transacción fantasma. Entre otras cosas porque EVO Bank, por más que alardee en su denominación de la cualidad de banco, no lo es. Carece de personalidad jurídica propia y, por ende, de ficha bancaria. Resulta cuando menos sorprendente que se inicie un procedimiento de venta sin que exista, al menos desde un punto de vista legal, objeto, elemento esencial para la validez de cualquier contrato. EVO Bank no es banco, sino un conjunto de posiciones de activo y pasivo que tiene preasignados los correspondientes servicios centrales, costes de estructura y similares (80 sucursales y 600 empleados). El miedo cerval a que no hubiera ni una sola oferta está en la raíz de esta construcción de la casa por el tejado. Así me gusta, confianza en el producto. Lo que hay que ver...

EVO Bank, además, es una anomalía dentro del sistema financiero español al contar con una ratio de créditos frente a depósitos de apenas el 35%. 700 millones de euros de financiación contra 1.600 de pasivo minorista. Un gap de 900 millones que, sorprendentemente, no resulta atractivo a unos bancos nacionales necesitados en mejorar ese coeficiente. ¿Por qué será? Misterio por resolver que debería invitar a la reflexión, al menos por lo que a los potenciales adquirentes de menor tamaño se refiere. Importa el volumen, pero aún más el perfil de cliente, pasta a la fuga en cuanto cambien las condiciones de remuneración. Más aún, ¿a qué viene quitar ese 'caramelito ex ante a los posibles adquirentes de NCG?, ¿se trata de respetar mandatos a bancos de inversión o de defender el interés común? No sólo eso, mientras el FROB ‘abre el grifo del crédito’, permite que dicho agujero siga aumentando gracias a una campaña masiva de publicidad para captar fondos que, al calor de lo anterior, oculta que el verdadero destino del dinero es una entidad nacionalizada que ha requerido 9.000 millones de ayudas. Cuando menos, curioso.

Es precisamente esa estructura de balance, verdad, lo que convierte a la firma de origen gallego en una golosina para fondos de capital riesgo como los anteriormente comentados, ya que les serviría, primero, para lograr recursos para desarrollar una estrategia de buy and build de carteras en España sobre la base no del negocio bancario convencional, sino de financiación al consumo, activos distressed o similares y, después, para obtener recursos a buen precio del Banco Central Europeo con los que abaratar su coste de capital e incrementar su rentabilidad, único objetivo que persiguen. Después de varios intentos frustrados, para un Apollo que acaba de cerrar la compra de una financiera de una firma histórica en España, sería una plataforma de partida idónea para el posicionamiento en nuestro país.

Dicho esto, y como señalábamos al principio, el proceso en su conjunto es un desastre. Tanto más en cuanto el propio FROB parece contentarse con las migajas a la hora de atraer capital extranjero. El deseo de las grandes entidades nacionales por proteger su chiringuito en nuestro territorio, ese extraño nacionalismo financiero a la hora de adjudicar ayudas, una estrategia de comunicación reactiva y no proactiva que ha tendido a ir por detrás de los acontecimientos y una severa falta de consistencia en el mensaje han impedido que auténticas fortunas internacionales que podían haber entrado en operaciones de envergadura y propiciado nuevas vías de concentración e innovación aterrizaran en España. Una pena.

La operación Evo se cerrará. Más cuando el propio FROB con sus filtraciones y De Guindos con sus declaraciones así lo han anticipado. No se pueden permitir más errores. Bastante tienen con zombis como BMN o Liberbank, con la que está por venir a las cajas que han quedado independientes o con los riesgos estructurales de algunos de los bancos teóricamente líderes. No me negarán, sin embargo, que todo es una suerte de disparate cuya factura alcanza ya los 66.000 millones de euros, 11 billones de las antiguas pesetas. Hay veces en que ni la pólvora del rey, que pagamos usted y yo con nuestros impuestos, sirve para arreglar desaguisados. Y es que de donde no hay…