S. McCoy
En los círculos académicos y financieros ha circulado como la pólvora en los últimos días el último informe publicado por el McKinsey Global Institute bajo el extenso titular Debt and deleveraging: The global credit bubble and its economic consequences o, lo que es lo mismo, “Deuda y desapalancamiento: La burbuja global de crédito y sus consecuencias económicas”. En él, el brazo investigador de la consultora realiza un análisis retrospectivo de 45 episodios acaecidos desde 1930 en los que los diez países desarrollados y cuatro emergentes objeto de su estudio han tenido que reducir su deuda global, pública y privada, en términos de PIB. Fruto de tal investigación es la identificación de hasta cuatro arquetipos de proceso distintos, por una parte, y de las consecuencias económicas que se derivan de los mismos, por otra. Las conclusiones son a junio de 2009 y, como viene siendo una triste tradición, sitúa a nuestro país en el lado de las naciones que más sacrificios tendrá que asumir para superar la actual coyuntura. Menuda novedad.
Por partes. Quizá lo más adecuado para una lectura rápida sea acudir al resumen ejecutivo que se recoge en las páginas 9 a 15 del documento o acudir al buen compendio que ha realizado el siempre interesante Zero Hedge. Básicamente lo que viene a decir es: estamos en los inicios de un camino que siempre ha sido doloroso, que se ha prolongado de media entre seis y siete años en su versión más corriente, que ha concluido con contracciones medias equivalentes a una cuarta parte del endeudamiento total existente en el sistema y que siempre ha supuesto un lastre para el crecimiento económico del territorio afectado durante el periodo de tiempo en el que se materializa. Antes de entrar en lo que nos deparará el futuro, sólo una consideración sobre la gestación de la crisis: España fue el país en el que más creció el crédito en el periodo 2000-2008, un 7.4% por ejercicio. De esos barros vienen estos lodos.
A partir de ahí, nos detendremos en cada uno de los aspectos antes comentados. La sustitución de deuda pública por privada ha impedido que se inicie de forma significativa el desapalancamiento del sistema. La contracción de la segunda se ha derivado fundamentalmente del ajuste que se ha producido en el sector financiero, consecuencia de la mejora de los ratios de capital, de modo tal que la proporción de financiación ajena se ha situado, con carácter general, por debajo de la media 1993-2007 para estos agentes económicos. Eso sí, España es, junto a Canadá, el único país que se encuentra un 10% por encima de dicho promedio, lo que aventura un seguro reforzamiento de los niveles de solvencia de la banca y un mantenimiento de la prevención en la concesión de créditos por parte de la misma.
De hecho, en el agregado de particulares, empresas, inmobiliario, gobiernos e instituciones financieras, nuestro país es el único que necesita reducir deuda en cuatro de cinco categorías, siendo previsiblemente la nación en la que el ajuste va a ser más intenso y duradero. La carta de colores a través de la cual McKinsey expone tal panorama, ver la página 12 del documento, no admite dudas. La adecuación se puede producir por cuatro vías que no tienen por qué ser excluyentes. Intuitivamente se puede percibir, por el contrario, que la simultaneidad de algunas de ellas parece inevitable. Así, la Historia demuestra que, para minorar deuda sobre PIB, se puede recurrir: a la austeridad, mediante el crecimiento del crédito por debajo del PIB hasta que se produce el reequilibrio; a los impagos masivos; a la inflación elevada (que reduce el valor real de lo adeudado) y, por último, a un aumento brutal de la riqueza nacional debido a una circunstancia extraordinaria. En los tres primeros casos la actuación sería sobre el numerador y, en la cuarta, sobre el denominador del cociente.
En la mitad de los casos analizados por los autores del informe, la austeridad fue la vía finalmente elegida. Un proceso que normalmente se inicia a los dos años de iniciada la crisis y que se prolonga, como ya comentamos con anterioridad, entre seis y siete años más con las consecuencias ya citadas. Cabe extraer tres reflexiones de esta parte del informe. Uno, cuanto más tarde en iniciarse el proceso, más tarde se completará. Y aún no ha empezado. Dos, el suelo del PIB se materializa normalmente en los primeros años de reducción del endeudamiento, lo que reforzaría la tesis de los defensores del doble suelo en la economía. Y tres, en las economías más abiertas y especialmente en las exportadoras, la corrección se acelera por el apoyo que la debilidad de la moneda del país que sufre el ajuste ofrece a sus exportaciones y, por ende, a su PIB. Tampoco es el caso de España que carece de la flexibilidad que ofrece una moneda propia y de las ventajas derivadas de una competitividad que es menor que la del resto de los miembros de la UE.
A partir de ahí, McKinsey a vender su libro, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, el informe tiene una enorme trascendencia en el fondo, más allá del sesgo potencial del autor y de las formas. Y es que desde el inicio de la crisis hemos ligado su solución, en primer lugar, a una estabilización en el precio de los activos, fundamentalmente inmobiliarios, que son el componente principal de la riqueza ciudadana en los países desarrollados. Los recientes datos tanto en Estados Unidos como en España aventuran que el proceso está lejos de haber concluido (les recomiendo leer la Lex Column de hoy For sale, for sale, for sale, for sale y ver la correlación que hace entre empleo y vivienda). En segundo lugar, a la eliminación del exceso de apalancamiento del sistema, razón última de la actual coyuntura, que fue causa, entre otros factores, de las fuertes correlaciones a la baja de toda clase de activos que se vivieron en los meses álgidos del descalabro financiero. Como concluye el documento objeto del artículo de hoy, queda mucho por recorrer. Tercero y último, a la mejora en los indicadores de desempleo como clave para mejorar la confianza ciudadana. Aunque es cierto que el ritmo de destrucción de empleo se ha reducido, los datos positivos son aún una excepción. Así, por tanto, es difícil ser optimista. Claro que, ¿a quién le importa?
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
100ANDREUG 21/01/2010 | 22:41
El informe de McKinsey viene a dar la razón a las teorías austriacas: la crisis se debe a una burbuja de crédito creada por una política monetaria excesivamente relajada.
Es una temeridad hacer previsiones y sobro todo a plazos tan grandes. ¿ Quien iba a decir que hace poco más de 14 meses los típos de interés bajaría lo que han bajado ?. Lo de Japón pasó porque los típos de interés excesivamente bajos durante tanto tiempo no pueden hacer otra cosa que eliminar el INTERÉS por el riesgo y en definitiva por la inversión. En occidente esto non van a dejar que ocurra , y las grandes cantidades de papel de curso legal y electrónico saldrán a la luz cuando séa oportuno.Lo que viene no es una espiral deflacionista sino, como decía Warren Buffet, una vorágine inflacionista.
Igual que en un tsunami las aguas del mar primero se retiran de la costa antes de que llegue la gran ola, creo que ahora estamos viendo una deflación porque la gente tiene miedo a gastar y los bancos dedican todo el dinero a tapar agujeros. Pero cuando todo el dinero nuevo que se está creando llegue a la economía... llegará esa gran ola inflacionista.
http://www.aedru.org/VARIOS/CRISIS/Bookmarks----crisi.htm
99julian70 21/01/2010 | 22:20
Desgraciadamente para el pais, todavia queda bastante bajada en el precio de las viviendas para que se estabilice el mercado inmobiliario.
Ésto va a provocar un emprobrecimiento del primer bien de todos los españoles, lo que va a provocar que la confianza siga por los suelo y la tasa de ahorro por las nubes... y el consumo y los ingresos de las empresas por los suelos.
MEJORES DEPOSITOS
98Menipo 21/01/2010 | 21:55
#96 Esa ley existía aunque no era jurídica [sino económica o lógica] y se llamaba evaluación de riesgo. Pero ya sabe por dónde se la pasaron muchos bancos.
Una limitación legal no es posible en un país de libre mercado en el que los agentes económicos gozan de libertad para asumir riesgos. Si alguien pide más de lo que puede pagar lo lógico es que al que se lo pide le diga que no.
Y me dirá Ud. que todo eso estaría muy bien si luego no tuviera que venir papá Estado al rescate de los que no operaron con lógica. Y tendrá toda la razón.
97Antonio77 21/01/2010 | 21:39
Una simple ley que hubiera reguladod un máximo de años de hipoteca y un máximo de endeudamiento en función del sueldo hubiera evitado todo esto, pero claro…. era muy importante legislar para que se casaran los gays cuando ya ni los normales se casan. O que en un tribunal de una oposición, amañada como casi todas, el número de miembros del tribunal fuera paritario, etc.
Políticos y bancos han seguido “el pan para hoy y hambre para mañana” o el “ande yo caliente ríase la gente”
96Antonio77 21/01/2010 | 21:38
Este es un país aborregado, como tantos otros, por lo que la única manera de guiarlo es con las televisiones y los medios. Si las televisiones hubieran emitido un día si y el otro también el documental de como en Japón la burbuja inmobiliaria produjo deflaccíon durante más de 15 años y una crisis de la que aun no se han recuperado, el golpe que nos vamos a llevar seria más suave.
Los culpables muchos:
1º Los políticos todos. Hay televisiones autonómicas que dirigen tanto el PSOE como el PP, pero también los gobiernos nacionalistas y ninguno, absolutamente ninguno, ha intentado frenar la burbuja intentando educar a la audiencia.
2º El banco de España.
3º Los bancos
3º La gente… pues no. Al que corre por una autovia a 170 km se le pone una buena multa. No se les permite fumar en un sitio público o en un restaurante. Las drogas están prohibidas. No se puede no pagar impuestos. No se puede secuestrar a una persona. Pero si se ha permitido secuestrar la vida de una persona con una deuda impagable que le hipoteca su libertad durante el resto de su vida. [continuo]
Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.