UGT, CC.OO.; Cándido Méndez, Ignacio Fernández Toxo, reforma laboral
@S. McCoy - 14/12/2009
No se pueden imaginar Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo las nefastas consecuencias que, para el precario movimiento sindical español, tendrá la manifestación del pasado sábado. Obligados a responder a las críticas de quienes se escandalizaban ante su ensordecedor silencio y necesitados de demostrar su poder de convocatoria como instrumento adicional de negociación, decidieron lanzar sus huestes a la calle con la defensa del empleo como coartada y la justificación de su propia existencia como última motivación. En efecto: cuando uno ha adoptado la reivindicación como mensaje y ha rechazado la participación no lucrativa en la empresa (al contrario de lo que ocurre en la negociación de los -jugosos para sus arcas- EREs) como la vía óptima para la defensa de los intereses de sus representados, necesita que aquella luzca en el escaparate mediático y goce de la repercusión que la mediocridad generalizada y el corriente anacronismo intelectual de sus miembros impide. El tiro les ha salido por la culata.
Si algo ha demostrado la concentración de hace un par de días es que el formato sindicalista español es caduco, rancio, apolillado. Está pasado de fecha y, por tanto, es cuestión de tiempo que acabe en la basura del recuerdo en compañía de otros entes que un día tuvieron una importante presencia pública pero que ahora, de permanecer, lo hacen de modo residual. Hace tiempo que los sindicatos dejaron de actuar en defensa de los trabajadores. Entre otras cosas porque han caído en el pecado colectivo de primar la táctica sobre la estrategia, el rédito a corto plazo frente a la sostenibilidad a largo, la inmanencia de los derechos adquiridos contra la necesaria flexibilidad que imponen los ciclos económicos. Ni siquiera en lo más hondo de la crisis son capaces de tomar un poco de perspectiva. Se han convertido en un lastre para España y, por tanto, habrá que lanzarlos por la borda si queremos que el globo de nuestra macro vuelva a emprender el vuelo.
El mundo es global, no local. Y la defensa de los derechos no puede ir en ningún caso en contra de fuerzas que superan, con mucho, el ámbito geográfico de un país. El empeño por proteger a colectivos profesionales enmarcados en industrias de poco valor añadido, carentes del mínimo imprescindible de competitividad en el ámbito internacional, debería haber sido sustituido hace tiempo por una colaboración necesaria con el empresariado con el fin de elevar los niveles de formación, propugnar la especialización y favorecer así la supervivencia de autónomos y compañías y su fuerza laboral. La constante utilización del peyorativo capital frente al constructivo empleador, es decir: aquél que genera puestos de trabajo, ha derivado en un enfrentamiento constante, lleno de agravios, cuya consecuencia ha sido un sistema improductivo que impide acomodar la estructura de personal a la coyuntura cuando es necesario y que conduce, por la vía de la falta de alternativas y el coste del despido, a que muchas empresas viables hagan del concurso o el cierre su única alternativa posible, ahuyentando al emprendedor.
Los sindicatos tienen, por tanto, una cuota innegable de responsabilidad en la creación de unas condiciones que provocarán que la salida española de la crisis sea más lenta que la de otras naciones de nuestro entorno. Sin embargo, parece que una de las características intrínsecas de su acción es la falta de reflexión y auto crítica. Al menos, así se deduce de su comportamiento presente. En lugar de alinearse con aquellos que tienen en la mano la resurrección del empleo en nuestro país, los han situado en el punto de mira de sus dardos dialécticos; en vez de entender que ser flexible laboralmente no es apelar al número de contrataciones y despidos sino elevar el porcentaje de los que pueden mantener, en iguales o distintas condiciones, su puesto de trabajo en el tiempo, continúan con la demagogia decimonónica del enfrentamiento por un quítame o ponme un 1% o el que viene el despido libre; antes que promover modelos contractuales que vinculen el destino profesional del trabajador al fomento de la iniciativa privada mediante mecanismos de participación en el accionariado o los beneficios, se abrigan al calor de la acción pública de un Gobierno al que el pánico a la conflictividad social empuja a ceder a sus disparatadas propuestas y absurdas pretensiones por la vía de la acción y, ah amigo, de la financiación de su “impagable” tarea.
Les propongo un regalo de Reyes para Cándido y a Toxo. Una calculadora de bolsillo. A ver si entre todos conseguimos que hagan cuentas y vean el valor presente de sus reivindicaciones tanto en términos de los sufridos resultados de las empresas en un entorno de recesión como el actual, como de coste de la Seguridad Social, ahora que aumentan las prestaciones y caen las contribuciones. Una vez conozcan la cifra, reclamémosles que nos digan cuál es el escenario más probable que, para ellos, se inferiría de su materialización a diez años vista. Lo mismo así conseguimos que se apeen de sus atalayas discursivas y empiecen a contribuir de verdad a sacar las castañas del fuego. Si no lo hacen ellos les forzarán sus asociados más antes que después. Hay mucha, demasiada gente en España intentando con sangre, sudor y lágrimas sacar el país adelante. Empresarios que pelean por su porvenir y el de sus trabajadores. Empleados que se alinean con sus directivos para conseguir entre todos un futuro mejor. Les queda muy lejos la reivindicación como discurso y la movilización como acción. Saben que lo importante es que la empresa no cierre y su familia coma. Mientras los sindicatos continúen siendo la élite intocable de la clase obrera y mantengan una retórica obsoleta ajena a la realidad, ratificada el pasado sábado, la brecha entre representantes y representados aumentará. Y sin base social que les justifique, morirán de muerte natural. Parecen empeñados en acelerar lo inevitable al firmar, con actos como éste, una cláusula más de su propia condena. ¿Saben qué? Cuanto antes desaparezcan, mejor. Por el bien de todos. Que tengan una feliz semana, si les dejan.
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Opiniones de los lectores (162)
162.
pithaguru14/12/2009, 21:34 h.
#57 Triple. O.K. estoy contigo.
936.
161.
alberto9714/12/2009, 21:07 h.
La verdad es que si cambiamos la palabra "sindicatos" por "PP" ó "PSOE" el resultado es el mismo.
160.
Dr. Aragonz14/12/2009, 21:01 h.
GOBIERNO DIMISION !!
SINDICATOS SIN SUBVENCION !!
AUTONOMIAS AL PAREDON !!
AYUNTAMIENTOS DESAPARICION !!
DE LAS CUENTAS QUEREMOS EL CONTROL !!
AHHHH, Y UNA NUEVA CONSTITUCION !!
159.
agarcía14/12/2009, 20:58 h.
No McCoy, los sindicatos no firmaron antier su sentencia de muerte. Por razón de que hace tiempo están muertos: algo que vive de corruptelas consentidadas, Forcem, cursos, etc., pero no de las cuotas de sus escasos afiliados y que pierden el culo por estar en los despachos y saraos oficiales serán "sindicatos verticales", si ud. quiere, pero no son sindicatos.
Lo que antier se escenificó fué la presentación pública de su nueva apuesta: apoyo total al modelo peronista del Partido ZetaPero que les garantiza un lugar al sol, todos los días de la semana, como entes y sobre todos como organigrama de liberados y cargos, que ni quieren, ni podrían, volver a ganarse la vida en sus oficios, los que lo tuvieran.
Faltaron los bombos y el día no se prestaba a descamises, pero ahí quedó oficializado el Regimen Peronista Español, que viene funcionando de facto hace 5 años.
Hubo diferencias de lenguaje con los porteños, éstos siempre con el mismo "enemigo": la Oligarquía y el Imperialismo; en Madrid el Empresariado, citado con sordina que aún esperan que firmen una solemne y hueca declaración... Gran Concertación Nacional...o así, a mayor gloria del Amado Lider Provisor.
Peronismo puro.
158.
urbano14/12/2009, 20:56 h.
En la anterior opinión no hice alusión a que hoy todos los comentarios han pasado el filtro del moderador. Y hay algunos con palabras ofensivas.
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