Un Gobierno para el “momento populista”

Si antes del Brexit los dirigentes ya tenían motivos suficientes para no seguir asfixiando al país con su incompetencia, el lunes tienen otros más para llegar a un pacto de gobierno

Foto: El número dos de Podemos, Íñigo Errejón, y la politóloga belga, Chantal Mouffe en la Feria del Libro. (EFE)
El número dos de Podemos, Íñigo Errejón, y la politóloga belga, Chantal Mouffe en la Feria del Libro. (EFE)

Provoca malestar intelectual –por la mediocridad del discurso político- que a lo largo de la campaña electoral ya felizmente concluida, los partidos y sus líderes no hayan planteado la hipótesis del Brexit. Con imprevisión o con ignorancia, ninguno de los contendientes ha avisado de que, quizás, tendríamos que acudir mañana a las urnas azotados por la galerna económica, y, sobre todo política, de la marcha del Reino Unido de la UE.

Ninguno tampoco ha recordado a los electores las consecuencias para grandes empresas españolas instaladas allí (Santander, Telefónica, Iberdrola, Ferrovial…), del impacto sobre el turismo, sobre nuestras importaciones y exportaciones. Y menos aún sobre la significación sentimental e ideológica –también generacional– del abandono británico de la Unión Europea.

La extrema pobreza de la campaña –seguramente porque la apuesta por el 'remain británico' se daba por ganada– queda contrastada con la decisión colectiva de los británicos de abandonar la nave europea.

Es verdad que el Reino Unido se mantenía en un europeísmo anfibio (fuera del euro y al margen del acuerdo de Schengen) y que en febrero de este mismo año, la Comisión Europea acordó con Londres condiciones de permanencia todavía más favorables para el Reino Unido. Aunque se suponía, como lo hicieron los mercados y las bolsas el pasado miércoles, que el Brexit sería derrotado, una mínima prudencia, aconsejaba introducir en el temario de la campaña este asunto, especialmente por lo que implicaba de crecimiento –puede decirse que espectacular– del populismo nacionalista, supremacista y xenófobo de las clases medias bajas, de los jubilados y de los agricultores especialmente de Inglaterra.

El Brexit es puro populismo, pura reacción de desencanto y de frustración, pura erupción de nacionalismo aislacionista y pura xenofobia

Como advirtió Chantal Mouffe –y aquí lo reflejé en el primer 'post' de este blog de campaña– nos estábamos aproximando al “momento populista”. El Brexit es puro populismo, pura reacción de desencanto y de frustración, pura erupción de nacionalismo aislacionista y pura xenofobia, es decir, rechazo -¿odio?- al inmigrante y miedo cerval a perder los modos tradicionales de vida en el mundo occidental amenazados por “el otro” y por causas endógenas a las sociedades europeas, menos dinámicas, demográficamente recesivas y culturalmente perplejas.

Y el populismo es transversal: aunque domina el de derechas en Europa (el listado de partidos ultras en el Viejo Continente resulta escalofriante), no estamos libres del de izquierdas. El ejemplo no es solo el del ya dócil Tsipras en Grecia, sino otro más lacerante y escandaloso: el de Jeremy Corbyn, líder del partido laborista británico, que ha arrastrado los pies durante toda la campaña contribuyendo objetivamente al resultado de la madrugada de ayer.

Si antes del Brexit la clase dirigente ya tenía motivos para no asfixiar al país con su incompetencia, el lunes tiene más todavía para llegar a un pacto amplio

España vota en este “momento populista” y de las urnas va a salir una plural fragmentación del Congreso de los Diputados. Si antes del Brexit la clase dirigente ya tenía motivos suficientes para no seguir asfixiando al país con su incompetencia, el lunes tiene otros más para llegar a un pacto de gobierno lo más amplio posible, en respuesta también a la transversalidad del populismo que se alza como una alternativa demagógica e inútil a la democracia representativa.

Se trataría, no de un Gobierno retraído y defensivo, sino reformador, con ambición de proyección exterior y recuperación de las franjas centrales –sociales y generacionales– de una España que podría, de lo contrario, localizarse en un territorio mucho más comprometido del que se situaba al inicio de la crisis económica. En plena tempestad económica y en el ojo de un huracán ideológico que amenaza con dispersar las referencias más sólidas, necesitamos un Gobierno de amplio espectro, de formación rápida, con un programa reformador que resetee un país al que la crisis económica y la institucional ha dejado colgado de la brocha y con el populismo de peor jaez aporreando el portón de entrada.

Notebook de campaña

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