Viernes, 12 de julio de 2013

Javier Pérez de Albéniz

A QUEMARROPA

Asalto al Congreso: ¡a por los gin-tonics!

31/05/2013 TAGS  >

Congreso de los Diputados

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No puedo imaginarme nada más cool. Más aún que los ya legendarios copazos de última hora en la cafetería del tanatorio. Una copa de balón, una ginebra de importación, la rodaja del cítrico adecuado, el ajustado precio de 3,75 euros… y todo en un ambiente selecto y exclusivo como pocos: el mismísimo Congreso de los Diputados. ¿Que no es un precio real, de mercado? No hay problema: la diferencia con el precio real se cubrirá con fondos públicos.

“Déjenme que beba tranquilo, mientras no ponga en riego a nadie… Los que hemos defendido siempre la libertad y creemos que es buena defendemos también que la gente pueda tomar sus decisiones”. ¿Sabe usted quién es el responsable de esta apología de la autonomía etílica? No, no es Miguel Ángel Rodríguez. Pero casi: fue el expresidente del Gobierno José María Aznar quien pronunció tan bellas palabras, inmediatamente después de recibir la distinción de Bodeguero de Honor de la Academia del Vino de Castilla y León en Valladolid. Déjenle que beba tranquilo, por Dios: mientras bebe, no habla.

Lo que me tiene loco es que en ese supuesto centro de trabajo de élite tengan una cafetería con una carta en la que encontrar no ya pelotazos de albañil, el clásico Sol y Sombra, sino un catálogo de combinados que no desentonaría en el Museo ChicoteNo me sorprende que el Congreso subvencione las copas de los señores diputados. Es uno más de los privilegios de sus señorías que poco a poco vamos descubriendo, esas pequeñas miserias con que pretenden diferenciarse del resto de mortales: planes de pensiones, iPad y iPhone gratis, dietas y gastos de representación, gastos de transporte, taxis y alojamientos, sueldos por encima de la media, la posibilidad de compatibilizar varios sueldos públicos... Lo que me preocupa no es eso, insisto. Lo que me tiene loco es que en ese supuesto centro de trabajo de élite tengan una cafetería con una carta en la que encontrar no ya pelotazos de albañil, el clásico Sol y Sombra, sino un catálogo de combinados que no desentonaría en el Museo Chicote. Y todo a precios de saldo: un Bloody Mary por 3,45 euros, un Dry Martini Importación a 3,10 euros, un licor Drambuie a 6,20 euros, un Ron Habana Club 7 años a 5,65 euros, una copa de cava brut a precio de caña de cerveza, 1,70 euros…

Un abrevadero de lujo que, en caso de abrir sus puertas al público con semejante relación calidad-precio, sin duda sufriría la invasión de los ciudadanos. Ríanse de las convocatorias de asedio al Congreso del pasado 25-A. Con los cubatas a menos de cuatro euros, ni todo el cuerpo de antidisturbios, armado hasta los dientes, podría frenar el asalto de hordas de sedientos españoles que, encabezados por Pedro J. Ramírez, el rey del gin-tonic premium, elegiría a partir de entonces tan representativo local para saciar su sed, y hasta para celebrar bodas, bautizos y comuniones.

Resulta poco menos que inconcebible que en el Congreso sirvan alcohol. Recuerdo cuando lo suprimieron de la cafetería de El País, hace más de veinte años. Se acabaron los tercios de Mahou amontonados en la mesas. Las botellas de whisky agazapadas en las cajoneras pasaron a ser material clandestino. Entonces, la bebida formaba parte más que del periodismo, de su leyenda. “Combinada con las luces tenues, el alcohol y la nicotina, se convertía en una especie de afrodisiaco aéreo”, escribió Gay Talese. Pero lo cierto es que jamás se ha podido demostrar la relación entre creatividad y alcohol, salvo como excusa para empinar el codo. “Beber quizá no te ayude a escribir mejor”, reconoció el propio Talese. Y si no ayuda a escribir mejor, ¿será capaz de inspirar a los señores diputados en sus decisiones políticas y legislativas?

"I have taken more good from alcohol than alcohol has taken from me", dijo un Winston Churchill que, a partir del desayuno, bebía whisky disuelto en agua. "El enjuague bucal", decía, convencido de que le ayudaba a acelerar el intelecto y a tomar las mejores decisiones. En una ocasión la socialista Bessie Bradock le acusó en público de estar borracho, a lo que Churchill respondió: "Bessie, eres horrible, y yo voy a estar sobrio por la mañana".

Pero me temo que las cosas han cambiado mucho en política desde los tiempos de Sir Winston Churchill. 

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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10msc100 31/05/2013 | 18:34

La mitad de los que firmaron la Constitución eran de origen marxista y aun algunos lo siguen siendo. Por ello, como todo el mundo sabe, no son partidarios ni de la democracia ni de la Monarquía. Lo suyo es la dictadura del proletariado régimen mas fracasado y con mas asesinatos que el nazismo. Aceptaron la democracia como recurso para emerger ante la sociedad, pero la han ido aplicando con permanente deslealtad. La separación entre la "clase política" y la ciudadanía es un efecto subterráneo buscado para desnaturalizar la Constitución y pedir su reforma previo pacto émulo del autoritarismo, para que la gente no lo note. Mientras la demagogia de ridiculizar a los políticos la practican los medios creyendo que la acción de Gobierno tiene por objeto facilitarles titulares morbosos.

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9Boswell 31/05/2013 | 17:59

#8 Ja, ja, muy bueno, OLIC, su mención al articulista.

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8Olic 31/05/2013 | 17:44

#5 Me ha quitado el comentario de los dedos.

La anécdota de Churchill sucedió tal y como la cuenta Vd.

Y al hilo de la misma se puede comentar que a las pocas horas Aznar y Rodríguez ya estaban en perfectas condiciones, mientras que el autor de la columna sigue siendo un pésimo articulista.



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7alexvalmenor 31/05/2013 | 12:42

Los actuales dirigentes están siendo incapaces de comprender la necesidad de una regeneración de la política
http://blogs.periodistadigital.com/creyentes-y-responsables.php/2013/05/28/p335025#more335025

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6Confi-sil 31/05/2013 | 12:20

#4 Pues mire, la subvención de la cafetería no será todo el problema que tenemos con los diputados, pero ayuda bastante, y precisamnete es un indicador muy claro de la poca vergüenza que tienen en aceptarlo como si fuera lo más normal del mundo. No deja de ser un insulto y una bofetada al ciudadano que ve mermada su calidad de vida por los recortes en sanidad, en educación, y que le hacen meter la mano en el bolsillo para todo, al parado que necesita como el agua de mayo un subsidio para poder tirar, al empresario que no le llega para pagar las cuotas a la administración...y tantos ejemplos que reprochar a unos inpresentables que exhiben este servicio "de lujo" sin el menor pudor. Ya tenemos que aguantar su incompetencia habitual, para encima conocer de primera mano que pueden enborracharse a nuestra costa. Ya es el colmo de la desfachatez.

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Javier Pérez de Albéniz nació en Madrid el año en que murió Eddie Cochran. Consciente a muy temprana edad de que jamás escribiría una línea digna de ser recordada, se dedicó al periodismo. Ha trabajado en periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión de diferentes pelajes. Desde El País a El Mundo pasando por TVE, Telemadrid o RNE. En casi todos estos medios procuró aprender algo, pero no está seguro de haberlo conseguido. En este blog, con nombre de película de John Boorman y canción de Springsteen, hablará de las cosas importantes de la vida: los trazos, los detalles, las situaciones, los personajes, los lances, los callejones, las canciones, las miajas…

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