Este fin de semana comenzó una campaña electoral en Galicia y el País Vasco que sólo importa a los candidatos en su insustancial juego de las diferencias, mientras un periódico extranjero dice que España está en una “espiral de muerte” y en la cabina del piloto ya han sonado todas las alarmas: empobrecimiento de los españoles, crisis institucional, órdago separatista, desafección política, malestar social, pérdida de soberanía…
¿Elecciones para qué? Es lo que se pregunta una ciudadanía escarmentada de los incumplimientos de programa, a su izquierda y a su derecha, y cada vez más dolida con una clase política a la que no mira como la barca salvadora en medio de la tempestad. Véase el número de asistentes a los mítines y compárese con el número de asistentes a las manifestaciones convocadas ayer en cincuenta y tantas ciudades españolas contra los recortes presupuestarios del Gobierno. No hay color.
Tampoco es para rasgarse las vestiduras. Si con la que nos está cayendo encima la gente no sale a la calle a expresar su disgusto y su frustración es que estamos en una sociedad muerta, insensible, indiferente o resignada. Eso no es así. Lo estamos viendo con la ocupación de la calle como tribuna viva de la indignación. Al frente, la juventud. Las legiones de jóvenes enganchados al movimiento 25-S, como antes al del 15-M, nos compensan del desaliento y nos alejan del miedo a la resignación. Juventud resignada, sociedad sin futuro. Ese es el recado.
Es sana una sociedad que reacciona ante la injusticia. Aquí y ahora, en legítima defensa frente al desigual reparto de los sacrificios y la enésima verificación de que cuando vienen mal dadas siempre pagan los mismos. Incierto desenlace de la movida callejera, que ahora vislumbra una huelga general convocada por los sindicatos, pero constato que el alimento de esa realidad desatenta con Mariano Rajoy son las protestas de la gente en la calle, o en un estadio de fútbol, y no la posibilidad de elegir en las urnas entre lo malo y lo peor. Rubalcaba se ha dado cuenta. Ya no hace llamamientos a llenar los mítines del PSOE sino a llenar las manifestaciones contra la política del Gobierno. Seguro que le cunde mucho más.
Son pistas más que suficientes para rebatir la tesis de Rajoy sobre la paciente mayoría silenciosa y alejada del bando de los insumisos. Los acontecimientos lo desmienten: la mayoría silenciosa se ha unido a la minoría ruidosa. Dos de cada tres españoles (77%) comparten los motivos de las recientes movilizaciones frente al Congreso de los Diputados (25-S), incluida una mayoría de votantes del PP (61% los comparten).
Eso dice la demoledora encuesta de Metroscopia publicada ayer en un diario nacional. Y viene a decir también que la gente no ha creído al Gobierno ni a su partido, el PP, cuando ha pretendido descalificar dichas movilizaciones por violentas, innecesarias y adecuadamente reprimidas por la policía.
¿Tiempo de calle o tiempo de urnas? El debate lo abrió la semana pasada el juez Pedraz en su discutidísima exculpación de los imputados por el asedio al Congreso. Excediéndose en su papel, pero eso es otra cuestión, Pedraz hizo una apuesta clara por la democracia participativa (expresión, manifestación, reunión), en detrimento de la democracia representativa, la que se plasma en el ejercicio del derecho a elegir y ser elegido. Las dos son arterias centrales que bombean por igual para mantener vivo el sistema democrático, pero hemos de reconocer que el recurso a las urnas, como vía para resolver los problemas de la gente, no está en su mejor momento.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
84Boswell 08/10/2012 | 22:26
Bueno. Creo que voy a ver un poco de porno en internet, que como siempre es lo mismo, me aburro y me entra el sueño enseguida. Ja, ja.
Bona nit.
Boas noites se dice en gallego [Me encanta Galicia, la adoro. Debo tener algún antepasado gallego. O a lo mejor en otra vida, si eso de la reencarnación no es una trola, fui gallego. Quién sabe. Ja, ja].
83Boswell 08/10/2012 | 22:21
Si mi ciclotimia [nada grave, eh?] fuera extrapolable a la mayoría de españoles, que creo que sí, creo que a veces nos dejamos llevar demasiado por el pesimismo.
Quizás sea una característica de nuestra particular idiosincrasia: tendemos de la euforia extrema [somos los mejores del mundo], a la depresión más paralizante [somos los peores y no valemos nada].
Hoy estoy extremadamente cansado y con falta de sueño [lo malo es que nunca me puedo dormir antes de las doce], pero relativamente optimista.
No tengo datos especiales ni información privilegiada. Es tan sólo una intuición. Algo me dice que estamos de verdad tocando fondo.
No me quiero poner nacionalista, porque siempre he detestado cualquier tipo de -ismo, pero tenemos un país maravilloso. Gente maravillosa, solidaria con su familia y amigos en los malos tiempos, la mejor comida del mundo, por no hablar de las maravillas de paisajes.
Ya a mi edad y cuando pueda, mi único sueño de verdad es viajar por toda España y hacer unos personales y literarios libros de viaje.
Tampoco es tan ambicioso el sueño. Disgo.
81Boswell 08/10/2012 | 22:05
Y si la economía no está decreciendo tanto somo se sospecha?
Y si se cumple el objetivo de déficit?
Y si el súperavit por cuenta corriente de este verano, primero desde 1998!!!!, se confirma en los próximos meses?
Y si por fin se empieza a crear empleo en el sector privado [en el público se tendrá que destruir mucho más]?
Y si se está produciendo la llamada devaluación interna, y por tanto hay un incremento de la productividad?
Se puede empezar a ver la luz al final del túnel?
Yo creo que sí. Y creo que es esencial que España no sea rescatada.
A pesar de lo irritante que resulta, si España sale de ésta sin rescate, habrá que darle gran parte del mérito a Rajoy. Las cosas como son.
Con un gobierno socialista, antes del verano ya España hubiera estado rescatada.
Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Televisión Española. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.