
Curiosamente también fue en el Vicente Calderón donde ocurrió por última vez. El 26 de mayo de este año, con motivo de la final de la Copa del Rey disputada entre el Atlético de Bilbao y el Barcelona, los seguidores de estos equipos abuchearon el himno nacional con la fuerza suficiente como para que los responsables de TVE activaran el modo ‘antipitadas’, que consiste en compensar el sonido ambiente con el sonido del estudio o la cabina de retransmisión mediante el consiguiente sube-baja en los controles de volumen.
Ni guiñoles ni gaitas. No hay excusa. Sentí vergüenza ajena este martes por la noche al vivir en directo lo que no debería haber vuelto a ocurrir. Pero ocurrió en el España-Francia. El abucheado fue esta vez el himno francés, so pretexto de desquite por las acusaciones de dopaje a los deportistas españoles, según dicen los colegas que tratan de explicar lo inexplicable. Nunca justificar, eso no. Ningún compañero de la prensa deportiva ha justificado la sonora pitada del martes por la noche a la Marsellesa.
Quién se lo iba a decir a su creador, Rouget de Lisle, cuando en 1792 regaló a su país y al mundo entero este hermoso canto a la libertad y al poder del pueblo. Por eso uno de los argumentos recurrentes en las redes sociales, donde se ha puesto de manifiesto una justa reprobación del abucheo, ha sido el de la incultura del público. Lo de “trogloditas” es de lo más suave que han tenido que oír. Se lo merecen. Alguien comentó con acierto que quienes se sumaron a tan lamentable reacción colectiva ni siquiera han debido ver la película Casablanca. Pues, no. Ni esa ni ninguna de las numerosas películas que relatan la heroica resistencia del pueblo francés contra la ocupación nazi, en muchos casos con la valiosa colaboración de españoles antifascistas.
Procede recordar, por tanto, que el himno francés es un alegato contra la tiranía. Y aunque no mediase una cuestión de incultura o desconocimiento del significado histórico de la Marsellesa, con cuya letra nos iniciamos en el idioma francés los de mi generación, de cualquier forma tendríamos que denunciar la falta de respeto al sentimiento colectivo de un pueblo. Y duele constatar que las pitadas a los himnos nacionales del equipo rival va camino de convertirse en chirriante banda sonora de los estadios españoles, aunque el único expediente que se nos ha abierto por ello haya sido en estadios extranjeros (la UEFA contra España por “cantos racistas” y abucheos al himno italiano en la Eurocopa, el pasado 10 de junio en Gdansk).
Fue penoso lo del martes en el Calderón, a pesar de las advertencias iniciales: “Respeta los himnos”, decían los folletos entregados a las puertas del estadio. Valen los mismos motivos de indignación que muchos sentimos por el abucheo al himno nacional de buena parte de los aficionados vascos y catalanes desplazados a Madrid en mayo. Algo deberían hacer los clubs y sus respectivas peñas de aficionados ante estas formas tóxicas de expresar la rivalidad deportiva.
Se puede asumir un apagón pasajero en las virtudes deportivas de la selección española, que estuvo irreconocible en el segundo tiempo del partido, pero menos llevadero es bajar la cabeza ante las críticas aparecidas en la prensa francesa sobre nuestro comportamiento cuando sonó su himno nacional. Porque tienen razón.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
118Soledad0 18/10/2012 | 21:20
#113
Buenas noches, estimado Aemilius:
No sabía que la franquicia de La Sureña es la misma que la que Ud. dice.
La de la Gran Vía está, al mediodía, siempre llena y en la también Gran Vía de mi pueblo que han abierto hace poco, igual. Quizá sean los precios y ofertas pero si la calidad fuera mala, la gente no iría.
En Gran Vía 14 está El mercado de la Reina, con buenas tapas y menús del día a muy buenos precios y gran calidad. Por la noche ofrecen gin tonic, más de 70 marcas. Está siempre abarrotado y eso es lo malo, por lo menos para mí.
Un cordial saludo,
Soledad0
117Soledad0 18/10/2012 | 21:19
#113
Buenas noches, estimado Aemilius:
No sabía que la franquicia de La Sureña es la misma que la que Ud. dice.
La de la Gran Vía está, al mediodía, siempre llena y en la también Gran Vía de mi pueblo que han abierto hace poco, igual. Quizá sean los precios y ofertas pero si la calidad fuera mala, la gente no iría.
En Gran Vía 14 está El mercado de la Reina, con buenas tapas y menús del día a muy buenos precios y gran calidad. Por la noche ofrecen gin tonic, más de 70 marcas. Está siempre abarrotado y eso es lo malo, por lo menos para mí.
Un cordial saludo,
Soledad0
116Boswell 18/10/2012 | 20:49
#113 Mire Sr. Cónsul.
A pesar de nuestras discrepancias [y mis inoportunas salidas de tono], no sabe cómo le aprecio.
Haber.
Las franquicias tipo 100 montaditos y no digamos Lizarrán [basura de suponidos pinchos vascos], las evito como la peste.
Prefiero comerme un melón. Algo. Ja, ja,
Bien. Ya sabe que le debo un aperitivo. Llegará ese día.
Quién sabe. A lo mejor con SOLEDAD. Ja, ja.
Un abrazo, amigo, y me retiro por hoy.
114Aemilius II 18/10/2012 | 20:19
Cuando se alcanza una edad como la mía, y espero que usted, Boswell, la alcance e incluso la supere, quedan descartadas algunas prácticas de ocio y otras severamente recortadas, pues está claro, que hacer una descubierta gastronómica a cierto nivel puede hacerte crujir la cartera.
Aún así, algunos caprichos nos tomamos, dentro de un orden, claro está, y he de reconocer que fue nuestra común forera amiga, Soledad, quien me indicó una referencia, "La Sureña" que está abriendo una serie de locales repartidos por todo Madrid.
He de decir que es la misma empresa que los de "100 montaditos" y sus ofertas principales, y casi únicas, son el cubo de 5 botellines de Mahou a 3 euros, las gambas cocidas de Huelva a 6 euros, y el jamón ibérico de paletilla a 6 euros. Vamos que por 15 euros quedas muy requetebién con la pareja, amante, familia o amigos.
Así que gracias por la recomendación, estimada.
Eso sí, Boswell, he de reconocer que desde que me jubilé, la bicicleta estática me ha presentado demanda de divorcio por abandono, y mi sofá me ha presentado otra demanda por acoso físico, que no sexual.
Que le vamos a hacer.
Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Televisión Española. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.