Mariano Rajoy, por fin, se destapó este fin de semana en Barcelona. Acusó al presidente de la Generalitat y líder de CiU, Artur Mas, de “arrastrar a siete millones de catalanes hacia un dilema imposible”. Y de querer alterar el curso de la historia en nombre de una quimera. Bastante más acá de la épica, sus apelaciones al cumplimiento de la ley fueron concretas y reconocibles. Ningún problema para negociar un nuevo modelo de financiación y ninguna intención de tocar los dos artículos de la Constitución que forman la muralla legal frente a quienes quieren un Estado propio. Uno es el número 2: soberanía nacional única e indivisible. Y otro es el número 92: sólo el Rey, a propuesta del presidente y previa autorización de las Cortes Generales, puede convocar un referéndum sobre decisiones de especial trascendencia.
Era el discurso que le tocaba hacer al presidente del Gobierno de la Nación después del irresponsable pulso de Artur Mas contra el ordenamiento jurídico al que debe su legitimidad como president. Sin aspavientos, sin amenazas, sin coacciones, Rajoy desplegó un discurso alternativo sobre el encaje de Cataluña en España frente a ese viaje “hacia ninguna parte” propuesto por el presidente de la Generalitat. Se admiten las apuestas. Lo que no puede ser es que, frente a su monólogo unívoco y totalizante, los nacionalistas catalanes valoren la prueba del contraste como un tic represivo de la España que les “ahoga”.
Cuando alguien intramuros del sistema propone su voladura, puesto que el objetivo segregacionista solo puede lograrse mediante la abolición de dicho ordenamiento, el presidente del Gobierno tiene dos opciones: liderar un proceso dialogado de reforma de la Constitución de modo que la voladura sea controlada o limitarse a aplicar el principio de legalidad haciendo saber al mismo tiempo su absoluta falta de voluntad política para abolir o retocar dos principios básicos de nuestro ordenamiento, como son el de integridad territorial y el de indivisibilidad de la soberanía nacional. Rajoy ha optado por la segunda opción y, aunque con algún retraso, al fin nos hemos enterado por la boca del caballo. Ahí debería quedarse la valoración de su discurso del sábado. El que le tocaba hacer, insisto, con elecciones o sin elecciones a la vista. Sin embargo, en todos los análisis aparece el consabido proceso de intenciones electoralistas. Y eso le resta calibre institucional. Sobre todo si la valoración procede de los socialistas, que deambulan en esa tierra despoblada entre dos posiciones muy nítidas: la del PP y la de CiU.
Nominalmente adeptos al federalismo, que es un concepto nunca desarrollado seriamente en la España de aquí y ahora, parecen estar jugando a ser decisivos en la apertura de un eventual proceso de reforma constitucional “si eso sirve para que sigamos juntos” (es decir, para que Cataluña siga en España), suele decir Rubalcaba, líder del otro gran partido de la centralidad española, históricamente motivado por la igualdad entre las personas y no entre los territorios, que ahora se desmarca por igual tanto del PP, al que culpa de haber alimentado el anticatalanismo (una forma de darle la razón a los nacionalistas), como de CiU, al que acusa de haber metido a Cataluña en un callejón sin salida (una forma de darle la razón al PP).
En esas condiciones, a la causa de la España plural (diversa pero igualitaria, que diría Griñán) le falta el pilar izquierdo del sistema para sentirse completamente segura frente a las acechanzas del nacionalismo.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
58dacdllp 29/10/2012 | 19:45
#9
Buenas tardes, Martes.
Coincidiendo por lo general con el contenido de sus post, hoy discrepo en el primero de los puntos que menciona.
Si entendemos un país como la suma de sus habitantes, España es una nación con una clase dirigente bastante mediocre, soportada por un pueblo aún mas mediocre al que desprecian y explotan.
Cierto es que existen unos cuantos individuos que destacan a un gran nivel. Ferozmente criticados, a la menor ocasión, por una turba envidiosa, cainita y cicatera, que, junto con sus políticos, solo están interesados en vivir lo mejor que puedan a costa de los demás.
Valga como muestra de lo que digo la movida que se ha organizado con la donación de Amancio Ortega a Cáritas. Si en vez de donar 20 millones se le ocurre asaltar supermercados para repartir lo incautado entre "los necesitados", le hacen un monumento.
57Moisés 29/10/2012 | 19:37
¡Ah, si yo le entendiera Sr. Casado! Supongo [no estoy seguro] que Vd. sí se entenderá [aparte el estómago, claro].
Dice que Rubalcaba echa una culpa al PP y otra a CIU ¿y él? ¿y Rubalcaba? Si pudiéramos prescindir de la memoria en relación al PSOE y a Rubalcaba [planes de educación, Faisán...]. ¿Y ZP? ¿Y los aplaudidores como Vd.? No podemos.
Y Griñán el "ministro" de Hacienda de Chaves y los ERES y los empleados públicos...
Y la "cojera" , por falta de una pata en la izquierda...
Sr. Casado ¡un poco de sindéresis!
56Aemilius II 29/10/2012 | 19:36
#52 Y mirar a las mujeres por debajo de.... las faldas debe ser voyeurismo.
Je, je.
55Aemilius II 29/10/2012 | 19:33
#50 Huy, que bien, un señor con el que discutir, el general Horembeb, que había nacido con los pies en el barro, según repetitiva descripción de Mika Waltari, en Sinuhé el egipcio.
Y además, como me ha llamado gilipuertas, yo le puedo llamar a él tonto del culo sin que se ofenda [mucho].
Yo ya he dicho que soy escéptico respecto al concepto de Nación, nada mas discutido y discutible que ese, siempre variable a través de los tiempos y de la historia de sus protagonistas.
Ya ve, yo mismo, hice el servicio militar en una provincia española [y juro que era la bandera española la única que ondeaba en todos los edificios oficiales de esa provincia], que ahora es una provincia marroquí. De su inmensa cultura espero, caballero egipcio, que sepa de que provincia le hablo.
En cuestión de sentimientos ya no entro, pero uno puede ser español, francés, o austriaco hasta que deja de serlo, bien por voluntad propia o bien como resultado de la violencia bélica.
Ya ve lo que les pasó a su pueblo, estimado egipcio, desde que Julio César llevó allí sus legiones.
Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Televisión Española. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.