El nacionalismo no es especie protegida

No hay especies protegidas en el deber de cumplir la ley, la herramienta del Estado que nos protege de la arbitrariedad, el atropello y la injusticia

Foto: El expresidente de Cataluña Artur Mas. (Reuters)
El expresidente de Cataluña Artur Mas. (Reuters)

Este lunes es el día de la gran movilización nacionalista en torno al Palacio de Justicia de Barcelona. Escribí en mi comentario del sábado que para avivar la llama del independentismo, con algunos signos de agotamiento, sus valedores habían decidido adelantar la Diada del 11-S a este insignificante 6 de febrero. Un don nadie en el calendario, aunque podría precipitar los planes separatistas si la movilización tiene éxito de crítica y publico.

La fecha, tal día como hoy, no tiene más gloria que la mezquina combinación con la comparecencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de Artur Mas y dos exconsejeras de su Govern. El que apadrinó el referéndum ilegal del 9 de noviembre de 2014. Por eso los tres se sientan hoy en el banquillo, si la masa no lo impide. No lo descarten ustedes. La causa independentista se vendría arriba si dispusiera de esas imágenes.

Los tres, Mas, Ortega y Rigau, están acusados de desobediencia y prevaricación, a riesgo de quedar inhabilitados para ejercer cargos públicos. Y en esa acusación judicial es donde el nacionalismo catalán se ha hecho fuerte en esta nueva amenaza al ecosistema político y jurídico de la democracia española.

Según las organizaciones civiles de apoyo al separatismo, ya hay no sé cuántos miles de inscritos para la manifestación y no sé cuántos cientos de autobuses estelados, de todos los rincones de Cataluña, que hoy a primera hora recalarán frente al Palacio de Justicia de Barcelona.

Carles Puigdemont abrirá la jornada con una declaración institucional de apoyo a los encausados. Una prueba más de que este pulso al Estado ha devenido absurdo, surrealista, cansino, agobiante

Un escrache en toda regla al alto tribunal bendecido por el presidente de la Generalitat. Carles Puigdemont abrirá la jornada con una declaración institucional de apoyo a los encausados. Una prueba más de que este pulso al Estado ha devenido absurdo, surrealista, cansino, agobiante. Lo malo es que cursa como el principal elemento desestabilizador.

Hablo de ese nacionalismo catalán que sigue reclamando los privilegios de una especie protegida. Y no lo es. No hay especies protegidas en el deber de cumplir la ley, la herramienta del Estado que nos protege de la arbitrariedad, el atropello y la injusticia. Tampoco hay especies ni individuos protegidos si están obligados a hacer cumplir la ley. El caso de los gobernantes.

Ahí encajan las conductas presuntamente delictivas de Mas, Ortega y Rigau, que en su día se pasaron por el arco del triunfo un mandato del Tribunal Constitucional y desempeñaron papeles determinantes en la organización de una consulta popular a sabiendas de que era ilegal.

Los tipos delictivos aplicables al caso estaban en el Código Penal mucho antes de que los catalanes conocieran el escándalo del 3%, mucho antes del blanqueo nominal de CDC y mucho antes de que la estética de la insolencia nacionalista confundiese una actuación judicial con la persecución política de unas ideas.

Mas, Ortega y Rigau, están acusados de desobediencia y prevaricación, a riesgo de quedar inhabilitados para ejercer cargos públicos

Hasta el punto de asociar el episodio judicial de este lunes con la intolerancia de un Gobierno “poco democrático” e “incapaz de entender lo que es la España plurinacional”​, según declaró el domingo el expresidente de la Generalitat Artur Mas, uno de los tres encausados.

¿Y si no se presentan porque el pueblo lo impide?”, se preguntaba ayer Antonio Fernández en El Confidencial, aludiendo a la hipótesis manejada en círculos independentistas necesitados de 'héroes'.

La pregunta no es baladí. Y además nos remite de nuevo a la estética de la insolencia nacionalista que vende la burra de que este lunes se celebra un 'juicio político' ignorando deliberadamente el dogma civil contenido en el articulo 14 de la Constitución (“los españoles son iguales ante la ley”), cuyo efecto alcanza a las organizaciones y los individuos alineados en el legítimo ideario del nacionalismo catalán.

¿Habrá que volver a recordar que la ley no persigue ideas sino conductas?

Al Grano

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