Podemos se queda en el gallinero

La formación morada mantiene que lo apremiante es acabar con la guerra fratricida, algo que va a ser difícil ante un pablismo ganador que impone la obediencia debida al aclamado secretario general

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el cierre de la asamblea ciudadana estatal. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el cierre de la asamblea ciudadana estatal. (EFE)

La barrida de Iglesias (puño y coleta) garantiza el confinamiento político y parlamentario de Podemos. Mala noticia para los de abajo. Y buena para la 'triple alianza' (PP-PSOE-Ciudadanos), que controla la agenda institucional y deja en la irrelevancia a la izquierda mochilera. El perdedor de Vistalegre II, Íñigo Errejón (uve de la victoria), proponía algunas formas de incorporación al juego, a fin de ir ensanchando el electorado. Pero su apuesta posibilista ha caído este fin de semana.

El lema del ganador, un partido “coral, femenino y fraterno”, no parece un buen yacimiento de soluciones para inquietar a los de arriba y favorecer a los de abajo. O para “enseñar a los poderosos el camino de salida en vez de cantarles las cuarenta”, que era el mantra del perdedor.

Las decisiones que realmente importan a los ciudadanos, por tanto, seguirán fluyendo al margen de Podemos. Se deduce de la hostilidad expresamente formulada por el ganador del congreso. Iglesias habla de “una gran coalición al servicio de las élites y atrincherada en el inmovilismo”. Supone asignar a las fuerzas emergentes del 15-M un perfil bajo en esta España de cuatro esquinas alumbrada en las elecciones generales del 20-D. Y eso les aboca de nuevo al ensimismamiento.

“El ensimismamiento trabaja para el enemigo”, decía Iglesias en uno de sus encendidos discursos del fin de semana. No es el ensimismamiento sino los ensimismados quienes hacen el trabajo. Y lo seguirán haciendo si, por su querencia a quedarse en el gallinero de la política, no tienen tarea más urgente que explorar distintas formas de “dar miedo a los poderosos”.

Íñigo Errejón, durante su intervención al inicio de la primera jornada de Vistalegre II. (EFE)
Íñigo Errejón, durante su intervención al inicio de la primera jornada de Vistalegre II. (EFE)

Ya cerrado Vistalegre II, sabemos mucho más del psicodrama interno que de sus intentos de rescatar a la gente desprotegida frente a la 'casta'. Hemos visto como Iglesias ('Podemos para todas') y Urbán ('Podemos en movimiento') han arremetido contra el enemigo común, pregonando la anomalía de estar gobernados por el gran contubernio PP-PSOE- C's. Quieren remediarlo pero no han dicho cómo.

El primer paso sería 'recuperar la ilusión'. Es el vencido lema del errejonismo. En buena lógica, sus seguidores se dormirían el domingo con el temor a la desilusión reinstalada en Podemos. Empezando por la zozobra sobre el incierto futuro de su jefe de filas. Saben que la condición de número dos de Íñigo Errejón, como secretario político y portavoz parlamentario, está en el aire.

Pablo Iglesias asigna a las fuerzas emergentes del movimiento 15-M un perfil bajo con su discurso hasta condenarlas al ensimismamiento

Lo apremiante, dicen todos, es acabar con la guerra fratricida. Va a ser difícil ante un pablismo ganador que impone la obediencia debida al aclamado secretario general (89% frente al meritorio 11% del candidato Moreno), en régimen de unidad de criterio y dependencia jerárquica, como los fiscales, como los militares, para evitar una nueva regañina del padre fundador, Juan Carlos Monedero, a Errejón y a Tania Sánchez: “Joder, tío, o sea, Pablo no es vuestro colega, es vuestro secretario general”.

“A partir del lunes, unidad”, clamó el jefe de la manada cuando aún no se conocían los resultados de la votación telemática de las bases. Y en prenda de su compromiso hizo un ofrecimiento a los titulares de las corrientes perdedoras. “Íñigo, Miguel, cuento con vosotros”, dijo mirando a sus dos competidores antes de saber si se lo podía permitir. Lo cual explica las dificultades objetivas de aplicar el doble mandato de Vistalegre II. La humildad, además de la unidad. Me apunto a la síntesis de mi amigo Rubén Amón: la unidad está reñida con Podemos y la humildad está reñida con Iglesias.

Al Grano

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