Será cruenta la batalla por el trono de Ferraz

Son las líneas de fuerza que se cruzan en estos tanteos previos a la batalla final por la secretaría general del PSOE. Será cualquier cosa menos tranquila

Foto: Cierre de campaña de Pedro Sánchez el 26-J en Sevilla, acompañado por Susana Díaz. (EFE)
Cierre de campaña de Pedro Sánchez el 26-J en Sevilla, acompañado por Susana Díaz. (EFE)

Palabras mayores en la distancia corta de uno de los pretendientes al trono de Ferraz. Dice Patxi López que en el proceso de renovación interna (primarias en mayo, congreso federal en junio), se ventila algo más que el futuro político del PSOE: “El partido se está jugando el ser o no ser”.

Y el partido no será o dejará de ser lo que fue (“imprescindible para vertebrar España” y amparar a “millones de ciudadanos maltratados por la derecha”), si sigue siendo su peor enemigo. Así lo ven millones de votantes consternados por el espectáculo de los últimos años.

Cada una de las tres candidaturas ya ha alzado su banderín de enganche. Patxi, pacificador; Sánchez, rojo y plurinacional, y Susana, ganadora

Según él, la remontada solo será posible desde la pacificación. Y la pacificación será imposible sin la unidad reclamada por una “mayoría silenciosa” de la militancia, harta de la agresividad entre los propios dirigentes. Un virus que envenena los interiores del PSOE desde la caída de Zapatero a finales de 2011, como saben sus sucesores. Antes Rubalcaba, luego Sánchez, lo sufrieron desde el minuto uno de sus respectivos reinados.

El exlendakari Patxi López, durante su participación este domingo en un acto con militantes del partido. (EFE)
El exlendakari Patxi López, durante su participación este domingo en un acto con militantes del partido. (EFE)

Con estos presupuestos mentales entró en la carrera el exlendakari y expresidente del Congreso. Su bandera es la de intermediar en la desgarradora polarización del partido entre susanistas y pedristas, endurecida a raíz del penoso comité federal del 1 de octubre, donde una maquinación urdida en Andalucía desalojó a Pedro Sánchez del liderazgo y dio lugar a una comisión gestora presidida por el asturiano Javier Fernández.

Cada una de las tres candidaturas (la de Susana se formalizará el próximo 11 de marzo) ya ha alzado su banderín de enganche. Es el primer elemento de discordia: Patxi, pacificador; Sánchez, rojo y plurinacional, y Susana, ganadora. Pero a los seguidores de López y de Sánchez les molesta que Díaz diga que lo dará todo por “un PSOE ganador”, como si ellos estuvieran trabajando por un PSOE casado con la derrota. A los seguidores de Susana Díaz les molesta que Patxi López se sitúe en la equidistancia para ejercer de costurero, como si la andaluza no valorase la unidad interna. López y Díaz se irritan por la confesada apuesta pedrista por un partido “de izquierdas, que escuche a los militantes y alejado del PP”, como si el aspirante vasco y la aspirante andaluza quisieran silenciar a la militancia y hubieran abrazado de pronto el pensamiento conservador.

Demasiadas facas camufladas. Demasiadas heridas abiertas. Y demasiado incierta la esperanza hacia la pacificación como antesala de la unidad

“Todos en el PSOE somos de izquierdas”, viene diciendo Susana Díaz en sus últimas apariciones públicas. Esa declamación se acompasó hace unos días al malestar de los principales barones del partido. Estos ven “radical y ajeno al PSOE” el proyecto que Sánchez presenta como “autónomo y de izquierdas”.

La respuesta no se hizo esperar: “Sí, nuestro color favorito es el rojo del PSOE”, con el consabido asentimiento coral de sus seguidores en las redes sociales. Orgullosos de ser y sentirse 'rojos'. Lo cual incluye una crítica más o menos velada a la comisión gestora, por su presunto acercamiento al PP y haber situado al PSOE “en tierra de nadie” (Sánchez 'dixit').

Hay tres pretendientes y Patxi López (el único que podría hacerlo) me jura que no piensa retirarse de la contienda por pacto con alguno de los otros dos

Son las líneas de fuerza que se cruzan en estos tanteos previos a la batalla final por la secretaría general del PSOE. Será cualquier cosa menos tranquila. Demasiadas facas camufladas. Demasiadas heridas abiertas. Y demasiado incierta la esperanza de reconducir hacia la pacificación, como antesala de la unidad, el profundo antipedrismo que se respira entre los dirigentes, aunque no en todos. Solo comparable al profundo antisusanismo que se respira entre los militantes, aunque no en todos.

Y una conclusión poco esperanzadora de cara al futuro. Habida cuenta de que hay tres pretendientes y que Patxi López (el único que podría hacerlo) me jura que no piensa retirarse de la contienda por pacto con alguno de los otros dos, el PSOE tendrá un secretario general elegido por menos del 50% de los militantes. Mala cosa.

Al Grano

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