El terror del atentado, junto al templo de la palabra en Londres

La embestida ha sido contra el Parlamento de Westminster, el más emblemático. Contra todos los parlamentos bien cimentados en la parte civilizada del mundo

Foto: Una mujer asiste a uno de los heridos. (Reuters)
Una mujer asiste a uno de los heridos. (Reuters)

Los usuarios del London Eye, la gran noria que saludó la llegada del siglo XXI hace 18 años, vieron desde el aire como el terrorismo celebraba ayer a su manera —de nuevo, la figura del “converso radicalizado”, según Scotland Yard— el aniversario de los brutales atentados del año pasado al corazón de Europa. Justo mientras rendíamos homenaje a las víctimas de las salvajadas en el aeropuerto y el metro de Bruselas (32 muertos).

[La última hora de los atentados en Londres, en directo​]

Va de símbolos. Esta vez, la embestida es contra el Parlamento de Westminster, el más emblemático. Contra todos los parlamentos bien cimentados en la parte civilizada del mundo, como templos de la palabra y la diversidad. Donde hay diversidad hay conflicto. O sea, debate, que es el cauce expresivo de la diversidad. Y ahí ni siquiera las ideas invocadas por quienes asesinan en nombre de Dios o de la patria están exentas de pasar la prueba del contraste.

Es la base de la democracia. Un sistema que busca la armonía entre personas de mente evolucionada. Algo que no encaja en la cabeza de un fanático. Sea religioso, como el de ayer en Londres, según la hipótesis policial. O patriótico, como el que sufrimos en España durante los 40 años de ETA. De ambos tipos de fanatismo tenemos noticia amarga en nuestro país.

Así que a los españoles, sufridos y solidarios, no nos cuesta nada sumarnos a la condena de la salvajada que ayer ensangrentó los frisos del Parlamento británico. Cuatro muertos, incluido el terrorista, a la hora de entregar este comentario. Nos duele Londres, como hace un año nos dolió Bruselas, y Niza, y París, y Berlín…

[Todas las imágenes del tiroteo en Londres]

Una siniestra secuencia inacabada que trata de meternos el miedo en el cuerpo a quienes sentimos el placer de vivir. No es el caso de los terroristas de inspiración islámica. El autor de este atentado se ofreció a morir por Alá después de haber perpetrado la salvajada con un todoterreno por el puente de Westminster. Estaba, como otros de su siniestra calaña, en el “viva la muerte”, y nosotros estamos en el “viva la libertad”. Y en esa diferencia encuentra el terrorismo yihadista su ventaja operativa. Su ventaja y tal vez su victoria.

La psicosis de atentado. Esa es su victoria: inocular el miedo en el reino del bienestar televisado antes seguro e invulnerable

La psicosis de atentado. Esa es su victoria: inocular el miedo en el reino del bienestar televisado antes seguro e invulnerable. Ahora la serpiente ha puesto sus huevos en las ciudades europeas. Así nos ha llegado la sensación de inseguridad, generando daños políticos colaterales, como la islamofobia y ese populismo que vende soluciones como si fueran crecepelos.

Por ahí vamos perdiendo. La prueba es el visible agobio de franceses, alemanes, ingleses y belgas, odiadas concentraciones de 'infieles' en la mira del terrorismo yihadista. Lo de ayer a las puertas del Palacio de Westminster nos ha vuelto a helar el gesto. Tres nuevos asesinatos a modo de dosis de recuerdo asociadas a nombres como Madrid (11-M), aeropuerto de Zaventem, 'Charlie Hebdo', Bataclan o Paseo de los Ingleses.

Al Grano

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