Los recados de Susana a Podemos y a Sánchez

El partido que lidera Pablo Iglesias y el ex secretario general socialista quedaron afectados por los ataques preventivos de la presidenta andaluza contra un eventual amontonamiento por imitación

Foto: Susana Díaz, durante su intervención en el acto político de este domingo en Madrid. (EFE)
Susana Díaz, durante su intervención en el acto político de este domingo en Madrid. (EFE)

Expliqué en mi comentario de vísperas que Susana Díaz, en el lanzamiento de su candidatura al trono de Ferraz, dejaría recados de ambivalente aplicación a Pablo Manuel Iglesias y Pedro Sánchez. Sin mencionarlos. Fue de lo más significativo en el multitudinario acto del domingo en Madrid.

Podemos (marca tóxica del populismo) y el exlíder socialista (Susana habla de gobernar ganando elecciones, “no de cualquier manera”) quedaron afectados por los ataques preventivos de la presidenta andaluza contra un eventual amontonamiento por imitación. “Una cosa es pactar y otra, entregar el PSOE a otro partido o imitar su modelo”, dijo.

Su línea argumental frente al populismo, que en España respira por la izquierda, consiste en reconocer al PSOE como “la única izquierda realmente transformadora”. Algo parecido a lo que históricamente le ocurrió respecto al comunismo. Nunca llegó a mimetizarse. Suele comentar Susana Díaz que aquella rivalidad se reproduce ante este populismo de ahora que “busca el poder por el poder, siembra rencor y enfrenta a los ciudadanos, los países y las civilizaciones”.

Ni los seguidores de Sánchez lo reconocieron como alguien de los suyos cuando lanzó su grito por un PSOE lejos del PP y cerca de Podemos

Eso dijo la candidata. Estaba activando la memoria socialista del aciago día en que Pedro Sánchez se confesó con Jordi Évole en la tele. Fue el domingo 30 de noviembre. El día anterior había dado un portazo a su grupo parlamentario. Renunció a su escaño horas antes de la segunda votación de investidura a Rajoy, por no pasar el trago de obedecer un mandato de neutralidad de su partido, contrario a sus planes personales. Ni sus propios seguidores lo reconocieron entonces como alguien de los suyos cuando lanzó su grito por un PSOE lejos del PP y cerca de Podemos, lejos de las élites y cerca de los militantes.

Denunció entonces que el PSOE se había derechizado y carecía de autonomía en la toma de decisiones frente a una oligarquía en la que incluía alegremente a la figura de Felipe González, al tiempo que proponía el acercamiento a Podemos (“de tú a tú”, “de igual a igual”) como condición para avanzar. Iglesias y compañía aplaudieron con las orejas las declaraciones de Sánchez, que incluían su arrepentimiento por haber creído erróneamente que Podemos era un partido populista.

A partir de esa entrevista con Évole, cualquier posición política de Iglesias y sus seguidores se iba a volver contra Sánchez

Es evidente que una parte del PSOE sospecha que el Sánchez rojo y plurinacional de ahora comparte muchas tesis de Podemos. Y estaba claro que, a partir de aquella desafortunada entrevista, marcada por la frustración mal curada de su destronamiento, cualquier posición política de Iglesias y sus seguidores se iba a volver contra Sánchez. Pero nunca nadie fue tan rotundo como la candidata andaluza:

“Voy a pedir el voto de los socialistas que no estén en el rencor”, dijo en su apasionada apuesta por un PSOE reconocible, ante 9.000 militantes socialistas de todas las graduaciones orgánicas e institucionales (7.000 en directo y 2.000, por pantalla gigante desde otro pabellón adyacente). Todas las graduaciones, repito, aunque la primera reacción de Sánchez ante la irrupción de Díaz en la carrera por el liderazgo haya sido que “el cambio llegará desde abajo”. Como si de ese modo quisiera poner en valor el hecho meritorio de que su candidatura anda muy escasa de nuevas y viejas figuras del socialismo español.

Al Grano

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