La frustración mal curada de Sánchez

Los mensajes de Pedro Sánchez se inspiran en el resentimiento por lo ocurrido en el aciago comité federal del 1 de octubre

Foto: Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión como secretario general del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión como secretario general del PSOE. (EFE)

Al día siguiente del cruce televisado de los aspirantes al trono de Ferraz, Patxi López, el “casco azul”, como le llama Rubalcaba, nos dijo en la radio (Onda Cero, Carlos Alsina) que el verdadero voto útil de los militantes será el que sirva para salvar al PSOE de la dispersión y la irrelevancia.

De modo que la primera y principal tarea del ganador o ganadora de las primarias ha de ser la reconciliación. Y eso va a ser muy difícil, por no decir imposible, a partir del discurso aireado en uno de los tres bandos. El que representa Pedro Sánchez, cuyos mensajes se inspiran en el resentimiento por lo ocurrido en el aciago comité federal del 1 de octubre.

De ahí viene la frustración mal curada del fallido líder del PSOE que, después de dos fracasos electorales consecutivos, pide una segunda oportunidad frente a quienes quieren intentarlo por primera vez: Patxi López y Susana Díaz, dos ganadores en sus respectivos feudos vasco y andaluz.

Sánchez y sus profetas no esconden su aversión. A Susana la representan con un puñal en la mano y a Patxi lo califican directamente de “traidor”

Sánchez y sus profetas no esconden su aversión a la candidata andaluza y al candidato vasco. A Susana la representan con un puñal en la mano y a Patxi lo califican directamente de “traidor”. Son implacables con la dirección interina del partido y acusan al asturiano Javier Fernández, otro ganador en su territorio, de rendirse al PP y haber llevado al PSOE a tierra de nadie.

No se sabe en nombre de qué mandato no escrito Sánchez y sus más activos costaleros se expresan como si fueran depositarios únicos de la voluntad de la militancia y hablan con desdén de los principales barones del partido y de todos los secretarios generales anteriores (González, Almunia, Zapatero y Rubalcaba), como si fueran 'notables' que se han despegado de la realidad y viven de espaldas a los militantes.

Sánchez y sus más activos costaleros se expresan como si fueran depositarios únicos de la voluntad de la militancia y hablan con desdén de los barones

Así no hay manera de poner las bases de la reconciliación. No se puede ir contando por ahí en voz baja que en las agrupaciones se queman las fotos de Felipe González y que todos los dirigentes del PSOE, excepto Sánchez, van en dirección contraria.

A partir del rencor no es posible acreditarse como valedor de la unidad. Sobre todo si, según el tramposo relato sanchista, la actual desunión se debe, por un lado, a que “los notables se han creído que el partido es suyo” y, por otro, a que el PSOE “ha sido colonizado por la derecha mediática”, como le oigo decir a cierto alcalde que oficia como portavoz del candidato Sánchez.

El resentimiento no es buen consejero para “convertir el partido de la bronca en el partido de la esperanza”

No es muy distinto a lo que el propio Sánchez suele decir sobre la necesidad de mirar siempre al PP como el verdadero adversario. "Sí, pero no desde abajo”, matiza, insinuando una y otra vez, obsesivamente, la falsa idea de que la abstención socialista en la investidura de Rajoy fue una declaración de amor al PP y no la forma de evitar una tercera derrota electoral consecutiva del PSOE.

El resentimiento no es buen consejero para “convertir el partido de la bronca en el partido de la esperanza”, en palabras de Patxi López. Sinceramente, no veo a Sánchez como el candidato más dotado y mejor dispuesto a enterrar el hacha de guerra, cerrar heridas, olvidar el pasado y volver al amor (Marie Laforet, en la memoria musical).

Al Grano

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