Margarita Robles, la voz del nuevo PSOE en el Congreso

Lo que realmente ayer fue noticia es que estuvo arropada por los 85 diputados de un partido al que no pertenece y de un grupo pcon el alma partida hasta hace poco

Foto: La portavoz parlamentaria socialista Margarita Robles (abajo - i), durante su intervención en la sesión de control al Gobierno. (EFE)
La portavoz parlamentaria socialista Margarita Robles (abajo - i), durante su intervención en la sesión de control al Gobierno. (EFE)

Dicen las crónicas que Margarita Robles fue abucheada en su debut como portavoz parlamentaria del nuevo PSOE. Por los diputados del PP, se entiende. Normal. Nada nuevo. En cuanto a sus compañeros, reinó la unanimidad en que su condición de magistrada cerró el paso a su condición de política. Por ahí se lo puso fácil a Rajoy, sobrado de tablas para acabar convenciendo de que la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la amnistía fiscal de Montoro no es más que un juicio de valor. O sea, una opinión discutida y discutible.

Pero lo que realmente ayer fue noticia es que estuvo arropada por los 85 diputados de un partido al que no pertenece y de un grupo parlamentario con el alma partida hasta hace poco entre dos fidelidades. Una, al destronado y luego redivivo Pedro Sánchez. Otra, al comité federal, depositario de la voluntad de la militancia en el atribulado periodo que se cerró con las primarias de mayo y el congreso federal de junio. Margarita se alineó con la minoría de los quince diputados que persistieron en el “no es no” a Rajoy en la investidura del 29 de octubre, ante el bloque de sesenta y ocho que optaron por la neutralidad prescrita por la comisión gestora y respaldada por el comité federal.

Margarita se alineó con la minoría de los quince diputados que persistieron en el “no es no” a Rajoy en la investidura del 29 de octubre

La lealtad tuvo premio, aunque no lo buscase en cálculo previo. Nadie en su sano juicio hubiera considerado ganadora la apuesta por Sánchez. Y entre quienes se embarcaron en tan incierta aventura, Margarita Robles (su amiga Susana Sumelzo y tres o cuatro nombres más) lo hizo en nombre de la coherencia personal y la fe en una causa justa, según su forma de interpretar los sucesos del 1 de octubre.

Vidas paralelas, en ese sentido. Con todo en contra Sánchez reconquistó el trono de Ferraz con poderes redoblados y con todo en contra dentro del partido –no está sobrada de simpatías fuera del sector sanchista-, Robles se ha convertido en la voz parlamentaria del nuevo PSOE, con la sombra cercana de Adriana Lastra, numero dos del partido y segunda voz del grupo.

Había cierta curiosidad morbosa por ver las caras y las manos de los diputados socialistas en el estreno de la “independiente” jefa de filas de los socialistas en el Congreso. Pedro Sánchez me dice en la distancia corta que “Margarita tiene la simpatía de los militantes, el apoyo de los votantes, la consideración de sus compañeros y el respeto del resto de los grupos parlamentarios”, pero la ocasión de verla en su primer cruce con el presidente del Gobierno también era ocasión de comprobar si afloran o se ocultan los efectos de las heridas abiertas en una bancada donde el sanchismo está en minoría.

Para eso llegamos tarde. La paz, al menos aparente, la que obliga a guardar las formas, se había firmado el martes por la mañana, cuando el grupo aprobó por aclamación la propuesta de Sánchez. Me cuentan que la nueva portavoz estuvo conciliadora y humilde, a pesar de la fama que le precede. Hasta se ganó un aplauso cerrado al deshacerse en elogios al anterior secretario general del grupo, Miguel Ángel Heredia (“trabajador”, “buena persona”, “buen socialista”), aquel que iba por las agrupaciones socialistas negando con palabras gruesas el derecho a opinar de Margarita Robles, por no ser militante.

Pelillos a la mar también respecto a los efectos colaterales de aquel desahogo verbal del alcalde de Valladolid, Oscar Puente, ya portavoz de la nueva Ejecutiva, cuando hablo de un PSOE hasta ahora en manos de “pigmeos” y a partir de ahora en manos de “gigantes”. Solo la sorna valenciana de un Cipriá Císcar inesperadamente hablador supo recrear su infancia de “gigantes” y “cabezudos”, como metáfora iniciativa del ser humano, abocado a elegir. Y nadie era estigmatizado por ser lo uno o lo otro.

Al Grano

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