Sánchez: "No soy un rojo peligroso"

Tal vez debamos buscar la caja negra de esta especie de ofensiva contra el líder socialista en las palabras de Pierre Moscovici, después de reunirse con él tras el cambio de postura sobre el CETA

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez,d., durante el encuentro de trabajo que mantuvo hoy con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez,d., durante el encuentro de trabajo que mantuvo hoy con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici. (EFE)

No falto a la prometida reserva si desvelo no el contenido de la charla sino mi impresión personal sobre el Pedro Sánchez revivido que tuvo la gentileza de concederme una hora de conversación, poco después de ganar las primarias a Susana Díaz, en su aún desmantelado despacho de Ferraz.

En ningún momento creí estar frente a un dirigente político con prisa de ponerlo todo patas arriba. Más de una vez salió de su boca la expresión “Yo no soy un rojo peligroso”. Y apenas habían transcurrido tres días desde su llamada telefónica a Moncloa para decir al presidente Rajoy que frente al desafío secesionista de la Generalitat, “el PSOE estará en la defensa de la legalidad y la Constitución”.

En ningún momento creí estar frente a un dirigente político con prisa de ponerlo todo patas arriba

Por supuesto que claveteó su aireado propósito de giro a la izquierda, a la caza del voto joven y los ex votantes socialistas fugados a Podemos o arrinconados en la abstención, como tarea inaplazable de un PSOE al reencuentro de sí mismo. Pero ni por asomo pude deducir de sus palabras que el precio a pagar en el intento fuese el de la “podemización”. Ni el de las excursiones a los límites del sistema. Se trataría de que el partido de Iglesias Turrión se parezca cada vez más al PSOE y no al revés, según la doctrina de los nuevos guionistas de Sánchez.

Hace falta echarle mucha malicia al debate para colgarle, aquí y ahora, los sambenitos de la eurofobia, el radicalismo, el recelo del orden constitucional o, por ir al sonado caso CETA, su repentina aversión a los dogmas del libre comercio ¿Sólo porque se ha presentado en sociedad anunciando que trabajará sin descanso “por una mayoría parlamentaria que acabe lo antes posible con esta etapa negra del PP”?

Ahí se dan las condiciones subjetivas del dirigente político cuya primera obligación es creer en sus posibilidades de conquistar el poder. Y hacérselo creer a sus seguidores. En eso consiste el oficio de la política. De eso se trata. Está en su naturaleza. Otra cosa es la malversación consciente de procedimientos legítimos mediante la demagogia, las malas prácticas, el desprecio a la razón de Estado o el irresponsable amontonamiento con los enemigos del sistema. Esas contraindicaciones no aparecen, a mi juicio, en la voluntarista decisión de poner el PSOE “rumbo a la Moncloa”.

Las futuras reuniones con Iglesias y Rivera desmienten, al menos teóricamente, la obsesión podemizadora que se endosa a Pedro Sánchez

Asunto bien distinto es el referido a lo que los marxistas llamarían condiciones objetivas. Básicamente, la aritmética parlamentaria y la predisposición de los eventuales costaleros de Sánchez, a los que tanteará esta semana. El martes está citado en el Congreso con Iglesias Turrión. Y al siguiente, con Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Ritos de apareamiento a izquierda y derecha que desmienten, al menos teóricamente, la obsesión podemizadora que se endosa al flamante líder socialista desde prácticamente todas las trincheras políticas y mediáticas.

Tal vez debamos buscar la caja negra de esta especie de ofensiva general contra Pedro Sánchez en las palabras del comisario europeo de Economía, después de reunirse con él tras el repentino cambio de postura del PSOE respecto al tratado de la UE con Canada). Según Pierre Moscovici, que es hijo de psicoanalista, la clave no está en ser más o menos de izquierda sino en ser más o menos creíble.

Ahí le han dado. En ese terreno, el de la credibilidad, o la consistencia de tal o cual posición política, los sistemas de pesos y medias no están homologados. Van por barrios. Y los hechos, cada vez más líquidos, desprenden conclusiones cada vez más dispares.

Al Grano

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