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Caza Mayor

Enrique Moreno, el cirujano al que llaman Dios y quieren crucificar para Nochebuena

Bisturí. Empezamos. Al doctor Moreno le desagrada sobremanera que le interrumpan en medio de la cirugía. A todo el equipo le molesta, pero al doctor Moreno,

Bisturí. Empezamos. Al doctor Moreno le desagrada sobremanera que le interrumpan en medio de la cirugía. A todo el equipo le molesta, pero al doctor Moreno, de un genio difícil de domeñar, le produce un escozor indescriptible. Irrumpir en el quirófano es como profanar el sancta sanctorum. Aquel día, sin embargo, lo hicieron. Sabían que se iban a tener que enfrentar a una hidra de nueve cabezas, pero lo hicieron. Su padre acababa de ingresar de urgencias en la Clínica de la Luz, apenas unos pisos  debajo de donde él se encontraba operando en ese mismo momento. Le llamaron para que acudiera de inmediato. Dijo que no. Su padre, médico como él, tenía una máxima grabada a fuego: “Lo primero y lo último siempre es el paciente”.  

 

Moreno prosiguió con la operación. Debía centrarse en el enfermo, al que tenía en frente con el estómago abierto. Las manillas del reloj apenas habían avanzado cuando el ayudante le comunicó la fatal noticia: su padre acababa de fallecer. La ya de por sí silenciosa sala de operaciones, quedó muda. “Nuestro más sincero pésame”, se condolieron. “Vete, ya terminamos nosotros”. Sin esbozar siquiera una mueca, el doctor Moreno se negó con la misma frialdad que el acero del bisturí que sujetaba entre sus dedos. “El señor que está encima de la mesa no tiene ninguna culpa de que mi padre haya muerto”, sentenció. Otro de los principios que su progenitor le había transmitido de niño era que “en la vida siempre había que andar recto como una encina”.

 

Enrique Moreno González, 71 años, es Premio Príncipe de Asturias, doctor honoris causa por más de veinte universidades, único europeo que ha accedido al cargo de governor de la Sociedad Americana de Cirujanos y una eminencia en aparato digestivo y trasplante hepático. Fue pionero en la técnica del split, esto es, dividir el hígado de un donante por la mitad para dos personas, y también lo es en cluster o multivisceral, operación que dura quince horas y en la que se cambian todos los órganos al paciente. Estómago, hígado, duodeno… Todos. La primera intervención de este tipo la practicó en 2006 a una chica de Zaragoza. Hace diez días la volvió a repetir con éxito en Tenerife. Igual que un coche. Lo dejas en el taller de reparación, el mecánico lo vacía y te monta un chasis nuevo.

 

Es dueño de manos tan virtuosas, pulso tan preciso, mente tan creativa, que sus colegas norteamericanos jamás entendieron por qué se decantó por España para ejercer la medicina con las posibilidades que le ofrecía la tierra que vio nacer a George Washington. Cuando en diciembre de 1989, el que fuera presidente del Banco de Vizcaya, Pedro Toledo, que arrastraba un cáncer de hígado terminal, viajó de urgencia a Estados Unidos en un último intento por salvar su vida, los médicos que le atendieron en la Clínica Mayo de Rochester se lo reprocharon: “Pero hombre, qué hace aquí cuando el mejor especialista lo tiene usted en España”.

Es dueño de manos tan virtuosas, pulso tan preciso, mente tan creativa, que sus colegas norteamericanos jamás entendieron por qué se decantó por España para ejercer la medicina con las posibilidades que le ofrecía la tierra que vio nacer a George Washington

 

Pues bien, Enrique Moreno, el mismo cirujano que hace más de una década prefirió terminar una intervención antes que velar el cuerpo de su padre, acaba de ser denunciado por la familia de Enrique Morente. El cantaor era uno de sus pacientes. Falleció a las 16.40 horas del pasado lunes 13 de diciembre. En la denuncia acusan al doctor y su equipo de negligencia médica por el funesto desenlace de la operación. La familia del difunto, además, aduce que no fue informada del coma profundo en el que cayó Morente hasta cinco días después, unas palabras que extienden la sombra de duda sobre un hombre sin más mácula que la altanería propia de los superhombres.

 

Ha sido tal la presión sobre el equipo médico que la Clínica de la Luz no ha tenido más remedio que emitir un comunicado en el que explica que la operación no fue de úlcera, como algunos medios habían apuntado, sino de un cáncer de esófago de 4,5 centímetros con metástasis linfáticas, una cirugía con una tasa de mortalidad muy elevada. Sólo ya la saturación resulta enormemente compleja.

 

Aun así, representantes de la cultura se han apresurado a crucificar a Moreno antes de conocer los resultados de la autopsia. Todo ello porque la española es una sociedad poco acostumbrada a aceptar los contratiempos. Cuando acontece la fatalidad, raramente se asume sino que se mira al cielo y se apunta directamente a Dios. En este caso, la figura que tenía más a mano la familia era la del profesor Enrique Moreno, que no es Dios pero se le parece. Los pacientes acuden a él cuando ya no hay nada que hacer. Es el último recurso. “Los milagros sólo los puede hacer Enrique, pero eso no significa que Enrique siempre pueda hacer milagros”, dicen quienes le conocen. 

 

De Juan Pablo II al narco Vioque

 

Llama la atención la acrimonia con la que Moreno se dirige a las personas que le rodean. No guarda las formas ni rinde pleitesía al poderoso. No tiene tiempo. Cuando acuden al hospital a verle, ya sea alguien que vista con americana o polo remendado, les hace esperar durante horas en el antequirófano hasta que acaba la operación. Carece de don de gentes e incluso a momentos puede resultar antipático, pero de él no se pide que cuente los chistes con gracia sino que salve vidas. Eso se le da bien. Lleva 1.500 trasplantes en el zurrón. Seguramente sean más. Jamás ha echado cuentas.

 

Enrique Moreno, de manos velludas, cejas pobladas y mirada cristalina, tiene algo de místico, pero también de militar estricto y puntilloso. Es extremadamente exigente con los miembros de su equipo. No admite mediocres. A más de un enfermero ha expulsado de la sala de operaciones al grito de “flojo” y “blandengue”.

 

Los anestesistas Pérez-Cerdá y Rubio son sus hombres de confianza. También lo era Ignacio García hasta que un cáncer de colon se lo llevó de este mundo hace ya tres años. El doctor García estaba llamado a ser el ‘heredero’. Era el único capaz de imitar su técnica, el único que le aguantaba el ritmo. Acabar una operación a las cinco de la mañana en un hospital para acto seguido, sin dormir, ir a otro a practicar un trasplante de diez horas. Tras fallecer este último y sin ningún sucesor a la vista, el legado de Moreno queda huérfano. Después de él, no hay nadie.

 

Al doctor García le tenía una consideración que trascendía lo profesional. Eran amigos. Cuestión de piel. Así que cuando le sobrevino el dolor, y le hicieron las pruebas, y le detectaron el cáncer de colon, y le dijeron que también había una metástasis hepática de caballo, cuando le avasallaron con una lluvia de malas noticias, ambos hicieron un aparte para analizar pormenorizadamente la situación, como si el enfermo no fuera él sino una ficha sin apellidos, y extrajeron la única conclusión que podían extraer: se iba a morir. Sólo faltaba saber cuándo. Enrique Moreno lo operó para limpiar el hígado todo lo posible. La intervención duró doce horas. El doctor García falleció cuatro años y medio después. Antes de morir dijo a su amigo que nunca le estaría lo suficientemente agradecido por haberle alargado la vida el tiempo suficiente para ver acabar la carrera a sus dos hijas y haber encontrado trabajo a su hijo.

 

Moreno ni juega al golf ni coge vacaciones. Como si formara parte de una orden monástica, se ha encomendado a la medicina, la investigación y la enseñanza. Veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. Un trabajo rayano en la obsesión que en ocasiones le ha obligado a desatender a su familia, incuria de la que se arrepiente.

 

Una historia que circula por los corrillos de las máquinas de café de los hospitales públicos cuenta que el doctor Moreno fue uno de los cirujanos que operaron al Papa Juan Pablo II tras ser tiroteado por Ali Agca en 1981 en la Plaza de San Pedro. No es cierto. Moreno no posee el don de la ubicuidad y en aquellos momentos no se encontraba en el Vaticano. Curiosamente, la historia real va un paso más allá y tuvo que ver con lo que aconteció tras salir del quirófano. El postoperatorio del Pontífice no fue bien. Hubo complicaciones. Su vida peligraba. Tan crítica era la situación que Giuseppe Menini, uno de los miembros del equipo médico de la Santa Sede, se apresuró a tomar un vuelo a Madrid. Francesco Crucitti, cirujano jefe de Juan Pablo II, le mandaba con el expediente del Papa para que recabara el parecer del eminente doctor español. Quería la opinión del número uno y mandó a una delegación para obtenerla.

 

Moreno ayudó a salvar la vida al Papa como también lo ha hecho con pacientes de dudosa o ninguna reputación. Uno de los casos más llamativos fue el del narcotraficante Pablo Vioque, quien estuvo en la cárcel por ordenar el asesinato del ex fiscal antidroga Javier Zaragoza, y a quien trató de cáncer de colon con metástasis hepática. Moreno no hace distingos entre pacientes, principio que no siempre ha sido bien entendido por sus colegas de profesión. Una vez se lava y atraviesa las puertas del quirófano embozado hasta el gorro, Moreno se olvida de quién está encima de la mesa. También ha operado, entre otros, a Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés; María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta del Gobierno; Leopoldo Calvo Sotelo, ex presidente; Elvira Rodríguez, ex ministra de Medio Ambiente; los primos Alberto Cortina y Alberto Alcocer; el empresario José María Ruiz Mateos; el cantante Raphael; el torero César Rincón; José María Pomatta, ex presidente de la Mutua Madrileña, y Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón.

 

Un decreto para que ‘nunca’ se retire

 

A Pomatta le ha operado en dos ocasiones. La primera fue en 2004, año en que le trasplantó el hígado. Por aquel entonces, el empresario todavía llevaba las riendas de la aseguradora Mutua y se sintió tan en deuda con Moreno que no tuvo reparos en ponerle el mundo a sus pies. Pídeme lo que quieras, le dijo. De ahí devinieron la relación del doctor con la Fundación Mutua, de la que es presidente del Consejo Rector de Investigación, las becas para la formación de cirujanos y la fallida Ciudad de la Salud, el megalómano proyecto que Pomatta iba a levantar en Boadilla del Monte, con una inversión de quinientos millones de euros y la creación de tres mil quinientos puestos trabajo. A Moreno le ilusionaba formar parte de un proyecto tan ambicioso como lo era aquel complejo sanitario, con su bloque para tratar a los pacientes, otro bloque dedicado ex profeso para la investigación, y un tercero para la docencia y formación de médicos. Hablaba de aquel proyecto a todo quien quisiera oírle. Les pedía un lápiz y comenzaba a bosquejar la ciudad sobre una servilleta de papel igual que si fuera Leonardo da Vinci. Aquel proyecto, finalmente, quedó en agua de borrajas.

 

Moreno ayudó a salvar la vida al Papa como también lo ha hecho con pacientes de dudosa o ninguna reputación

A principios de este año volvió a operar a Pomatta y, meses después, practicó un trasplante hepático a Carlos Fabra. No se da un respiro. Es dueño de una vitalidad desbordante en lo profesional pero también en el personal. No en vano el año pasado, ya setentón, fue padre de gemelas. Por edad debería haberse jubilado, pero se resiste a ello. Continúa trasplantando en la Sanidad pública gracias a un decreto de eméritos aprobado por la Comunidad de Madrid que le permite operar incluso una vez cruzado el umbral de los setenta. Los sindicatos critican que todavía figure como jefe de servicio de cirugía del Hospital 12 de Octubre cuando ya solo podría ser personal emérito. Insinúan incluso que la Comunidad aprobó el mencionado decreto para que Moreno pudiera trasplantar al popular Carlos Fabra, pero las acusaciones llegan sotto vocce. No se atreven. No quieren. Quien más, quien menos, tiene un familiar al que ha salvado la vida, o un amigo, o un amigo de un amigo. Hay una teoría según la cual una persona está conectada con cualquier otra del planeta a través de un máximo de seis saltos. Para dar con alguien a quien el doctor Moreno haya salvado la vida no hacen falta tantos. Uno, dos, tres saltos a lo sumo.

 

Trabaja gratis para la Sanidad pública. En la privada, sin embargo, su caché suma unos cuantos ceros. Le echan en cara que es demasiado caro, que su consulta no es accesible a todos los bolsillos, aunque resulte imposible encontrar un tratado de metafísica capaz de fijar el precio de lo que cuesta una vida. Dicen de él que, de haber desarrollado su carrera profesional en Estados Unidos, ya sería Premio Nóbel por sus aportaciones al mundo de la cirugía y transplantes. En un magnífico reportaje de Jesús Rodríguez publicado en El País Semanal, los compañeros del cirujano hablan de ‘Dios’ cuando se refieren a Enrique Moreno. Y el nombre de Dios no se puede tomar en vano. Al menos, eso es lo que dice el segundo mandamiento.

Caza Mayor
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#118
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11 Octubre 2012. Ciudad de México.
Soy médico Mexicano, especialista en Trasplante de órganos, con 25 años de práctica profesional. Conozco a don Enrique, tuve la oportunidad de rotar con el en el Hospital &034; 12 de Octubre &034; hace algún tiempo, durante mi formación en Trasplante Hepático. Son ciertas algunas cosas, es un ególatra, presumido,se siente Dios, extremadamente prepotente, pero..... es un médico exepcional; magnífico diría yo, igual de ególatra y prepotente como somos TODOS los médicos,con la diferiencia de que don Enrique es un médico muy bueno, maestro de generaciones, autor de muchos libros...etc.Operar a un paciente como el citado, con CA de esófago, es un verdadero reto.Son pacientes difíciles, con un altísimo grado de complicaciones. Finalmente falleció.El milagro hubiera sido salvarlo, pero don Enrique no es Diós, sus pacientes, lo han querido ver así por todas las bondades quirúrgicas que posee, pero no lo es; es mortal como todos. Hubo error médico ? Hubo el deseo del médico de salvar de la muerte a su paciente.No se logró. Pero, no sacrifiquemos a un hombre que ha dedicado su vida a la medicina. No tengamos dos muertos. No crucifiquemos a don Enrique, no es Diós.
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#117
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¿Por qué la noticia dice que hay 99 comentarios cuando en realidad hay 117?
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#116
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&61672;Me parece increíble que alguien pueda llamar &039;MISERABLE&039; a la familia Morente, sólo porque están solicitando conocer los hechos sucedidos, cualquiera de ustedes en su lugar haría lo mismo. En este artículo se cuentan todas las lindezas del cirujano ¿y sus sombras? yo no soy una política famosa, ni una eminencia empresarial, soy hija de un humilde trabajador municipal que residía en VILLAVERDE BAJO [barrio de la periferia de Madrid], pero somos TAN PERSONAS como esos que se mencionan en este artículo. Para mí el doctor MORENO es el mismito ejemplo del DOCTOR INCOMPETENTE: desprecio al paciente y a su familia, desinterés y falta de conocimiento de la evolución del paciente, mala gestión de su equipo de trabajo, qué más??? NO MÁS EMINENCIAS EN NUESTROS HOSPITALES, espero que un día ustedes publiquen no sólo sus luces sino también sus sombras que son muchas.
FIRMADO: VÍCTIMA DE LA SOBERBIA DEL DOCTORCITO.
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#115
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Me parece increible que alguien pueda llamar &039;MISERABLE&039; a la familia Morente, sólo porque están solicitando conocer los hechos sucedidos, cualquiera de ustedes en su lugar haría lo mismo. En este artículo se cuentan todas las lindezas del cirujano ¿y sus sombras? yo no soy una política famosa, ni una eminencia empresarial, soy hija de un humilde trabajador municipal que residía en VILLAVERDE BAJO [barrio de la periferia de Madrid], pero somos TAN PERSONAS como esos que se mencionan en este artículo. Para mí el doctor MORENO es el mismito ejemplo del DOCTOR INCOMPETENTE: desprecio al paciente y a su familia, desinterés y falta de conocimiento de la evolución del paciente, mala gestión de su equipo de trabajo, qué más??? NO MÁS EMINENCIAS EN NUESTROS HOSPITALES, espero que un día ustedes publiquen no sólo sus luces sino también sus sombras que son muchas.
FIRMADO: VÍCTIMA DE LA SOBERBIA DEL DOCTORCITO.
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#114
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114 Dice usted:
& ES NORMAL QUE UN CIRUJANO PIERDA VIDAS, Y MÁS CUANDO DECIDE OPERAR A AQUELLAS PERSONAS QUE OTROS NO HAN QUERIDO PORQUE LO VEN IMPOSIBLE, ES ADMIRABLE SU LUCHA INTERMINABLE POR INTENTAR SALVAR A TODO AQUEL QUE SE PONE EN SUS MANOS PERO TAMBIÉN HAY QUE SABER CUÁNDO TIENES QUE PARAR, HAY QUE SABER CUÁNDO TIENES QUE ESTAR ALLÍ, HAY QUE SABER CUANDO TIENES QUE TENER MÁS HUMANIDAD.
LE CONOZCO Y COMO LE CONOZCO, SÉ QUE MUCHAS MUERTES SE PODRÍAN HABER EVITADO.

Creo que su opinión tiene mucho sentido pues solo se quema el que anda con fuego, pero en la última frase que usted escribe LE CONOZCO Y COMO LE CONOZCO, SÉ QUE MUCHAS MUERTES SE PODRÍAN HABER EVITADO. Se le va gran parte de su exposición pues da a entender de que si los hubiese dejado esas personas seguirían vivas y en cambio desde el principio usted nos dijo: ES NORMAL QUE UN CIRUJANO PIERDA VIDAS, Y MÁS CUANDO DECIDE OPERAR A AQUELLAS PERSONAS QUE OTROS NO HAN QUERIDO PORQUE LO VEN IMPOSIBLE

Como dice usted, le conoce y por lo que deja entrever sus palabras da la sensación que lo suyo se llama envidia o quizás ¿celos profesionales, talvez?
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#113
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Dios, no dudo que el doctor Moreno haya salvado muchas vidas, es más, lo puedo garantizar. Pero al igual que conozco su lista de logros, de premios, de avances en trasplantes, y muchas otras cosas, le conozco a él, conozco sus fracasos [casi los mismos que logros], sus meteduras de pata, su prepotencia...
Es normal que un cirujano pierda vidas, y más cuando decide operar a aquellas personas que otros no han querido porque lo ven imposible, es admirable su lucha interminable por intentar salvar a todo aquel que se pone en sus manos. Pero también hay que saber cuándo tienes que parar, hay que saber cuándo tienes que estar allí, hay que saber cuando tienes que tener más humanidad.
Le conozco y como le conozco, sé que muchas muertes se podrían haber evitado.
A veces deberías bajar de la octava planta a la última porque allí tienes a más de un paciente, ojalá no fueras tan cirujano y fueras un poco más humano...
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#112
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Al Doctor Don Enrique Moreno, no le conozco personalmente pero he estado muy cerca de su equipo y de el mismo durante todo el año 2011, pues no en vano la vida de mi segundo nieto [de 18 meses hoy] estuvo en sus magnificas manos desde los tres meses de vida hasta que cumplió un año y es que gracias a ellos el niño fue capaz de soportar dos transplantes de hígado y 7 operaciones menores asociadas a la patología que padecía [atresia biliar].
Ya digo que no le conozco en persona, y es así pues su equipo y el mismo se cuidan muy mucho de hablar con quien deben y donde deben, en nuestro caso siempre hablaban con mi hijo, mi nuera y en ocasiones con mi mujer.
Nosotros somos y residimos en Tenerife y desde aquí queremos hacer público nuestro apoyo a ese gran profesional y a todo su equipo pues siempre se han comportado con gran profesionalidad y con gran don de gentes .
Animo, que no son pocos los que creemos en ustedes.
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#111
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Estefsanta, perteneces al &034;grupo de amigos&034; del dr. Moreno alias &034;Dios&034; [y que Dios me perdone], qué vas a decir tu. Lo que cuento es absolutamente cierto, no se ofende cuando se dice la verdad y no entiendo por qué os revolvéis tanto cuando encotráis opiniones que no son las vuestras. Dice mucho de este dr. que necesite esbirros para intentar menospreciar a los que nos ha terminado de quitar la salud para siempre.. y yo tengo la suerte de estar viva y poder expresar lo que he vivido. Es absolutamente objetiva mi historia y la ignorancia viene cuando uno opina sobre lo que le han contado pero no ha vivido y lo defiende a ultranza, sin pensar nada más. ¿ignorante? tu, estefsanta, que opinas sin saber. En otro foro te pasé el resultado de mi electromiograma ¿no te acuerdas? tu decías que iban a aparecer muchas pitas con el tema de la crisis y te retrataste al hablar de dinero, cuando yo hablo de mi salud. Ignorante? y tu me lo preguntas... ignorante, eres tu.
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#110
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creo que esta señora o señor, porque oculta su nombre &034;LUPI&034; está un poco trastornada, además de ser una ignorante.
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#109
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¿Saben donde creo está el misterio? Es mi opinión, obvio. El higado lo tenemos todos igual, el pancreas lo tenemos todos igual.. los organos en todos los seres humanos están en el mismo sitio, con las mismas entradas y salidas, las mismas funciones.. El Dr. Moreno sabe muy bien como funciona todo esto pero.. ¿y si tu patología es peculiar, como lo era la mía, como lo es la mía? amigo, se pierde. Ya no es conectar dos tuberías ni dos más dos son 4, ni las nuevas tecnologías le ayudan ni es un cáncer de.. lo que sea [enfermedad maldita en la que él es bueno.. a veces, cuando tiene solución, claro. Bueno y si no la tiene el dice que si y luego te dice que lo intentó, por lo menos no hago más que leerlo en todos los foros] Aunque no lo creáis a veces una operación de adherencias es más complicada que un transplante. Y las adherencias son blancas, los nervios también y el tiene setentaynosecuantos años. En mi caso ¿no vió que me cortaba el nervio ilioinguinal? ¿No podía haberme informado de qué podía haber pasado durante la operación? Sus formas, su prepotencia....
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#108
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Calvario? el que tengo yo desde el año 2008 que se supone que solo el se atrevía y veía viable &034;curarme&034; [según él, claro] de un sindorme adherencial severo y salí con el síndrome acentuado y con el nervio ilioinguinal derecho cortado. Además, con la prepotencia que le caracteriza, cuando le comenté que tenía un dolor nuevo que me bajaba por la pierna me dijo que no entendía, que el no me había operado la pierna y que hiciera yoga que me veía nerviosa. He tardado 3 años en que un médico me dijera que fuera a un neurólogo y que este me mandara hacerme una prueba [electromiograma] que decía que tenía una rotura total de ese nervio. Después de la operacióm he estado otras 3 veces ingresada por pseudo-oclusiones y estoy en la unidad del dolor por el nervio porque es un dolor eléctrico que me hace muy dificil vivir, además de en manos de psicólogos y psiquiatras porque esto, más el sindrome adherencial, es mucho dolor para llevar de por vida ¿calvario? los que el deja. Es buen fontanero pero como médico es un desastre y como ser humano más. Yo creía que no podía estar peor hasta que confié en él.
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#107
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Soy una trasplantada desde hace 12 años, me llamo Maria LUISA LOPEZ BURGOS, y gracias al doctor MORENO, he podido conocer a mis nietos, porqué gracias a este doctor y al donante he podido y vivo durante todos estos años, el doctor MORENO ,se puede haber equivocado , es humano como todos , pero ha salvado a muchísima gente como es mi caso, y yo al menos, por ello le estaré agradecida eternamente.
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#106
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Soy una trasplantada desde hace 12 años, me llamo Maria LUISA LOPEZ BURGOS, y gracias al doctor MORENO, he podido conocer a mis nietos, porqué gracias a este doctor y al donante he podido y vivo durante todos estos años, el doctor MORENO ,se puede haber equivocado , es humano como todos , pero ha salvado a muchísima gente como es mi caso, y yo al menos, por ello le estaré agradecida eternamente.
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#105
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Hola, soy Ángeles Simón de Almería.
Y paciente del profesor, D. Enrique Moreno
Llegué en 2005 a sus manos en muy malas condiciones, y gracias a él y a su sabiduría y profesionalidad, todavía estoy aquí.
Mi comentario es el siguiente:
Que se tenga en cuenta tantas y tantas vidas que lleva salvadas incluyendo la mía.
Y su dedicación y trayectoria tan impórtate,
No se es príncipe de Asturias si no se consigue en la vida todo lo que el a conseguido hay que ser alguien muy muy especial. Y el profesor moreno lo es.
Yo lamento profundamente todo lo que le esta pasando.
Animo profesor siempre le estaré eternamente agradecida.
Desde aquí le mando mi más sincero saludo.
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#104
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Como es posible que quieran juzgar al Dr Moereno, Por una muerte, cuaando en realidad se dedica a dar vida, como me lo hizo a mi en dos tranxplantes de higado, hace 20 años me devolvio a la vida en dos ocasiones, no tengo palabras de agradecimiento, y mi opinion respecto a lo de la familia de Enrique Morente es que no buscan justicia, lo que buscan es venganza y dinero algo muy distinto a los que ellos llaman justicia, asi que los que creemos de verdad en la justicia, y no en la venganza estamos tranquilos, ya que la palabra justicia significa armonia, muy distinto a la venganza, que es la satisfaccion personal de ver condenar a un inocente.
Dios le guarde muchos años mi querido Salvador, D.Enrique Moreno Gonzalez, saludos.
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