Carabante, el constructor que acabó con el descubridor de Fernando Alonso

El constructor murciano José Ramón Carabante ni es murciano ni ejerce actualmente de constructor. Se maneja bien entre pagarés y cheques al portador, pero siguiendo ese

El constructor murciano José Ramón Carabante ni es murciano ni ejerce actualmente de constructor. Se maneja bien entre pagarés y cheques al portador, pero siguiendo ese pensamiento tan arraigado en España de que los mejores negocios son aquéllos que se hacen sin dinero. La pasta que la ponga otro. Tampoco tiene amigos. Al menos, no tantos como presume tener. Aunque es una persona jovial y de lenguaje gestual afable, los que le rodean le dan la espalda. No se fían de él. Sólo se apoya en su hijo homónimo. Parece lo que no es. José Ramón Carabante es el constructor imaginado. 

 

Nació en Málaga en 1952 pero hace ya más de una década que arribó en Murcia, tierra en la que abundan los ediles de moral laxa. Allí está instalado en el edificio Hispania, en la plaza de la Fuensanta, frente a El Corte Inglés. Carabante domina la ciudad desde este inmueble, a la sazón uno de los emblemas de la ciudad, del que es propietario. También posee una mansión enjalbegada en Moratalla a caballo entre el palacio de Buckingham  y el parque de ocio Terra Mítica. La finca cuenta, entre otros, con capilla, piscinas, terrenos para plantar viñedos (este año dará su primera cosecha) e instalaciones para criar nueve mil cabezas de ganado y una yeguada. Hace poco se supo que la Fiscalía investigaba los permisos otorgados tanto por el gobierno murciano del Partido Popular como por el Ayuntamiento de Moratalla, ahora de carné PSOE, que han permitido levantar este palacete en terrenos protegidos no urbanizables.

 

Si no les gusta, que no miren”, dice José Carabante a sus críticos. “Pero por ahora ni he recibido una notificación ni me ha llamado nadie. Ni el juez ni el fiscal. La finca cuenta con todos los permisos. A mí me gustaría que viniera alguien de Medio Ambiente o Ambiente Entero para que lo viera”, declara desafiante a El Confidencial. “Puedes medir la obra al centímetro que no hay nada ilegal. Yo quiero mucho a Murcia, pero no soy murciano y jamás me han tenido que recalificar un terreno”. 

El presidente de Murcia le rehúye a pesar de patrocinar su monoplaza con tres millones a cambio de una pegatina que sólo se ve con lupa de veinte aumentos.

Luce pátina de constructor, aunque, crisis mediante, ya no se dedica a esta actividad salvo para gestionar sus oficinas, centros comerciales y un puñado de acciones que mantiene en Reyal-Urbis. Nada de promociones. Ahora está centrado en el deporte. Se convirtió en el dueño del Club Baloncesto Murcia tras la marcha de Polaris World del accionariado y es propietario del equipo de Fórmula-1 Hispania Racing Team, lo que le permite pasear su mostacho de jugador de mus por los grandes premios de medio mundo al igual que hace Botín con su visera roja del Santander.

 

Al paddock se ha llevado los vicios que arrastraba como promotor de provincias. Carabante tiene fama de mal pagador. Te invita para que vayas a su barco, pero después se le olvida; te dice que pone un avión a tu disposición, pero lo único que sobrevuelan los cielos son pajaritas de papel; te dice que ya ha abonado el dinero en tu cuenta, pero los fondos no llegan o, en el mejor de los casos, llegan tarde.

 

Del piso piloto a ‘pilotar’ un coche de carreras

 

J.R. Carabante entró en el circo de la Fórmula 1 de la mano de José Ángel de la Casa, periodista deportivo y directivo de compañía de marketing Meta Image, que fue quien le puso en contacto con Adrián Campos. El ex piloto y director de Campos Racing llevaba más de doce años intentando colocar un equipo español en la F-1. Sólo le faltaba financiación. En una comida-homenaje a Bruno Méndez, campeón de España de Fórmula 3, Campos hizo saber a Meta Image de su proyecto y necesidades económicas. No había problema, le dijeron los de Meta. Semanas después, le traían a Carabante debajo del brazo. Jamás olvidará Adrián Campos aquel día.

 

El constructor empezó con una pequeña participación en Campos Meta, que así se llamaba entonces el equipo de F-1, pero poco a poco fue echando al resto de accionistas hasta convertirse en el único dueño. Llevó la compañía al límite hasta expulsarlos a todos. Creyeron que Carabante iba a ser la panacea a sus problemas económicos y en realidad se convirtió en su Némesis. No cumplía con los proveedores. “Llama al banco que ya te lo he pagado”, les decía. Pero la cuenta seguía sin moverse.

 

La situación se hizo insostenible para Adrián Campos. “Bernie, sácame de aquí”, pidió al presidente de la FIA. Tras sondear el mercado, Ecclestone dio con el alemán Colin Kolles como sustituto. Campos, después de dejarse media vida intentando llegar a la Fórmula 1, no llegó a presenciar ni la primera carrera de su equipo. Carabante, por su lado, pudo comprarle las acciones gracias al dinero fresco recibido de Banco Popular.

 

A Adrián Campos, descubridor de Fernando Alonso y artífice de que Valencia tuviera Gran Premio de Fórmula 1, “le jodieron la vida”. Su mayor sueño se lo había apropiado un promotor de provincias. Carabante se la jugó a Campos al igual que hizo con el piloto Carlos Sainz, al que utilizó como puente de plata con Toyota con el objeto de subcontratar el equipo japonés. El constructor afincado en Murcia también dejó a Sainz y Toyota en la estacada pese a tener firmado un acuerdo con ellos.

 

“Es cierto que hubo un incumplimiento de contrato con Toyota por un pago de cuatro millones de euros, pero en este mes lo habremos arreglado”, asegura Carabante, quien justifica a su vez la toma de control del Hispania Racing Team y la marcha de Campos y Meta: “Nosotros entramos casi obligados para apoyar un proyecto empresarial y luego nos dimos cuenta de que ese proyecto no era tal, que nos habíamos comprometido a aportar cuatro millones de euros y que ya habíamos puesto mucho más”.

 

Los amigos de Carabante y otros sospechosos habituales

 

A Carabante le cuesta hacer amigos. El presidente de la región de Murcia, Luis Ramón Valcárcel, le rehúye a pesar de que su gobierno patrocina su equipo de Fórmula-1 con tres millones de euros anuales a cambio de una pegatina en el monoplaza que sólo se ve con lupa de veinte aumentos. Valcárcel le dio plantón el día de la presentación del Hispania. No quiere ninguna fotografía con él por lo que pueda pasar. Tampoco se lleva con sus socios de 7RM, la televisión autonómica de Murcia en la que Carabante tiene una pequeña participación. Tomás Fuertes (dueño de El Pozo y ahora accionista de Sacyr), José Hernández (del grupo hortofrutícola Paloma, ubicado en Mazarrón) o León Heredia (Prodher), todos ellos dentro de 7RM, no le tienen en alta estima.

 

Su único aliado reconocido es Trinitario Casanova, una especie de clon de Carabante con el que comparte modo de hacer negocios y edificio. Casanova fue el fundador del Grupo Hispania e impulsor del polémico proyecto de La Zerrichera. También tuvo un paquete significativo de Banco Popular que le dio más disgustos que nombre. Cuando el precio de las acciones inició su particular desplome, el banco le apretó y Carabante salió en su ayuda comprándole el grupo por cien millones de euros. Le dio cincuenta en mano y le dejó a deber otros cincuenta. No se los pagó. Prefirió dar hilo a la cometa hasta que el caso acabó en los tribunales. Un laudo arbitral conocido la semana pasada resuelve que el dueño del Hispania debe abonar 35 millones a Casanova. A pesar de las puñaladas propinadas, aseguran seguir siendo amigos. Entre pillos anda el juego.

 

“Trinatario es amigo mío. El ha defendido con honradez su postura y yo la mía, pero nos seguimos llevando bien. El otro día sin ir más lejos estuvimos juntos tomando café y charlando”, dice Carabante. “Fernando Alonso, Pedro Martínez de la Rosa y Carlos Sainz también son amigos míos”, continúa. “…Y Fernando Martín (Martinsa), y Rafael Santamaría (Reyal), y Luis Nozaleda (Nozar). Mis amigos son los mismos desde hace treinta años. Nunca he tenido ningún problema con ellos”, añade como corolario, aunque ni en el mundo del motor ni en el del ladrillo comparten del todo esta opinión.

 

Carabante aplica la filosofía del constructor a todos los ámbitos de la vida, esto es, comprar terrenos yermos, rodearse de vips para su gestión (Boyer en sus sociedades de inversión; Tapias, Cortina y Delso en los coches), ponerle un cartel de neones donde diga ‘se vende’ y a partir de ahí a hacer fortuna. La Fórmula 1 no escapa a esta particular forma de entender los negocios. “Tiene una repercusión que no te puedes imaginar. Nos está abriendo muchas puertas en otros países. Nos llaman presidentes y ministros”, dice Carabante, que sabe que, en tiempos de crisis, lo más sencillo y barato para un constructor no es vender viviendas sino levantar castillos en el aire.

 

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Caza Mayor
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