Viernes, 17 de mayo de 2013

¿Teles públicas? “Con mis impuestos, no”

15/11/2011
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Posiblemente sea el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) más caro y doloso que se recuerde en España. Pagaba el Estado. De un lado, Jaime Gaiteiro, el financiero que la Sepi había colocado en RTVE, y Eduardo Gómez de Enterría, del despacho Sagardoy, que fue prácticamente expulsado de la mesa negociadora; del otro lado, CCOO, UGT, USO, CNT, más el sindicato de cuadros medios, más Raimundo y todo el mundo. Las conversaciones transcurrieron como una balsa de aceite. La cúpula de RTVE no cicateó con el parné quizá por eso de que la mayoría de ellos también se prejubilaba. Cuanta más pasta cerraran, más se llevaban. A mediados de 2006, la Sepi acordó con los sindicatos una reducción de 4.150 puestos de trabajo con el 92% del sueldo neto más los convenios especiales suscritos con la Seguridad Social. El coste máximo del ERE se calculó en más de 1.680 millones de euros. En resumidas cuentas, unos 400.000 euros por barba. Los llamaron los ‘prejubilados de oro’.

A pesar de lo lucrativo del pacto, los trabajadores del canal no cejaron en sus quejas. “Quieren matar la televisión pública”, “nos echan”, “quieren acabar con la pluralidad informativa”. Un mantra recurrente en las plantillas que cohabitan en los grises edificios gubernamentales. La Sepi se explicaba pidiendo clemencia: “Si es un plan de bajas voluntarias. No es obligatorio”. Finalmente, se apuntaron todos menos dos. En una de las asambleas para dar el visto bueno al acuerdo, un trabajador tomó la palabra y preguntó por Internet. Las partes negociadoras se pusieron a revolver papeles. No sabían a lo que se refería. “Cuando estoy en la oficina tengo acceso a Internet, pero ¿qué sucede cuando me manden a casa?, ¿cómo lo hago?, ¿quién corre con ese coste?”, asestó en tono de reproche. Además de llenar el zurrón, pretendía que el Estado le pagara el ADSL hasta los sesenta y cinco años.

Sirva esta anécdota para mostrar esa pátina privilegiada casi intocable que envuelve a la Corporación pública y que, lejos de ir difuminándose con el transcurso del tiempo, se ha mantenido incluso en estos momentos difíciles en los que desde algunas atalayas se exige un sacrificio al conjunto de la ciudadanía. Tal y como revela Daniel Toledo en estas páginas de El Confidencial, la Memoria del 2010 de RTVE recoge, entre otras regalías, una paga extraordinaria por cada diez años de permanencia en la televisión, dos meses de vacaciones remuneradas a quienes tengan veinte años de antigüedad, así como una compensación de casi mil euros a los que se jubilen anticipadamente a los 62. Y más y más. De tratarse de una empresa privada, hace ya tiempo que habrían tenido que echar el cierre por bancarrota. La minoría ilustrada que sale en defensa de RTVE arguyendo su función pública -necesaria por otra parte a la hora de cubrir determinados eventos de interés general- parece olvidarse de la cuestionable calidad de los contenidos y, sobre todo, de la carestía de los mismos.

La minoría ilustrada que sale en defensa de RTVE arguyendo su función pública -necesaria a la hora de cubrir determinados eventos de interés general- parece olvidarse de la cuestionable calidad de los contenidos y, sobre todo, de la carestía de los mismos

Televisión Española continúa disparando con pólvora de Rey cuando hace ya tiempo que a este país se le acabaron los cartuchos. Ricardo Macías Picavea, regeneracionista del siglo XIX cuya obra acaba de publicar Algón Editores bajo el título Los males de España, una selección de textos que cobra actualidad por la fatal recurrencia de determinados problemas y actitudes, daba una solución tan brillante como obvia a tamaño despilfarro público: “Cuestión del personal. ¿Quién ha dicho que nuestra Administración es la inmensa Casa de Beneficencia de la nación exhausta? Pues es una definición totalmente exacta por arriba, por abajo, por delante y por detrás (…). ¿Qué son todos esos empleados? ¿Ensuciatintas? ¿Qué utilidad positiva de civilización, de culta, de producción prestan? Ninguna. Cosa peor: producen incalculables perjuicios obstructivos. Pues a transformar sus funciones, a convertirlas en fuerza útil y utilizable. Los demás, fuera, al aire libre: a trabajar en los campos y en las calles”.

Buena nota debería tomar Rajoy de las recomendaciones de Picavea. En el etéreo programa del PP (más que programa se trata de un acto de fe), apenas hay referencias a Radio Televisión Española. Hablar de la Corporación es como mentar la bicha: nunca trae nada bueno. El único en arriesgarse -y de esa forma- ha sido el vicesecretario general de Comunicación, Esteban González Pons, quien anunció la intención del PP de integrar la Corporación y la agencia de noticias Efe una vez llegue al poder. Poco más. A los populares les cuesta manejar la cosa pública, especialmente cuando hay personajes catódicos de por medio. Sin embargo, no son pocos los que han indicado al taimado líder del PP que aproveche la situación, que coja el toro por los cuernos, que la crisis es la excusa perfecta para acabar con los privilegios y poner orden en la casa, algo a lo que jamás se han atrevido.

Más concreción muestra el apartado referido al modelo de financiación de las televisiones autonómicas. El PP pretende acabar con ese agujero sin fondo y promete su privatización. Para ser más exactos: promete una ley que permita la entrada de inversores privados bien en su capital, bien en la gestión del canal, lo que no deja de ser un brindis al sol. En una coyuntura como la actual, ningún grupo quiere para sí semejante trágala. En Génova están convencidos de que no van a lograr endilgarlas a nadie por mucho lacito azul con forma de gaviota que pongan al paquete. Las televisiones autonómicas costaron al contribuyente más de 2.400 millones el año pasado, de los que 1.918 hay que contabilizarlos como subvenciones y otros 535 como pérdidas. No hay más que hablar. Esa será una de las primeras pruebas de fuego para un Rajoy que, una vez se mude a La Moncloa, tendrá que debatirse entre las exigencias de una Europa que le requiere un severo plan de ajuste y una contestación social que amenaza con emular la virulencia de países vecinos.

En las redes sociales se ha comenzado a propagar la especie: “Televisiones públicas: con mis impuestos, no”. Más vale hacer tábula rasa y comenzar de nuevo. Ya lo dijo Rosa Díez en una entrevista en El Confidencial: “¿Que qué haría con las televisiones autonómicas? Cerrarlas. Las cerraría todas”.

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COMENTARIOS

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71Arcano1964 18/11/2011 | 14:06

No creo que haya que quitarlas, pero sí obligar a que sean financieramente autónomas, lo que significa que vuelva la publicidad a RTVE y que sea una gestión como si de una empresa privada se tratara.

Y si quiebra, se liquida y olvida.

¿Las autonómicas? la misma vía.

Subvenciones, cero, por supuesto.

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70manuels 16/11/2011 | 09:33

Soy partidario de que exista una oferta de televisión pública que conviva con las televisiones privadas. Eso sí con una serie de condiciones:
1.-No puede ser un chiringuito privado en el que se den ERES vergonzosos como el que ha existido en RTVE. Por cierto ¿hay alguna posibilidad de que devuelvan la pasta?
2.-Pluralismo interno [ya no pido que no sea del gobierno de turno]
3.-Que se trabaje. Ayer, sin ir más lejos, estuve veinte minutos esperando a que el conserje de uno de los edificios de RTVE apareciera.... Vergonzoso. Eso sí, el centro empapelado por los sindicatos que se presentan a las elecciones.
4.-La oferta pública no puede costar una millonada, ni tener canales por doquier: dos canales a nivel nacional, uno autonómico y otro local bastan. Y me parecen ya muchos. Todos ellos con su correspondiente plan de viabilidad, con publicidad para que no nos cuesten directamente...
5.-Control de sus dirigentes, sindicatos... y sus gastos.

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69manuels 16/11/2011 | 09:11

Lo cierto es que como dice Cardero algo hay que hacer con el inmenso agujero negro que suponen las televisiones autonómicas y demás zarandajas.
Hay que reordenar el panorama televisivo español, pues tampoco es de recibo que las concesiones de TDT se dieran en cada comunidad a los amiguetes y.... claro como todos se mueven en el mismo espacio ideológico... ruina para todos.
La forma de arreglarlo no es con el método del pucherazo que utilizó ZP: dos canales analógicos en abierto para los amigos: la Cuato y la Sexta. Verdadero escándalo que superó a aquel otro que permitió que uno de los optaba a un canal de televisión privada pudiera hacerlo en codificado [Canal Plus]
Tampoco debería permitirse la concentración de empresas de comunicación ¿Por qué un grupo mediático tiene que tener radio, televisión y prensa?

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68manuels 16/11/2011 | 09:05

Creo que integrar RTVE y Efe es una barbaridad por varias razones. La primera porque se trata de negocios -de funciones si quieren- diferentes. La segunda porque no se debe permitir la concentración de medios de comunicación y, por último, porque esa unión no aporta nada. Las ocurrendas de Sr. González Pons -admirado por mi parte hasta hace cuatro meses, no debería ser tenidas en cuenta.

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67skeptical side 15/11/2011 | 22:18

#27 la grandeza de LAS-EXPAÑAS es su riqueza cultural ,

aquí no es obligatorio aprender las lenguas patrias ,

pero si deben de coexistir con el castellano ,la lengua dominante ,de no ser mejor ,tampoco peor ,

estoy en contra de la inmersión brutal

con el gallego ,usted se puede entender con todos los países colonizados por Portugal ,BAHHH UNOS CUANTOS MILLONES DE PERSONAS

lo mismo sucede con otras facetas intrínsecas a las regiones ,las cuales en las tvs estatal y comerciales no tienen cabida ,es ahí donde las cadenas de las CCAA hacen un gran papel

lo dicho ,deben seguir existiendo CON RIGOR EN EL GASTO Y MEJOR GESTIÓN

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Nacho Cardero (Guadalajara, 1974) es el director de El Confidencial desde marzo de 2011. En este tiempo, el diario ha registrado sus mayores cuotas de audiencia y se ha consolidado como referente de los medios nacionales. Antes había ocupado los cargos de subdirector y redactor jefe. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, también ha pasado por las redacciones del diario El Mundo y la revista La Clave. Unas tiras de celo sujetan a Kipling (If) en las paredes de su estudio. Ha publicado varios libros. El último de ellos exclusivamente por Internet: Los señores del ladrillo (Bubok, 2011).

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