
Desde ayer somos algo más pobres. Lo comentaba recientemente uno de los escasos banqueros que ha salido indemne del tsunami del rescate: “El sueldo medio del español será de seiscientos euros netos al mes de aquí a tres años”. Una afirmación que podría entenderse como una boutade, una provocación destinada a sonrojar al interlocutor, y que, sin embargo, se encamina por desgracia a convertirse en una realidad. La devaluación interna que sufre el país comienza a permear todos los estratos sociales.
Si alguien hubiera presagiado hace tres años que el IVA alcanzaría el 21%, que el Gobierno se vería forzado a quitar la paga de Navidad a los funcionarios y recortar las prestaciones por desempleo, nos habríamos apresurado a lapidarle en plaza pública acusándole de apocalíptico y antipatriota. Pero hoy nos encontramos a 12 de julio de 2012, veinticuatro horas después de que Mariano Rajoy haya presentado uno de los mayores recortes de la historia, y ése es el escenario al que nos enfrentamos. Salarios de derribo para un país en quiebra, donde los ricos han dejado de ser ricos, la clase media se encuentra capitidisminuida y los parados ya no saben siquiera lo que son.
Un Mariano Rajoy serio y resignado, con ese halo de incomprensión con el que acompaña sus gestos, subió a la tribuna del Congreso para anunciar medidas tan necesarias como dolorosas que a buen seguro tardaremos tiempo en calibrar. De haberlas realizado hace siete meses, se habrían entendido como la inmolación de un presidente del Gobierno dispuesto a sufrir una catarata de huelgas generales y sacrificar su reelección para salvar el país. Ayer, en cambio, no daba la impresión de tratarse del jefe del Ejecutivo sino de un gestor a cargo de una compañía en suspensión de pagos que ha terminado capitulando y entregando las llaves a sus acreedores. La troika hablaba por boca de Rajoy. No había opción. El Memorando de Intervención (eufemísticamente denominado de “Entendimiento”) así lo exigía. “Hago lo único que se puede hacer para salir de esta postración”, confesaba Rajoy a sus señorías.
Pero no, señor presidente, usted podía haber hecho más. Como acertadamente le recordó Rosa Díez, tenía la posibilidad de “optar entre el Estado del bienestar y el actual Estado de las autonomías”, y usted se decantó por el segundo, por mantener los privilegios de las comunidades y suprimir derechos a los ciudadanos.
Porque dígame, señor presidente, cómo se pueden bendecir estos recortes sociales si en la Comunidad Valenciana, gobernada por el PP (Alberto Fabra), todavía hay tres canales de televisión que chupan de las arcas públicas como sanguijuelas, si en Telemadrid (Esperanza Aguirre) un puñado de cargos gana más que el propio presidente del Gobierno, y en Castilla-La Mancha (María Dolores de Cospedal) ponen chóferes para que los invitados acudan a los programas emulando a las starlets de Hollywood; cómo se pueden anunciar unas medidas tan draconianas, tan perniciosas para el ciudadano, si Fomento sigue obcecado en construir el AVE a Galicia por 9.000 millones de euros, si hay aeropuertos abiertos como el de Huesca que apenas reciben cinco pasajeros al mes, si este 2012 se van a pagar 700 millones de euros más en primas a las renovables que el ejercicio pasado, si el Ejecutivo sale finalmente al rescate de las concesionarias de autopistas igual que ha hecho con la banca. ¿Acaso alguien puede entenderlo?
No hay precedente de un hachazo similar a la renta disponible de las familias. El consumo amenaza con desplomarse. Con las medidas de ayer, los expertos vaticinan recesión hasta al menos 2014 y una travesía en el desierto de, como mínimo, una década. Rajoy ha encontrado un extraño aliado en el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, que ejerce de hombre de Estado con el objeto de salvaguardar el legado de los anteriores gobiernos PSOE-PP. Pero no es el único ni el principal. La sociedad española, consciente de que no queda otra que tirar para delante y asumir los sacrificios, también está dispuesta a arrimar el hombro. Ahora bien, no se trata de un apoyo gratuito. Como contrapartida exige empezar a mover los cimientos autonómicos, poner coto al gasto superfluo y cerrar unas cuantas televisiones.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
78DONERREQUEERRE 24/09/2012 | 11:49
Por supuesto que D.Mariano podia haber hecho más:
Como medida preventiva y para abrir boca,meter en la cárcel a ZP y a todos los políticos, de cualquier partido, que han participado en la orgia del despilfarro durante el tiempo que ese descerebrado estuvo en el poder. Recuerden los españoles que Aznar, independientemente de cualquier consideracion, DEJO LAS ARCAS LLENAS.
Al autor del articulo se le ha olvidado, meter a Cataluña y a los vascos en todo el tinglado, cuando estas dos regiones o comunidades son las principales tocapelotas del panorama nacional, no sé el resto de españoles, pero yo estoy hasta los mismísimos de sus constantes reivindicaciones. ¡¡ Por mí se pueden ir a la mierda !! Que nos dejen en paz.
Por ultimo, D.Mariano podia y puede hacer más : Quitar de una p. vez las autonomias, que son nidos de corrupcion galopante y despilfarro delirante de nuestro dinero.
76rido eleonora 12/07/2012 | 22:13
# 74 - Pues, porque de qué van a vivir los que ellos mismos han colocado en la política; que es una manera como otra cualquiera de moverse por este mundo -normalmente cómoda- pero con cierta similitud al "qué inventen ellos" de Unamuno pero en este caso "que paguen otros". Desengáñese, mucho más feo tiene que ponerse todavía "esto" para que los políticos con poder decizan pegarse un tiro en el pie.
75rido eleonora 12/07/2012 | 22:01
#70 - Perdón, quería decir "Algún forero, más o menos, HA CUANTIFICADO...
74soydeasturias 12/07/2012 | 21:28
SEÑOR MARIANO
¡¡¡que vergüenza¡¡¡¿no podria haber puesto una solución a este atropello?
¿porque no anulo las autonomias de inmediato?¿porque no redujo los politicos y que estos se fueran al paro?¿porque no empezó a hacer los arreglos por las bases?¿porque le importa tan poco que todos sus votantes se mueran de hambre?
¿no tiene conciencia?
Nacho Cardero (Guadalajara, 1974) es el director de El Confidencial desde marzo de 2011. En este tiempo, el diario ha registrado sus mayores cuotas de audiencia y se ha consolidado como referente de los medios nacionales. Antes había ocupado los cargos de subdirector y redactor jefe. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, también ha pasado por las redacciones del diario El Mundo y la revista La Clave. Unas tiras de celo sujetan a Kipling (If) en las paredes de su estudio. Ha publicado varios libros. El último de ellos exclusivamente por Internet: Los señores del ladrillo (Bubok, 2011).