Martínez-Pina, un caballo de Troya de Guindos en la CNMV

Los nombres de Albella y Martínez-Pina han sido previamente pactados por ‘G & G’, Guindos y Garicano, quienes, ‘mutatis mutandis’, se convierten en próceres de la futura CNMV

Foto: PLL.
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¿Quién controla a quién? Una vez las cartas vistas encima de la mesa, con los primeros y segundos escalones ya nominados, así como otros cargos públicos de relevancia, toca hacer valoración de quién gana y quién pierde en la segunda égida de Rajoy al frente del Gobierno. Un juego de mesa, al que podríamos llamar el ‘monopoly del poder’, que consiste en tratar de adivinar dónde llegan los tentáculos de cada cual y hacia qué lado vence la balanza de la capacidad de influencia. En resumidas cuentas, quién controla a quién.

En este baile de fichas, hay unos actores relevantes del tablero económico, como las grandes firmas de auditoría, que creen haber salido perdiendo tras conocerse los candidatos propuestos por el Consejo de Ministros para presidente (Sebastián Albella) y vicepresidenta (Ana María Martínez-Pina) de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Las Big Four —que incluyen a Deloitte, EY, PwC y KPMG— consideran que con esta designación el ministro Luis de Guindos les ha lanzado un torpedo en su línea de flotación.

Las maledicencias no han dejado de escucharse desde entonces a lo largo y ancho del paseo de la Castellana. Las críticas no van tanto dirigidas a Albella, futuro presidente, al que de alguna forma consideran uno de los suyos, padre e ideólogo de la actual CNMV, sino hacia su número dos, Ana María Martínez-Pina.  

Sebastián Albella, candidato propuesto por el Gobierno para presidir la CNMV.
Sebastián Albella, candidato propuesto por el Gobierno para presidir la CNMV.

De Albella dice Manuel Conthe, quien también fuera responsable del organismo supervisor, que es “un candidato inmejorable, que conoce los mercados de valores desde la doble perspectiva del regulador y de los regulados (…) y que, tras una brillante carrera profesional como abogado en el sector privado, está dispuesto a regresar al sector público para ponerse al frente de una institución pública que él mismo contribuyó a alumbrar jurídicamente hace casi 30 años”. Fue, de hecho, el demiurgo de la Ley del Mercado de Valores de 1988.

Aunque tiene un flanco débil, que son los últimos años que ha pasado en el despacho de abogados internacional Linklaters, y antes en Ramón y Cajal Abogados, firma de la que fue cofundador, en lo que podría suponer un peculiar caso de ‘puerta giratoria inversa’, nadie duda de que pasará el ‘hearing’ del Congreso. Otra cosa distinta es lo de Martínez-Pina.

La llegada de una vicepresidenta cien por cien de Guindos a un organismo independiente como la CNMV no ha sido bien interpretada por las Big Four

La llegada de la vicepresidenta de la CNMV, una mujer cien por cien de Luis de Guindos, ha sido interpretada como el caballo de Troya que el ministro de Economía e Industria quiere colocar en la comisión, a la sazón un organismo independiente del Gobierno, para monitorizar desde la distancia el mundo del parné y los mercados de valores. Al igual que sucediera con Elvira Rodríguez, su perfil aparenta ser más político que técnico, y no le resultará tan sencillo sacar adelante el informe de idoneidad del Parlamento. 

Arrastra aparentemente algunas incompatibilidades personales y otras profesionales. Entre las personales, hay que destacar el hecho de que su hermano, Pablo Martínez-Pina, aparezca como socio de Transacciones para el sector asegurador de PricewaterhouseCoopers (PwC), es decir, socio de la firma que se encarga de auditar compañías tales que Telefónica y Santander, lo que implica llevar como clientes a un trozo importante de la tarta del Ibex 35, índice que la CNMV se encarga de vigilar. Además, luego estarían los interrogantes puramente profesionales derivados de sus anteriores responsabilidades.

Ana María Martínez-Pina entró en el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) en el año 2003, siendo jefa de Área y subdirectora general adjunta de Normalización y Técnica Contable hasta febrero de 2012, momento en el que fue designada presidenta de este organismo por Luis de Guindos. Destacar que el ICAC depende directamente del Ministerio de Economía.

De Guindos, junto a Ana María Martínez-Pina, propuesta para ocupar la vicepresidencia de la CNMV. (EFE)
De Guindos, junto a Ana María Martínez-Pina, propuesta para ocupar la vicepresidencia de la CNMV. (EFE)

Como presidenta de este instituto, Martínez-Pina chocó de frente con las Big Four, por la Ley de Auditoría de Cuentas aprobada el año pasado y por la sanción de 12 millones de euros que impuso a Deloitte por su participación en la salida a bolsa de Bankia, dos circunstancias que han dejado una mácula difícil de borrar en la imagen de estas multinacionales.

Tal vez por ello, en la lista de enemigos públicos de las firmas de auditoría, Martínez-Pina figura en un lugar destacado, aunque ella nunca ha sentido “ninguna hostilidad (…). El sector de la auditoría es fuerte y cuando se elabora una norma que regula su actividad, ellos utilizan todas las herramientas que tienen para influir”.

Realmente, la hostilidad de las Big Four no va tanto dirigida hacia Martínez-Pina como al hecho de que el organismo que regula su actividad, el ICAC, cuelgue directamente del Ejecutivo y no tenga un mínimo nivel de independencia política, como sucede con el Banco de España, CNMC y CNMV. En definitiva, se quejan de que su actividad esté al albur de las decisiones que tome el partido en el poder y no de criterios puramente técnicos.

El titular de Economía toma así posiciones en una futura ‘super-CNMV’ que integre también al Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC)

Ciudadanos recogió el guante de las auditoras y, en el conjunto de medidas que presentó al PP para facilitar la investidura de Rajoy, incluyó la creación de una Autoridad de Protección al Consumidor e Inversor Financiero que, a partir de la CNMV, “se ocuparía de la supervisión de las compañías de auditoría (siguiendo el modelo dominante en la UE) que actualmente desempeña el ICAC. Esta autoridad mantendría un régimen de independencia similar al de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y estaría financiada íntegramente por tasas de la industria”.

Adelantándose a lo que está por llegar, esto es, a la desaparición del ICAC y a su integración en una ‘super-CNMV’ ajena a criterios políticos, Guindos se habría disfrazado de Magnus Carlsen moviendo uno de sus peones para colocarlo como número dos del órgano supervisor de los mercados. Se trata de seguir manejando los hilos una vez le quiten el muñeco. Para Guindos, el ICAC no se destruiría sino que se transformaría. Igual que la energía.

No obstante, y por mucho que el PSOE y especialmente Podemos les puedan afear estos nombramientos, todo apunta a que ambos se van a materializar por eso de que han sido previamente pactados por ‘G & G’, Guindos y Garicano, quienes, ‘mutatis mutandis’, se convertirán en los próceres de la futura CNMV.

Caza Mayor

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