Sánchez y su transformación en ‘Taxi Driver’

Pedro Sánchez, aislado, sin equipo ni financiación, se muestra incapaz de superar el golpe de los coroneles con el que le sacaron de Ferraz aquel ya famoso 1 de octubre de 2016

Foto: Imagen: Pablo López Learte
Imagen: Pablo López Learte

“No puedo evitar que me produzca una sensación de lástima”, “está solo, no tiene prácticamente a nadie”, “hay unas cuantas cosas que no ha podido superar”, “un día te dice que sí y otro día que no se va a presentar a la secretaría general”, “su comportamiento no está siendo racional sino que sale de las tripas, de los engaños y desengaños de las relaciones humanas que ha mantenido dentro del partido…”.

Valgan estas frases sueltas, sacadas de conversaciones con el entorno de Pedro Sánchez, un entorno cada vez más descreído y menguante, para tratar de entender los pensamientos que rondan ahora mismo por la cabeza del ex secretario general del Partido Socialista.

Su trayectoria se asemeja cada vez más a la de un personaje de ficción de Netflix. Si hace unos meses le equiparábamos al protagonista de ‘Breaking Bad’, por eso de que políticamente está acabado pero va armado y resulta peligroso, ahora parece haber devenido en una especie de Travis Bickle, el exmarine solitario e inestable que Robert de Niro encarnaba en ‘Taxi Driver’.

De la misma forma que Bickle tornó en misántropo a la hora de adaptarse a una nueva realidad tras regresar de la Guerra de Vietnam, Sánchez tampoco parece haber superado el golpe de los coroneles con el que le sacaron de Ferraz aquel ya famoso 1 de octubre de 2016.

A la falta de equipo hay que sumar también los problemas de financiación. Sánchez no tiene quien le llene el depósito para el viaje al congreso federal

Sánchez está solo. Sus hermanos de sangre, los Antonio Hernando, Óscar López y César Luena, le dieron la espalda como si hubiera contraído la lepra, y él se ha encerrado en su propia celda, alimentándose de las noticias que le lanzan los medios de comunicación, esos mensajes que entiende le están mandando “los andaluces” solo para calentarle y a los que no hace más que darles vueltas del derecho y del revés hasta que llega un momento en el que pierden su significado y uno ve gigantes donde en verdad hay molinos.

Apenas se relaciona. Únicamente un pequeño grupo de fieles quijotes sin peso en el partido le acompañarán en su gira por España para escuchar “a los que no han sido escuchados, a los afiliados, los votantes”, acaso los únicos que, aunque con menor fielato que antaño, todavía muestran cierta simpatía por las andanzas del ex secretario general. El próximo sábado 28 de enero viajará a Sevilla, feudo de Susana Díaz, donde se espera despeje su futuro.

Si Sánchez no tiene quien le escriba, tampoco tiene quien financie su carrera hacia las primarias. Así, a los problemas logísticos hay que sumar también los problemas más prosaicos, es decir, los del parné. A Sánchez le correspondía una indemnización de 2.813 euros al mes del Congreso de los Diputados tras su renuncia al escaño el 29 de octubre. Esta compensación tenía una vigencia de cuatro meses, lo que significa que concluye el próximo mes de marzo. A partir de esa fecha, se queda sin gasolina.

De ahí que, como informara Isabel Morillo en este mismo diario, algunos insignes socialistas como Ramón Jáuregui o Abel Caballero hayan querido buscarle una salida digna con un puesto de cierto tronío y buena remuneración en la Unión Europea, intento que no parece que haya ido más allá de unas cuantas palabras bienintencionadas.

Sánchez no cuenta ni con equipo ni con dinero suficiente. Solo el coche particular con el que se desplazará hacia la capital hispalense. Se ha quedado sin recursos y sin el apoyo de las federaciones que antes le bailaban el agua. Basta con subir el volumen y escuchar a Miquel Iceta (Cataluña) o Francina Armengol (Baleares) rogándole que evite dar el paso, que espere, que es muy joven y todavía tiene ante sí una prometedora carrera política.

El candidato Patxi López, en cambio, dispone de toda la infraestructura que Idoia Mendia le suministra desde el Partido Socialista de Euskadi (PSE). Patxi no tiene que pagar el depósito.

Aunque los rivales de Sánchez le niegan cualquier posibilidad de éxito en su intento de regreso a Ferraz, sí le conceden, en cambio, la capacidad para dinamitar el congreso federal y provocar más de un quebradero de cabeza a Susana Díaz, por mucho que ahora se quiera hacer creer que la presidenta andaluza está poniendo estampitas a la Virgen para que se presente el ex secretario general con el objeto de dividir a los críticos en dos bandos y que se peleen unos con otros.

Al PSOE andaluz, la simple mención del nombre de Pedro Sánchez le produce urticaria. Consideran que la hipótesis de dar un paso al frente para recuperar el liderazgo de los socialistas lo único que provocaría sería tensión y poralización en el partido, amén de enturbiar la política de acuerdos a los que están llegando PSOE y PP.

Los ‘susanistas’ consideran que el exlíder socialista solo busca dinamitar las primarias y enturbiar la política de acuerdos a los que han llegado PSOE-PP

Desde que Javier Fernández tomara el control de la gestora y Susana Díaz irrumpiera como clara favorita para ocupar el despacho vacío de Ferraz, ambos hilvanaron un plan con el que blanquear ante sus votantes la decisión de abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy.

Ese plan consistía en, primero, arrogarse el papel de líderes de la oposición, doblegando al Gobierno y sacando adelante proposiciones no de ley con el resto de formaciones excepto el PP, para luego, bajo la mesa, llegar a acuerdos con los populares en temas tan sensibles para la ciudadanía como el salario mínimo interprofesional, la pobreza energética o más recientemente las cláusulas suelo. Por un lado, mano de hierro y por otro, guante de seda.

Todavía quedan cuatro meses hasta las primarias. Y si cuatro meses en política se antojan mucho tiempo, en el PSOE suponen toda una eternidad. Por el momento, Susana Díaz se resiste a verbalizar su candidatura. También Pedro Sánchez. Patxi López sí lo ha hecho, pero parece como si no se lo terminara de creer (“no soy un traidor”, se excusa en las entrevistas).

Cualquier cosa es posible. Acuérdense: si medio año antes de la victoria de Zapatero, solo medio año antes, alguien hubiera especulado sobre la posibilidad de que un joven y desconocido diputado procedente de León fuera a ocupar el trono de Ferraz y la presidencia del Gobierno, ninguno de ustedes lo hubiera creído. Y sin embargo, así ocurrió.

Caza Mayor

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