El informe sobre Popular que Saracho ignoró y que el chileno Luksic no quiso creer

Estos informes no están al alcance del común de los mortales sino que los manejan los gestores de fondos, especialmente los bajistas, aquellos con fina pituitaria para olfatear dónde va el dinero

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“No siempre se gana, las inversiones tienen riesgos. La empresa está analizando una posible apelación, convencida de que el banco tiene valor”, anunciaba Andrónico Luksic en su cuenta de Twitter. El empresario chileno, presidente de Quiñenco, casero de Ivanka Trump, según 'The Wall Street Journal', y una de las mayores fortunas del mundo, según la revista 'Forbes', forma parte de esos accionistas vip que engrosan la abultada lista de damnificados por el Popular.

A principios del mes de mayo, Luksic comunicó a la CNMV que se había hecho con el 3% de la entidad a través del conglomerado Antofagasta. La operación fue pergeñada por el 'family office' de uno de sus hijos y, como sucede cuando se cierran acuerdos de esta envergadura con grandes inversores, incluía contrapartidas más allá de la mera entrada en el capital. Invirtió cerca de 90 millones de euros en la operación. Hoy ya no le queda nada.

Pocos entendieron el ‘deal’ en aquellos momentos. Según señalaban los analistas a El Confidencial, su entrada en el accionariado solo tenía sentido si apostaba claramente por una operación corporativa. O lo que es lo mismo, a que Banco Popular fuera absorbido con prima por un rival, es decir, a un precio superior a como cotizaba entonces. El envite era muy arriesgado si se tomaban en consideración las otras dos posibilidades que había sobre la mesa: por un lado, una macroampliación de capital y, por otro, una resolución por parte de las autoridades europeas. Cualquiera de los dos resultaba mortal para el accionista.

Nada más conocerse la noticia de su entrada en el Popular, alguno le quiso hacer ver lo ‘suicida’ de semejante movimiento. Como resulta muy osado llevar la contraria a alguien que nació con olfato vulpino para los negocios y exhibe más poder que algunos presidentes de Gobierno, la forma de transmitirle su preocupación por la inversión realizada fue a través de un informe ‘bajo el radar’. La conclusión a la que llegaba dicho documento resultaba esclarecedora y, sobre todo, premonitoria: Popular no valía nada.

Estos informes no están al alcance del común de los mortales, sino que los manejan los grandes fondos, especialmente los que operan con cortos, los bajistas, aquellos que muestran una fina pituitaria para olfatear dónde va el dinero. Ante estos mensajes, que Emilio Saracho quiso ignorar, los gestores pusieron pies en polvorosa de Popular. Es lo habitual: los bajistas anticipan lo que va a ocurrir en el mercado y el mercado, lo que ocurrirá a la compañía.

Cuando le preguntamos por la salida de depósitos de abril, que fue cuando la acción colapsó dos veces, la compañía no nos quiso dar ningún detalle

“La dirección de Popular dijo que intentaría presentar un plan antes de final de año para levantar dinero. El consenso sobre las necesidades de capital ha subido y se sitúa ya en torno a nuestras estimaciones, esto es, en torno a los 5.600 millones de euros. Tenemos dudas de cómo van a levantarlo (…). A esto hay que añadir las reclamaciones judiciales, que también pueden ser significativas, tanto de los particulares como de los inversores institucionales, aunque no se nos ha dado ningún detalle en la 'conference call”, decía este informe exprés nada más saberse los resultados del primer trimestre.

La entidad arrancaba 2017 en número rojos después de haber registrado unas pérdidas históricas de 3.485 millones de euros en 2016. Popular se dejaba otros 137 millones hasta marzo, proseguía su limpieza en el ladrillo con otra dotación de 496 millones y sus ratios de capital volvían a caer hasta situarse peligrosamente en el límite legal. Con estos datos en la mano, la firma de análisis decidía reducir el precio objetivo de la acción en un 66,7%, pasando de los 0,75 euros a los que cotizaba en esos momentos a 0,25.

El entonces presidente de Banco Popular, Emilio Saracho, en la junta de accionistas de abril. (Reuters)
El entonces presidente de Banco Popular, Emilio Saracho, en la junta de accionistas de abril. (Reuters)

“La caída del ratio de capital se debe a la corrección que se ha hecho de las cuentas y a las pérdidas antes de impuestos. La salida de depósitos estaba relativamente controlada en el primer trimestre y ‘solo’ fue de 1.000 millones (de un total de 63.500 millones). Sin embargo, cuando preguntamos sobre el mes de abril, que fue cuando la acción colapsó dos veces después de la reelaboración de las cuentas y de los comentarios del presidente en la junta general de accionistas, la compañía no nos quiso dar ningún detalle”, continuaba.

Esto decía el informe. Si luego uno se animaba a llamar al analista autor del mismo, la respuesta que recibía resultaba mucho más aclaratoria. Ni 0,75, ni 0,25. El banco en realidad valía cero. En realidad, menos de cero. Era principios de mayo de 2017. Todavía faltaba un mes para que el Mecanismo Único de Resolución (MUR) decidiera intervenirlo y subastarlo posteriormente al mejor postor. El Santander se lo llevó por un euro.

La cobertura de activos dudosos de Popular era la menor de toda la banca española… De toda la banca española excepto Liberbank

Si alguien leía entre líneas este informe, podría haber deducido que Popular no era la única entidad con problemas y así haberse adelantado a lo que luego vino con otros bancos: “Popular falló en su intento de alcanzar el objetivo del 50% en la cobertura de los activos de dudoso cobro en el cuarto trimestre de 2016. Estos créditos crecieron más de lo esperado y el resultado es que la cobertura del Popular es la menor de toda la banca española… De toda la banca española excepto Liberbank”.

Tras la intervención de Popular, comenzaron a señalar con el dedo al banco presidido por Manuel Menéndez. Liberbank está montado en una montaña rusa. Igual te cae un 20% que te sube un 40. Hay quien señala que ambos casos no resultan comparables y difieren en términos de solvencia, morosidad o reconocimiento de pérdidas. Incluso casas de análisis, como JB Capital Markets, recomiendan aprovechar el desplome de la acción para tomar posiciones en Liberbank. Todo ello sumado a que la CNMV ha prohibido las posiciones cortas en este valor durante un mes.

Sin embargo, resulta un tanto ingenuo demonizar a aquellos que operan en corto así como prohibir las operaciones bajistas creyendo que de esta forma se soluciona el problema. Ni lo uno ni lo otro. Cuando el mercado toma una decisión, no hay quien lo pare. Ni siquiera un avezado inversor como Andrónico Luksic.

Caza Mayor

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