El relevo en la CECA y el pacto Fainé-Rato

“Muchas cenizas lanza este volcán”, decía ayer un lector de este diario en el foro de la noticia que adelantaba el nombramiento de Isidro Fainé como

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“Muchas cenizas lanza este volcán”, decía ayer un lector de este diario en el foro de la noticia que adelantaba el nombramiento de Isidro Fainé como presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA). Horas más tarde se cumplía el pronóstico: el amo y señor de La Caixa es ya el máximo responsable de la patronal de las Cajas de Ahorro. Tendrá como segundo (vicepresidente primero) al presidente de Ibercaja, Amado Franco, el hombre que en teoría estaba destinado a ser el sustituto de Juan Ramón Quintás al frente de la patronal de Cajas de no haber mediado una extraña operación cuyos perfiles, de momento, son apenas conocidos.

Hubo también premio de consolidación para gente con mucho pedigrí en el campo de la política, que no, de momento, en el de las Cajas. Es el caso de Rodrigo Rato, que será vicepresidente segundo tras haberse movido como pez en el agua en las últimas semanas en funciones de embajador plenipotenciario de Fainé en esta operación. Conviene recordar que Quintás se marchó a su casa antes de tiempo en un gesto digno de elogio, después de que sus elegantes e importantes colegas del Consejo de CECA le tomaran el pelo en una agria sesión celebrada en Sevilla el pasado 17 de marzo. Quintás había apostado por Amado Franco, entre otras cosas porque el de Ibercaja se había ofrecido motu proprio. Presidente de una entidad de tipo medio y muy saneada, rara avis en el sector, Franco parecía el candidato idóneo… Hasta que la ministra de Economía, Elena Salgado, tiró de teléfono y llamó a Fainé para pedirle, por favor, que se pusiera al frente de la  Armada Vencible que es hoy el sector de Cajas. ¡Isidro, España te necesita…!

De modo que la señora Salgado ha sido, está siendo, utilizada como mascarón de proa de una operación de mucho más calado cuya dimensión real, de momento, desconocemos. Una operación transversal, puesto que cuenta con el visto bueno, o eso dicen, del propio Partido Popular, aunque uno tiene la sospecha de que, como de costumbre, en Génova han oído campañas pero no saben dónde, es decir, se la han vuelto a dar con queso. Entre otras cosas porque Amado Franco no es precisamente el líder de la Liga Comunista Revolucionaria, sino más bien el hombre de orden, un tipo de la derecha tradicional de toda la vida.

Y bien, ¿qué hace un chico como tú en un sitio como este, Isidro? ¿Qué hace en la presidencia de la CECA nada menos que el capo de La Caixa, un ilustre que colecciona nadie sabe cuántos cargos de responsabilidad, a cual más importante? Misterio. El caso es que Miguel Ángel Fernández Ordóñez, dizque presidente del antaño temido y respetado Banco de España, un hombre en perpetuo estado de acollonamiento desde el estallido del caso  Caja Castilla-La Mancha (CCM), ha apoyado decididamente la operación de desembarco de Fainé en la CECA y aun aseguran que ha tranquilizado a Zapatero: “No te preocupes, José Luis, que estos dos se van a encargar de arreglar el desastre de las Cajas…” ¿Pro domo sua? Esa es la incógnita que estos días se plantean en voz baja no pocos responsables de Cajas pequeñas y medianas.

Dos modelos de Cajas enfrentados

Aquí se debaten, muy grosso modo, dos grandes corrientes de opinión. Una, la de quienes piensan que las Cajas deben seguir siendo lo que han sido hasta ahora o algo muy parecido. Hay que constatar que estas entidades han dado un servicio excelente a una clientela a pie de calle durante muchos años, incontables años, y lo dieron hasta el momento en que algunos malandrines quisieron jugar con ellas a los Grandes Expresos Europeos metiéndoles de hoz y coz en la carrera especulativa de la burbuja inmobiliaria, cuando no en el negocio de las hipotecas basura. De donde se infiere que tal vez no sea el modelo lo que ha fallado, sino los modeladores, es decir, aquellos capos de Cajas que se empeñaron en construir aeropuertos en plena Mancha.

Y otra, la de quienes son partidarios de volver del revés el traje de las Cajas y hacer con ellas algo muy diferente, incluso quieren que desaparezcan o, en el peor de los casos, que se conviertan en bancos. Que es lo que persigue, dicen, Fernández Ordóñez y su Banco de España. Ocurre que cuando son los propios, y nuevos, responsables de la patronal CECA quienes apoyan esta opción, la cosa empieza a ponerse más seria y a ser motivo de cierta preocupación. Porque de ahí a la tentación de hacer negocio personal, hay solo un paso.

Curiosa la relación que hoy une a Isidro Fainé (La Caixa) y Rodrigo Rato (Caja Madrid). Si a los signos externos hemos de atenernos, parece claro que entre ambos se ha establecido algún tipo de acuerdo o pacto a largo plazo, que podría haber tenido su origen en los tiempos en que el segundo se aburría en Washington como gerente del FMI. Parece también claro que en la estampida de Rato de Washington jugó papel capital una oferta –desvelada en su día por este diario- de trabajo que le fue formulada por Fainé para ocupar un alto cargo en el grupo Caixa. Y nadie puede negar a estas alturas el papel esencial que, en la sombra, ha jugado La Caixa en la elección de Rato como presidente de Caja Madrid. Bien pudiera ser que en las cláusulas de ese pacto, no necesariamente escrito, estuviera la solución a este enigma. Habrá que esperar.

Con Lupa
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