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Mas, perdido en su laberinto
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Joan Tapia

Confidencias Catalanas

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Mas, perdido en su laberinto

El martes, la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega –una de las principales voces de Unió Democràtica (el partido coaligado con la CDC de Artur Mas)

Foto: El president de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)
El president de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)

El martes, la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega –una de las principales voces de Unió Democràtica (el partido coaligado con la CDC de Artur Mas) en el Gobierno catalán– declaró de forma bastante taxativa que la famosa consulta sólo podría hacerse de acuerdo con la legalidad y que si ello no era posible, habría que aplazarla. Las palabras de Ortega –hasta el momento la democristiana con más sintonía con Artur Mas– seguían a otras del conseller de Política Territorial Santi Vila (sector pragmático de CDC) y de Joan Rigol (figura de referencia de la democracia cristiana que no siempre se alinea con Duran i Lleida) en el mismo sentido: la consulta sólo podría celebrarse si fuera legal.

Pero al venir nada menos que de la vicepresidenta, la advertencia de Ortega provocó un incendio inmediato en el bloque (o no bloque) de los partidos comprometidos con la consulta. El tono lo dio el diputado Joan Tardà, que siempre expresa bien los sentimientos profundos de las bases de ERC, al afirmar que parecía que el Gobierno de CiU estaba dispuesto a suicidarse al jugarse tanto el apoyo parlamentario de ERC (con lo que quedaría en minoría) como el de las de las organizaciones independentistas ‘de masas’ como la ANC y Òmnium Cultural. Y todos los diarios del día siguiente abrían con la nueva crisis entre CiU –que guardó un llamativo silencio tras las declaraciones de Ortega– y ERC.

Pero ayer mismo Artur Mas salió a escena para echar agua al incendio en el independentismo asegurando que la consulta será legal porque el Parlament aprobará la ley de consultas no referendarias en septiembre, y que él convocará la consulta. Para Mas el único plan es votar, y ocultó lo que haría si la ley fuera impugnada y la consulta quedara suspendida por el Constitucional. Vino a decir que eso son especulaciones veraniegas y que no hay que perder el norte, la fe en la consulta.

En realidad –como declaró otro conseller, Pelegrí (que además es secretario general de Unió)– es impensable que Ortega dijera lo que dijo sin algún visto bueno de Mas, que ni por un momento la censuró o desautorizó. Mas ha prometido la consulta y la va a convocar legalmente de acuerdo con la ley de consultas no referendarias. Luego Mas tendrá que reconducir las cosas para –misión imposible– no hacer la consulta ilegal que sabe que Rajoy no tolerará, con el menor daño para CDC. Y entre este ‘menor daño’ ocupa un lugar preponderante que su partido ‘digiera’ la no consulta.

Para el sector más independentista y que ocupa los cargos de dirección (Rull) la prioridad es no separarse de ERC y de la ANC, pero otros saben que poner las urnas es imposible (Santi Vila lo ha dicho y el conseller de Justicia, Germà Gordó, que es clave, guarda un silencio total). Por su parte Unió ve la consulta ilegal como imposible y motivo de inmediata ruptura (con lo que Mas también se quedaría sin mayoría parlamentaria).

En el laberinto en que se ha metido, Mas parece estar bailando una especie de yenka (aquel baile de los primeros sesenta en el que los participantes, enlazados por la cintura, cantaban “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás”, daban cuatro botes y volvían a la posición inicial). La yenka independentista de Artur Mas es “consulta, consulta (Rull), legalidad, legalidad (Ortega), adelante porque el único plan es votar (Mas) y atrás porque la consulta será legal (Mas y otros)”. El problema es que cuando se acababa el baile de la yenka todo el mundo se iba a su casa más o menos satisfecho. Ahora el 9 de noviembre todo el mundo se irá a su casa, pero Mas forzosamente tendrá que quedar mal (con todos o con algunos).

La interpretación más plausible de lo sucedido es que Mas ha lanzado a Ortega para enviar un mensaje de freno que no compromete directamente a CDC, y luego ha salido él mismo a apagar el fuego afirmando que el único plan es votar pero sin aclarar que hará si el TC (como es seguro que pasará) suspende la consulta. Mas no miente cuando dice que convocará la consulta ni cuando insiste en que su plan es votar. Pero sí miente u oculta la verdad, o peor aún, no sabe cómo saldrá del laberinto en el que se ha metido, cuando poco después de que la convoque, el TC –a instancias del Gobierno– decida suspender la consulta. Y Mas sabe que eso pasará.

Y esto le pasa en un momento de gran debilidad. CiU era el partido moderado que disponía (por ser moderado) de fuertes apoyos mediáticos y empresariales, que va perdiendo a medida que va dejando de encarnar la moderación. El partido de la distensión (empresariado, PSC, Duran) ganó una batalla de fondo cuando Mas acudió a la reciente entrevista con Rajoy, además de con la insistencia en la consulta, con 23 propuestas para las que espera respuesta antes de fin de año. Estaba indicando su voluntad de seguir vivo e intentar negociar después de la no consulta.

Pero lo tiene cada vez más difícil porque la explosión del caso Pujol, que sólo acaba de empezar, va a restar mucha fuerza a CDC. Es muy difícil que después del 9-N pueda seguir liderando el proceso. Y es todavía más complicado que pueda ganar unas elecciones anticipadas antes o después de las municipales de mayo del 2015. Otra cosa es que el proceso se pueda radicalizar e incluso volverse más conflictivo si ERC sale de unas próximas elecciones como el primer partido catalán.

El nuevo dirigente del PSC, Miquel Iceta, que votará la ley de consultas y que cree que la situación no puede tener buena solución sin una consulta (como reparación a la sentencia del Constitucional contra un Estatut que ya había sido aprobado en referéndum), lo ha expresado con claridad total: la consulta sólo puede ir adelante si se pacta con Madrid, y una ley de consultas no referendarias no puede servir para votar sobre la independencia de Cataluña (aunque el resultado no tenga valor jurídico).

Es lo que admitió implícitamente el martes la vicepresidenta Ortega al indicar que la Generalitat tendría que aceptar la suspensión cautelar de la consulta para ir después a unas elecciones (en Cataluña se vota regularmente desde 1980) o abrir una nueva negociación con Madrid. El 9 de noviembre será imposible hacer una consulta legal de acuerdo con una ley de consultas no referendarias que el Gobierno de Rajoy recurrirá y pedirá al TC que sea suspendida.

Mas baila la yenka en el laberinto en el que se metió con la disolución del Parlament a finales del 2012 buscando la mayoría –no absoluta sino excepcional– y de la que salió con doce diputados menos. Pero la música suena cada día más fúnebre y desafinada.

El martes, la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega –una de las principales voces de Unió Democràtica (el partido coaligado con la CDC de Artur Mas) en el Gobierno catalán– declaró de forma bastante taxativa que la famosa consulta sólo podría hacerse de acuerdo con la legalidad y que si ello no era posible, habría que aplazarla. Las palabras de Ortega –hasta el momento la democristiana con más sintonía con Artur Mas– seguían a otras del conseller de Política Territorial Santi Vila (sector pragmático de CDC) y de Joan Rigol (figura de referencia de la democracia cristiana que no siempre se alinea con Duran i Lleida) en el mismo sentido: la consulta sólo podría celebrarse si fuera legal.

Artur Mas Generalitat de Cataluña Joana Ortega CiU Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)