'Un pa com unes hòsties'

Duran Lleida afirma que el 'procés' ha dañado al catalanismo y Miquel Iceta subraya que la relación Cataluña-España no puede depender de un único penalti

Foto: El expresidente de UDC Josep Antoni Duran Lleida. (EFE)
El expresidente de UDC Josep Antoni Duran Lleida. (EFE)

Los dos trenes siguen su marcha, directos hacia la colisión. Tras la promesa de Mariano Rajoy en Barcelona de un paquete de muy reclamadas y muy retrasadas inversiones públicas —corredor del Mediterráneo y Cercanías—, el Gobierno de Madrid ha hecho dos movimientos contundentes. El más vistoso fue conseguir que en la cumbre de Malta del PPE tanto la canciller Merkel como el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se expresaran contra el separatismo y defendieran el principio de integridad territorial de los estados de la Unión Europea.

El otro ha sido un nuevo paso en el cerco judicial al independentismo. Solicitar al Tribunal Constitucional la suspensión de los artículos de la ley presupuestaria catalana —aprobada hace poco gracias a la CUP— que contemplan partidas para el referéndum unilateral y pedir que el tribunal advierta a todos los 'consellers' y a algunos altos cargos que usar esos fondos sería delictivo. Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría han decidido recurrir tanto a la zanahoria —inversiones públicas y la interesante aunque poco destacada promesa de apoyo a que la Agencia Europea del Medicamento se traslade por el Brexit de Londres a Barcelona— como el palo: recursos al TC y actuación de la Fiscalía.

Ante este doble envite, el tren independentista ha descalificado las propuestas de Rajoy —señalando que son promesas incumplidas en el pasado— y ha vuelto a quejarse de la “persecución judicial” y de la nula disposición de Madrid a negociar un referéndum. Y todo ha coincidido con el cese como parlamentario de Francesc Homs, condenado a inhabilitación para cargo público por el Supremo. Por cierto, que tanto tras esta condena así como tras las anteriores de Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, no se han producido las anunciadas manifestaciones de protesta. Quizá porque han coincidido con el juicio del Palau de la Música, que ha destapado la financiación ilegal de la antigua CDC a través de Fèlix Millet. Y el propio Mas ha tenido que comparecer en el Parlamento catalán y admitir que CDC se financió “en la frontera de la moralidad”.

El CEO de la Generalitat confirma una erosión del independentismo, que podría perder su mayoría en unas próximas elecciones catalanas

No ha sido una buena semana para el tren independentista. Máxime cuando se ha hecho pública una encuesta del CEO —Centre d´Estudis d´Opinio o CIS de la Generalitat— que indica una erosión del sentimiento separatista. Lo más nuevo de la encuesta es que, por primera vez en los últimos años, lo que más preocupa a los encuestados no es ya el paro, que baja al 41,9%, sino la insatisfacción con la política y la corrupción, que sube 10 puntos, hasta el 43,7%. Y hay poca duda de que ahí hay un cierto hartazgo de la parálisis provocada por el 'procés' y de la continua pelea entre los dos gobiernos. Además, el permanente cuasiempate se inclina ahora hacia los que no desean la independencia, el 48,5% (dos puntos más), frente a los que la desean, 44,3% (dos puntos menos). Una diferencia de cuatro puntos cuando el expresidente de la Generalitat, Artur Mas acaba de ser condenado por la consulta participativa del 9-N de 2014 es un dato a tener en cuenta.

Finalmente, los catalanes que aprueban un referéndum unilateral son muchos (el 50,3%) pero están lejos de ser una mayoría aplastante, y en unas elecciones las dos listas independentistas actuales (Junts Pel Sí y la CUP) perderían entre cuatro y seis escaños y podrían perder la mayoría absoluta.

'Un pa com unes hòsties'

Y en este clima de convicción creciente de que habrá un choque de trenes de cierta intensidad, de que no podrá celebrarse el referéndum pero de que sí habrá elecciones anticipadas, en las que ERC puede ser la primera fuerza pero en las que el independentismo no logrará la mayoría, se está reactivando el amplio, poco organizado y muy diverso campo de los partidarios de la llamada tercera vía. Ahí está siempre la no partidista Fundación de la Tercera Vía, que preside el notario Mario Romeo, pero en la última semana se han presentado dos libros de impacto cuyos autores son dos políticos catalanistas que apuestan con claridad por dicha solución: Josep Antoni Duran Lleida y Miquel Iceta.

¿Se puede hablar de un tercer tren, el de la tercera vía, que quiere interponerse entre los otros dos para evitar el tan temido choque? La tercera vía no es tanto un tren organizado como una laxa confluencia de gentes muy diversas que creen que la independencia no es ni deseable ni posible pero que la salida al actual conflicto no puede ser el inmovilismo. Los de la tercera vía piden un nuevo encaje de Cataluña en una España plural, ya sea a través de una reforma constitucional o de algún pacto político. El propio Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell (y vicepresidente hasta hace pocos meses del Cercle d´Economía), se mostró cercano a estas tesis el pasado jueves cuando, preguntado por los periodistas —en la presentación de los resultados del banco— sobre la inversión de 4.200 millones prometida por Rajoy, afirmó que era una iniciativa muy acertada pero que “solo con esto no se arregla la tensión que hay aquí” y que “un escenario de tensión puede interrumpir la actual y muy positiva ola de crecimiento”.

Los de la llamada tercera vía se preparan, tanto o más que para fletar un nuevo tren que evite el choque de los otros dos —cosa que se ve difícil—, para montar un taller de reparaciones bien equipado que pueda favorecer la búsqueda de una solución al conflicto, ya que ambos trenes quedarán tocados. El separatista porque no va a poder realizar el referéndum y no va a tener en las elecciones una mayoría suficientemente amplia (es probable que incluso pierda la absoluta). Y el de Madrid no va a disponer de una mayoría de recambio y deberá admitir que la demanda de un mayor autogobierno (de la que el independentismo no es la única expresión) hace necesaria una negociación.

El libro de Duran Lleida, que se titula 'Un pa com unes hostiès' —y la traducción castellana 'Un pan como unas tortas' (que es menos escandaloso para estar escrito por un democristiano)— es una intencionada selección de sus cartas semanales a los militantes y una dura crítica al 'procés' que —según Duran— ha tenido consecuencias muy negativas para el catalanismo. Ha comportado la explosión de la coalición CiU que gobernó Cataluña durante muchos años y ayudó en momentos decisivos —primer Gobierno Aznar sin mayoría absoluta o aprobación de las medidas de rigor económico de Zapatero en 2010— a la gobernabilidad de España. Ha llevado también a la desaparición de Unió y de la propia CDC, que ha tenido que cambiar de nombre para subsistir y que tiene unas perspectivas electorales muy inferiores. Ha comportado la división del PSC, que gobernaba la inmensa mayoría de los ayuntamientos y era el puente con la izquierda española. Ha debilitado a los ecosocialistas de ICV… En resumen, el catalanismo político practicado desde la Transición ha saltado por los aires y se ha debilitado al dividirse entre los que mantienen la apuesta tradicional de un mayor autogobierno dentro de España y los que creen que la única solución es la independencia exprés.

Los de la tercera vía saben que es imposible evitar el choque y se esfuerzan en montar un equipado taller de reparaciones para después de la colisión

Además, el independentismo ha partido la sociedad catalana en dos mitades y, si triunfara, aislaría a Cataluña de Europa, cosa que los catalanes no quieren. Y Duran se preguntó con amargura cómo el actual Govern no reconocía que desde que había apostado por crear un Estado propio, sus representantes no eran recibidos en Europa por nadie relevante.

La presentación del libro de Duran Lleida tuvo gran afluencia de público y de personalidades: Josep Lluís Bonet, presidente de Freixenet y de la Cámara de España, Joaquim Gay de Montellá, presidente del Foment, la patronal catalana, Miquel Valls, presidente de la Cámara de Comercio, Anton Costas y Jordi Alberich, expresidente y director del Cercle d´Economía, Miquel Iceta, primer secretario del PSC, Javier de Godó, editor de 'La Vanguardia', antiguos dirigentes de su partido como Ramón Espadaler y Josep Sanchez-Llibre, Maria Eugenia Cuenca, antigua 'consellera' de la Generalitat de CDC, Enrique Lacalle, antiguo candidato del PP a la alcaldía de Barcelona…

Duran recalcó que la única salida era la negociación y que la iniciativa debía partir de quien tiene más poder y responsabilidad: el Gobierno de Madrid. Y no ahorró palabras muy duras para sus antiguos socios de CDC. Afirmó que la política no consistía en seguir lo que pedían unos manifestantes —por muchos que fueran— sino en saber encauzar lo que legítimamente se pedía hacia una solución posible. Y que para negociar había también que saber ponerse en la piel de la otra parte, de sus circunstancias, de su electorado y de sus posibilidades. Fue especialmente ácido al decir que no se podía comparar la democracia española con la turca —lo hizo Puigdemont en Estados Unidos— porque eso solo demostraba ignorancia y que no entendía cómo sus antiguos socios de coalición (CDC) se mostraban ahora más intransigentes que la propia ERC, siempre partidaria de las tesis rupturistas.

Miquel Iceta (c), durante el acto de presentación de su libro 'La tercera vía. Puentes para el acuerdo'. (EFE)
Miquel Iceta (c), durante el acto de presentación de su libro 'La tercera vía. Puentes para el acuerdo'. (EFE)

Otro clima tuvo ayer, a última hora, la presentación del libro de Miquel Iceta, 'La tercera vía. Puentes para un acuerdo'. Menos vips y más gente de partido, pero el mensaje de fondo no muy diferente: entre el inmovilismo y la independencia hay muchos caminos que se han bautizado como las terceras vías, pero que son la única posible si se quiere resolver el conflicto de forma no traumática. Iceta estuvo acompañado por Pere Navarro y Alfredo Pérez Rubalcaba, que eran los secretarios del PSC y del PSOE cuando en 2013 los socialistas de toda España suscribieron la declaración de Granada que propuso la reforma de la Constitución en un sentido federal. Los tres insistieron en que los próximos meses serán duros, pero que al final se encontrará una solución a través de las tres palabras tan citadas por Iceta: diálogo, negociación y pacto.

Rubalcaba respaldó a Miquel Iceta en la presentación de su libro y afirmó que el federalismo admite la singularidad pactada

Rubalcaba insistió en que el federalismo que propone el PSOE admite la singularidad siempre que sea pactada y subrayó que Granada quiso lanzar un mensaje claro a los catalanes: para el PSOE y para España es tan importante la presencia de Cataluña que está dispuesto al gran proyecto de cambiar la Constitución, la ley fundamental del país, para que todo el mundo se sienta cómodo. Y la reforma se tiene que hacer con el mismo método que en el 78, a través del diálogo, la negociación y el pacto. Si en la Transición —pese a las enormes diferencias existentes— se pudo hacer, no hay ninguna razón para no poderlo hacer ahora.

Iceta insistió en que el PSC proponía —como el PSOE— una reforma general de la Constitución, pero que había urgencias y que quizá no se podría hacer todo de golpe. Por eso estaba dispuesto a negociar otras posibles terceras vías, como la apuntada por Miguel Herrero Rodríguez de Miñón o las barajadas por Santiago Muñoz Machado. Manifestó su desacuerdo con la tesis del PP de que no había suficiente consenso para la reforma, diciendo que en el 77 había menos y que el consenso se construye trabajando. Ironizó sobre que en Cataluña había quienes no querían hablar sin un reconocimiento previo del derecho a decidir y que en Madrid se decía que antes que nada había que “delimitar el perímetro de la reforma”. Y abogó por empezar —si no se quería abordar de entrada una discusión política— creando una subcomisión de expertos en el Congreso de los Diputados.

Tanto Iceta como Rubalcaba señalaron que el problema es político y requiere cambios en la arquitectura del Estado que luego sean sometidos a votación, de forma que los catalanes tendrían que acudir dos veces a las urnas. Primero para aprobar, o no, la reforma constitucional y luego el Estatut, que fijaría el grado de autogobierno.

Iceta insistió en que un referéndum con una única pregunta sobre la independencia no era el mejor método —como se ha visto en Reino Unido— para resolver un asunto complejo y recurrió a un símil futbolístico. Cuando en un partido decisivo hay un empate, el resultado no se decide en un único penalti sino en una ronda de penaltis. La relación entre Cataluña y España, que viven juntas desde hace siglos, no puede depender de un solo penalti, que es lo que sería un referéndum a cara o cruz.

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