¿Martin? ¿Schulz?

Con el 100% de los votos del partido Socialdemócrata alemán, el expresidente del Parlamento Europeo se ha convertido en un rival a tener en cuenta por Angela Merkel

Foto: Martin Schulz. (Reuters)
Martin Schulz. (Reuters)

Curioso contraste. Un tipo que aquí no despertaría la atención de nadie en un vagón de metro, ha provocado un ataque de histeria entre los asesores de imagen de otro país. Allí, desde hace unas semanas, los sociólogos hacen números y números, dan vueltas a la calculadora como si fuese una ouija, esperando una respuesta que no puede traer la matemática. Los opinadores, ofuscados, ven que el análisis se les escapa entre los dedos del pensamiento dominante. Y mientras todo eso pasa, uno de los partidos políticos con más historia del continente vive, por primera vez en mucho tiempo, algo cercano al entusiasmo, algo parecido al la felicidad. ¿Martin? ¿Schulz? ¿Qué demonios está ocurriendo en Alemania?

La normalidad. Quizá la normalidad se esté convirtiendo en algo más duradero que el último grito en moda mediática, quizá lo natural empiece a tomar la silueta de un fenómeno político, poco a poco, podría estar tomando forma la textura de un reivindicación sencilla y democrática. Poderosa.

¿Martin? Sí, así es como se llama el socialdemócrata que ha conseguido el 100% de respaldo del SPD para enfrentarse a Merkel en las elecciones del 24 de septiembre. Tiene pinta de profesor de instituto de extrarradio. Nunca le quedará bien un traje. Sacarle una buena foto es misión imposible. Pero… unanimidad.

Martin Schulz tras ser elegido candidado del SPD. (Reuters)
Martin Schulz tras ser elegido candidado del SPD. (Reuters)


No es una estrella y tampoco quiere serlo. Cero posados. Es un hombre de partido, un socialdemócrata de los de toda la vida. Alguien poco interesado en salir en la televisión y bastante propenso a enrollarse hablando de la librería que abrió hace décadas y que sigue funcionando a estas alturas. Ese es Martin.

¿Schulz? Así es como se apellida este candidato entrado en años, que tiene un origen sencillo, alejado de la capital, y que además acumula bastantes quinquenios de experiencia en las instituciones públicas. Cuesta imaginarse a alguien con un perfil más distante al actual espíritu de la época occidental, eso que aquí llamamos “nueva política”. Pero… pero va como un tiro en las encuestas. Y está en condiciones de alcanzar la victoria.

No es una estrella y tampoco quiere serlo. Cero posados. Es un hombre de partido, un socialdemócrata de los de toda la vida

No tiene un retórica de timbre incendiario y tampoco lo busca. Habla desde la serenidad, sin golpes de efecto, con peso específico como diría mi padre. Sus palabras no suenan a impostado, sus frases no deslumbran. Pero al final de su intervención siempre queda dentro la impresión de calorcito que perdura. Transmite a quien le escucha la clase de temperatura que solo emiten esas personas auténticas. Es lo que tiene poder contar con un discurso que no es un discurso, que es una vida, que contiene biografía además de bibliografía. Lo contrario a un farsante, ese es Schulz.

Ahora que los partidos tradicionales lo han probado casi todo para combatir el populismo, no deja de ser llamativo y hasta admirable que el SPD haya tenido el cuajo de no renegar de sí mismo. Veo nobleza en la decisión unánime que ha tomado ese partido. Lo veo así porque en política la preocupación por adaptarse al medio suele responder a la táctica, mientras que la coherencia, la firmeza y la confianza en los valores que uno representa tienen un valor político y también estratégico que no puede igualarse desde ningún laboratorio.

Martin no dará grandes sorpresas a lo largo de la campaña electoral alemana. No aceptará la definición que quieran imponerle los adversarios. No asumirá las posiciones de los rivales. Y, desde luego, no va a tomar a ningún competidor como modelo.

Schulz, reafirmará los principios del proyecto político más avanzado que ha existido hasta el momento: la socialdemocracia. Y al hacerlo, al demostrar la firmeza de los fundamentos, expondrá la próxima manera de defender la democracia, el bienestar y el europeísmo en este periodo tan marcado por la incertidumbre. Hará eso y poco más, nada menos que todo eso.

Lo hará además con dignidad. Una dignidad que las capas electorales históricas del SPD podrán identificar instintivamente como cercana y auténtica. Genuina, entre otros motivos porque va contracorriente. Es probable que esas siglas no pierdan votos respecto a los comicios anteriores.

Sería una grata noticia para la familia socialista europea y, quizá, un motivo para que reflexionen quienes aquí decían que una gran coalición acabaría con el socialismo español. Vaya, los socialistas alemanes vienen de gobernar con la CDU y pueden ganar las próximas elecciones. ¡Qué cosas!

Al mismo tiempo, cabe la posibilidad de que la voluntad de gobernar del SPD, de ser útiles al país, combinada con esa reafirmación tranquila y desacomplejada, sirva para contribuir decisivamente a frenar en todo el continente el auge del populismo y la expansión de la eurofobia.

Por otro lado, incluso puede apuntar un camino para empezar a cerrar la brecha política generacional que se ha ido abriendo en todas las naciones desarrolladas. Puede que por primera vez en mucho tiempo los padres voten lo mismo que los hijos.

Los millennials son los que elevan la intención de voto del SPD, los que adoptan a Schulz como si fuese uno de los suyos

Puede que los millennials comiencen a exigir y a exigirse una opción política con más esperanza de vida de la que tiene un meme. ¿Estoy expresando un deseo infundado? Por el momento, estoy reflejando lo que se ve en las encuestas. La generación que va tras la mía es la que está elevando la intención de voto del SPD, la que está adoptando a Schulz como si fuese uno de los suyos, y la que está incorporando rápidamente ese mensaje a su forma de ver el país (puede que demasiado rápidamente).

Conclusión. Falta una barbaridad para que Alemania vote. Vendrán turbulencias, seguro. En cualquier caso, lo cierto es que un candidato que nada a contracorriente ha abierto el primer escenario en el que un partido socialdemócrata importante tiene serias probabilidades de obtener la victoria en las urnas. El resultado dependerá en buena medida de que Martin siga siendo diferente y de que Schulz siga sin renunciar a ser él mismo.

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