21 de mayo: hacia un recuerdo virtual

Debe haber preocupación en la sede de Podemos. No tanto por la cuestión de fondo, como por lo inmediato. Este sábado tienen que llenar Sol

Foto: Imagen del quinto aniversario del 15M. (EFE)
Imagen del quinto aniversario del 15M. (EFE)

Fue la otra noche, al pasear por un calle que importó hace años. Casi dolía cada cambio. La parada de autobús, ahora diferente. El nombre del bar, modificado. El árbol, aquel árbol, talado. Cosas así. La suma de detalles que convierten el escenario en otro espacio. El sigilo. La condena que sufre todo recuerdo. La erosión. Real. Mental. Madrid al paso del tiempo.

No es fácil vivir con la memoria a cuestas. Tampoco hay remedio. Quizá seamos poco más que eso. Pequeñas fábricas de souvenirs efímeros. Materiales para el trastero en la cabeza de los demás.

A veces, pocas, dejamos entrar a alguien querido en esa zona. Desvelamos una porción de nuestra intimidad. Nos libramos del pudor aunque cueste

Quizá por eso, necesitemos algún que otro rato para cerrar la puerta y desempolvar lo que nos dio el pasado. Sostenerlo en las manos. Observar lo que fuimos. Contarnos que los sueños no terminaron en objetos perdidos. Decirnos que seguimos siendo lo que fuimos. Y cuando suene el despertador, seguir como si no hubiera pasado nada, como si pudiese ser cierto.

A veces, pocas, dejamos entrar a alguien querido en esa zona. Desvelamos una porción de nuestra intimidad. Nos libramos del pudor aunque cueste. Sabemos que corremos el riesgo de llegar demasiado lejos, pero seguimos a pesar del vértigo. Continuamos porque ser cursi también es un derecho que debe ser reivindicado como única forma de expresar algunas cosas.

En ocasiones no es el pudor, es lo peor. Es la vergüenza lo que salta por la ventana. Típica celebración de bodas de oro de parientas lejanos. Llegas al baño después de cincuenta platos chorreantes de grasa, se te acerca un familiar que va hasta arriba de vino, y te suelta un sórdido secreto sobre la noche de bodas de tu tía abuela, es entonces cuando te sangran los oídos y asumes que vas a sentirte sucio hasta el último de tus días. Lo normal en España.

Muchas personas han sido tachadas, recortadas o borradas de los libros de historia por quienes han tratado de imponer el culto al líder único

Como vemos, gestionar la memoria es una tarea delicada. Ocurre con los recuerdos personales y colectivos. Entre otras razones, porque el pasado no está encapsulado. No está a salvo. Y nadie salvo nosotros está a cargo de su protección.

No faltan ejemplos de líderes políticos que han tratado de manipular ese patrimonio colectivo. Son, siempre son, los menos respetuosos con el bien común.

Muchas personas han sido tachadas, recortadas o borradas de los libros de historia por quienes han tratado de imponer el culto al líder único arrancando referencias a las futuras generaciones.

Primero vimos como quería reescribirse lo que ocurrió hace décadas, la transición, la mayor conquista colectiva alcanzada por este país

Esa práctica que hasta hace poco creíamos ajena a nuestra democracia forma ya parte del paisaje político español. La purga de Iglesias al errejonismo entero, responde a la misma dinámica que el menosprecio de Sánchez a González y Zapatero. Es la lógica del caudillismo que desposee a la comunidad de sus territorios políticos emocionales.

Y como la velocidad impera en todo, hemos venido viendo como las tijeras para la memoria se nos venían acercando. Acelerando.

Primero vimos como quería reescribirse lo que ocurrió hace décadas, la transición, la mayor conquista colectiva alcanzada por este país. Después, lo ocurrido hace unos años, unos meses. Y ahora, la postverdad, lo que está pasando a nuestro alrededor en tiempo real. Hemos llegado a un punto en el que las palabras distorsionan los hechos antes de que se instalen en nuestra corteza cerebral. Recuerdos simples para realidades complejas. Tómese este.

Unas 200 personas se han congregado frente a las puertas del Teatro Campoamor de Oviedo con motivo del aniversario del 15M. (EFE)
Unas 200 personas se han congregado frente a las puertas del Teatro Campoamor de Oviedo con motivo del aniversario del 15M. (EFE)

Ayer se cumplieron seis años del 15M. Es probable que esa fecha merezca en España la consideración de acontecimiento político más relevante en esta década. No por la transformación social, sí por el cambio político que ha desencadenado.

Quienes estuvieron en Sol, recordarán que fue el malestar lo que les llevó allí. Y también que se encontraron en el medio de una vibración positiva, casi festiva, una especie de grito que exigía justicia sin perder la sonrisa, la expresión del sentimiento de fraternidad en un momento de extrema dificultad. El equilibrio perfecto entre la indignación y la dignidad.

Nadie puede sostener honestamente que aquel espíritu ha cristalizado en el Podemos de 2017. El ánimo, la emoción de hace sólo seis años se perdió como se perdieron también sus propuestas. El contraste de toda aquella apertura con la actual capa que recubre la organización morada es descorazonador.

Debe haber preocupación en la sede de Podemos. No tanto por la cuestión de fondo, como por lo inmediato. Este sábado tienen que llenar Sol

Podemos, copado por aprendices de Juventudes Comunistas, es una organización endogámica y vertical. Dirigida por un líder ampliamente rechazado en la sociedad. Sin capacidad de proyectar una imagen de gobierno. Sin mensaje de cambio. Sin ofrecer ilusión ni esperanza.

El vínculo con el origen, con el recuerdo vital está roto. Y quienes dirigen la organización tuvieron la oportunidad de comprobarlo ayer.

El trayecto hacia la moción de censura venía señalado con una consulta a las bases, una parada para vender legitimidad y contar que la ola sube. Votaron 87mil afiliados. Comparemos esa cifra con la participación en el Vistalegre de febrero (151mil), con la consulta sobre el acuerdo entre Sánchez y Rivera (150mil), o sobre el acuerdo de coalición con IU (144mil). La señal de pulso orgánico parece haberse debilitado demasiado. Algo está pasando.

Y debe haber preocupación en su sede. No tanto por la cuestión de fondo, como por lo inmediato. Este sábado tienen que llenar Sol. Lo contrario será un fracaso enorme, justo en la víspera de que el PSOE pueda empezar a levantarse de nuevo.

Probablemente la fotografía en torno al kilómetro cero termine resultando parecida a la de hace seis años. Para eso están, esta vez, los autobuses y todas las viejas herramientas de los viejos aparatos políticos. El tamaño de paradoja tiene un diámetro exacto, justamente la distancia entre lo espontáneo y lo prefabricado.

La movilización del próximo sábado es artificial. La moción de censura no tiene suelo político, ni base social, ni siquiera el respaldo masivo en el interior del partido que la promueve. Y, sin embargo, desconocemos el efecto que podría tener la imagen de Sol. Está por ver si convertir una plaza en un teatro sirve para transformar la percepción de la realidad. ¿Resulta posible planificar, escenificar e insertar un recuerdo político virtual en la conciencia colectiva? Distopía.

Crónicas desde el frente viral

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