Otra opción estratégica para nuestro presidente (sigue habiendo más)

Mi amigo de San Quirico ha “bajado” a Barcelona. Hoy es Sant Jordi, el día del libro y la rosa. Me dice que le encanta pasar

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    Mi amigo de San Quirico ha “bajado” a Barcelona. Hoy es Sant Jordi, el día del libro y la rosa. Me dice que le encanta pasar por las casetas, comprar libros y pedir que se los firmen. No se acerca adonde estoy firmando, porque ya tiene el libro y dice que no quiere molestar.

    Pero se mete en el taxi que me lleva de una caseta a otra, porque está preocupado. Me cuenta que un amigo suyo, a quien no ha visto en mucho tiempo, le ha escrito recriminándole que hace unos 30 años le pidió dinero y mi amigo no se lo prestó. Y que nunca lo ha olvidado.

    Mi amigo dice que no se acuerda del asunto, porque 30 años son 30 años. Que supone que no se lo prestó porque no tendría dinero, cosa que le ha pasado con mucha frecuencia en su vida.

    Que no le daría más importancia al tema si no fuera porque le parece que en España está pasando lo mismo: que hace 30 años, o 40, o 50, o 70, alguien se enfadó con alguien y el segundo alguien no se lo perdona al primero y, además, lo va contando por ahí para que la gente odie al primer alguien.

    Le digo que no es odio, que quizá es rencor, porque me parece que el rencor es menos que el odio. Pero mi amigo me dice que me deje de bobadas, que el rencor es muy malo y que el odio es malísimo. Y que le importa poco qué es peor, ser malo o malísimo, porque las dos cosas le dan asco.

    Y que se leyó mi artículo del Confidencial de la semana pasada y que lo más le gustó fue el paréntesis del título.

    Como estoy en otro asunto, no me acuerdo del título y menos aún, del paréntesis. Me lo recuerda: “Las opciones estratégicas de nuestro presidente, por ahora. (Hay más)” Y mi amigo dice que lo que le gustó es que hay más.

    Y me dice que la labor de un gobernante no es dividir a un país, que la política NO es romper lo que le han dado (la nación, o, como dice un amigo mío “Aquello que antes llamábamos Patria”), enzurizar unas comunidades autónomas contra otras, soltar a unos cuantos a la calle para que protesten de lo que sea, presionar a todo tribunal que se encuentren por ahí y a todo juez que tenga la desgracia de ser juez para que haga lo que a uno le gusta.

    Mi amigo dice que NO, que así no vamos a ninguna parte. Mejor dicho, que sí que vamos, pero que no quiere decir dónde vamos, porque es muy educado.

    Y me dice, mientras se despide de mí: “que firmes muchos libros”. Y añade: “pero recuerda, que hay un eje estratégico en el que todos estos nos están llevando en la dirección equivocada. Y si sólo fuera equivocada…Es MALA. Y lo que es malo es malo, aunque me lo adornen con argumentos falsos, porque ya sabes lo de la mona que se vestía de seda”. El otro día, una figura política importante me dijo, refiriéndose a los gobernantes: “mira, Leopoldo, nadie lo quiere hacer mal”.

    Es verdad, o, por lo menos, debería ser verdad. Pero estoy viendo cosas que no me gustan. Y actitudes que no me gustan. Y chuladas que no me gustan. Y groserías que no me gustan. Y luego dicen que si la juventud. No es la juventud. Son todos estos mozos, unos que mandan, otros a los que le gustaría mandar, todos pensando en sí mismos, todos pensando en el sillón que ocupan o en el que le gustaría sentarse y pegarse con Super Glu, porque si no, de qué comen, venga a decir cosas ofensivas, a recordar la Guerra de los Cien Años y a decir que, como yo soy descendiente de romanos y tú de cartagineses, te tengo que pedir perdón por el pisotón que le dio a un antepasado tuyo uno de los elefantes de Aníbal al pasar los Alpes. Señores, con el odio no se va a ninguna parte. Y aquí estamos echando odio. Ya me lo pueden disfrazar de lo que quieran. Es odio.

    O sea, que señor presidente, ya tiene usted otro eje estratégico: conseguir que yo esté en paz  con Esteban, mi vecino de arriba, a pesar de que me riñe porque no hablo catalán. Y que no nos pongamos a reinventar España, a base de tonterías que sólo sirven para poner nerviosa a la gente. Y con 4.326.500 personas sin empleo (cifra del 24 de enero que será actualizada uno de estos días), no estamos para hacer el idiota. Porque de esos 4  millones y pico igual se pone nervioso un millón y estropeamos todo lo que hemos hecho en muchos años. Y sería una pena. Y, para usted, una gravísima responsabilidad.

    Si usted quiere pasar a la historia, pase bien, por favor. Fíjese que no le digo que pase pronto. Le digo que pase bien.

    Desde San Quirico
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