La ignorancia y los cerebritos

Tenemos que dedicar 2017 a convertir la ignorancia supina, vencible, en 'designorancia'

Foto: Cuatro nazarenos de la Hermandad de la Sangre en Córdoba. (EFE)
Cuatro nazarenos de la Hermandad de la Sangre en Córdoba. (EFE)

Ayer, Jueves Santo, desayuné con mi amigo de San Quirico. Se está volviendo mayor. Como todos. Pero cada vez tiene la cabeza más clara. Como algunos.

Viene con una cartera y está un poco enfadado. Él dice que es un enfado mezclado con tristeza. Me adelanta que el hecho, en sí, tiene muy poca importancia, pero como tiene la manía de pasar de lo particular a lo general, inmediatamente fabrica una teoría, con la que podrás estar de acuerdo o no, pero nunca podrás negar que está llena de sentido común.

El hecho es muy simple: mi amigo vio por televisión unas entrevistas cortas hechas por la calle de alguna ciudad de Andalucía, en plena Semana Santa. Mi amigo se quedó con lo que dijeron dos chavales jóvenes, majos, con buena pinta. Uno, japonés. El otro, sueco.

A los dos les preguntan qué han venido a ver en Semana Santa. Ninguno entiende muy bien las palabras 'Semana Santa'. Ellos han venido a Sevilla porque estos días hay unas fiestas extrañas, con una imagen muy grande, dice el japonés. Al sueco le ha llamado la atención ver mucha gente andando disfrazada despacio por la calle, al son de trompetas y tambores.

Mi amigo les escucha con una cierta displicencia, pero se calienta un poco cuando, además, se entera de que un jugador del Real Betis de baloncesto ha enviado tuits sorprendido de ver los capirotes y diciendo que 'esto' debe ser el origen del Ku Klux Klan, que se fundó después.

Mi amigo, que se va poniendo rojo cuando me cuenta lo del japonés y el sueco y se pone rojísimo con lo del jugador de baloncesto, se calma un poco y me dice que está dispuesto a perdonar la ignorancia de estos chicos por venir de donde vienen y que, por eso, no tienen por qué saber qué es la Semana Santa y qué son las procesiones, que uno de ellos ha calificado de 'small demonstrations'.

(Digresión: en Zaragoza, la gente sale mucho a la calle. Si hace calor, dicen "¡qué calor!". Si hace frío, se quejan: "¡Qué frío!". Pero no se quedan en casa. Un día, parado en un semáforo, esperando a que se pusiese verde, vi la cantidad de gente que había enfrente, dispuesta a pasar. Iba con un amigo, que me dijo: "Eso no es una manifestación. Es gente que va de paseo y quiere cruzar").

Le digo a mi amigo que, objetivamente, la cosa tampoco tiene tanta importancia. Las procesiones son una forma de expresar una devoción. Hay muchas otras.

Pero mi amigo no está dispuesto a rendirse, porque me quiere soltar su teoría.

Se eleva a las alturas y, desde allí, habla-grita: "¡La ignorancia es la madre de todos los vicios!". Y se calla. Y vuelve a repetirse por vez número 100, o 200, o más, lo que siempre cuento: que en el bar se produce un silencio sepulcral y que, disimuladamente, los camareros no se van. Se quedan haciendo como que limpian las mesas, aunque, cuando he llegado, me ha parecido que estaban brillantes. Pero todos quieren oír el discurso, porque el titular les ha enganchado.

La ignorancia puede ser invencible y vencible, como la del jugador de baloncesto. La ignorancia supina es vencible, porque se debe a negligencia

Aprovechando que con un grito se ha hecho con el público, mi amigo completa la frase: "¡Estoy hablando de la ignorancia supina!". Abre la cartera y saca el DRAE del tricentenario, que es un libro gordo, que pesa mucho y que yo tengo en mi despacho. Se ve que venía preparado y que quería apoyar en piedra sólida sus argumentos. Tiene señalada con un papel la página correspondiente y me dice: "¡Lee!". Y, claro, leo: "Ignorancia supina: la que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse".

Sin leer el DRAE, recuerdo que la ignorancia puede ser invencible (como la del japonés y el sueco) y vencible, como la del jugador de baloncesto, a quien supongo que sus compañeros de equipo ya le habrán explicado algo. Y que la ignorancia supina es vencible, porque se debe a negligencia.

Por tanto, siguiendo a mi amigo, pienso que tenemos que dedicar 2017 a convertir la ignorancia supina, vencible, en 'designorancia'" (¡?).

Como este palabro me suena mal, voy al diccionario de antónimos y me encuentro con una lista de muchas posibilidades. Ninguna me acaba de convencer. Mantengo la 'designorancia', le añado "bañada en sentido común" y me sale 'sabiduría'.

Antes de dormir, suelo ver un episodio de alguna serie. Lo de los episodios tiene varias ventajas: son relativamente cortos y el argumento, simple. No tengo que discurrir mucho y en cuanto tengo sueño, apago la luz y me duermo.

Antes leía. Ahora leo durante el día, porque si me pongo a leer por la noche 'La falsa bonanza', de mi amigo el exministro Miguel Sebastián, aguanto muy poco y confundo la deuda pública con la privada y la buena con la mala. Y como he quedado con Miguel en decirle qué me ha parecido su libro, lo mínimo que puedo hacer es leerlo con atención, porque, además, me parece que el libro es muy bueno.

Un chaval con el que me encontré me dijo que la única verdad que existe es la verdad matemática. Pues lo siento, majo, pero no es así

Pues estoy con los episodios. Ahora veo 'Scorpion', las aventuras de un grupo de cinco cerebritos de un coeficiente intelectual alto, al que se ha unido la guapa, con coeficiente normal, que intenta poner sentido común.

El jefe, Walter O'Brien, que parece que existe realmente, es el más listo de todos. Pero, en confianza, no sabe nada. Para vivir, lo que se dice vivir, ignorante total. Está enamorado de la guapa, y la guapa de él. Pero cuando parece que le va a decir algo a la chica, algo con cara y ojos, le suelta que el amor no es más que una serie de reacciones químicas, que le detalla con toda prolijidad, consiguiendo que la guapa se vaya a su casa, desesperada por lo tonto que es Walter.

En algún artículo, o en algún libro, he hablado de un chaval con el que me encontré y que me dijo que la única verdad que existe es la verdad matemática. Pues lo siento, majo, pero no es así.

La verdad del enamoramiento no es matemática. La verdad del cariño a tus hijos no es matemática. La verdad de la ilusión por el trabajo profesional, tampoco. La verdad de los 'hooligans' del Leicester, cuando gritan en la plaza Mayor de Madrid: "¡Fastidiaos [no lo dicen así, porque en casa les educaron mal], Gibraltar es nuestro!", no es matemática.

Una vez más, me he ido por las ramas. Estaba con la ignorancia. Ahora quiero añadir la obligación de hacer un esfuerzo serio para pasar de la ignorancia vencible al conocimiento. De la ignorancia a la 'designorancia' (cada vez me gusta más esta palabra).

Esfuerzo, que exige en primer lugar reconocer que no sabes de aquello. En el caso de Walter, esto se concreta en hacer caso a la guapa, porque si sigue así, será el ceporro con coeficiente intelectual más alto del mundo.

Veo mucho ceporro en puestos de responsabilidad, sabiendo mucho de algo y nada de cosas serias. Y peor, hablando con autoridad de esas cosas

Veo mucho ceporro suelto por el mundo. Suelto, no. Ocupando puestos de responsabilidad, sabiendo mucho de algo y nada nada nada de cosas mucho más serias. Y peor, hablando con autoridad de esas cosas, por eso de que de religión y de publicidad todos sabemos mucho. Y de fútbol, claro.

El que yo me crea que sé de publicidad o de fútbol, sin saber, no tiene ninguna importancia. Si soy publicista, no conseguiré ni un solo pedido. Si soy entrenador, mi equipo irá bajando de división en división hasta tocar fondo, y desaparecer, momento en el que, con suerte, convenceré al ayuntamiento del valor histórico del club, del gol aquel que nos hizo campeones de algo cuando el alcalde todavía no había nacido y le pediré unos cuantos miles de euros en nombre de la ciudad.

Pero hay cosas más serias. El que no sepa de religión, que estudie. Mientras tanto, que se calle, porque con su ignorancia puede hacer daño a la gente.

No hace falta que le gusten las procesiones. Tengo muchos amigos que viven la Semana Santa y no van a ninguna procesión.

El que no sepa de religión, que estudie. Mientras tanto, que se calle, porque con su ignorancia puede hacer daño a la gente

Pero que sepa lo necesario... para hablar o para callarse. Oigo decir que algunos quieren una Iglesia sin dogmas, porque los dogmas les coartan la libertad. No deben saber que el último dogma definido por la Iglesia es el de la Asunción de la Virgen, el 1 de noviembre de 1950, que yo oí por la radio en el Colegio Mayor donde vivía. (Todavía no había tele en España). Y supongo que el dogma, que confirmaba que la Virgen estaba en cuerpo y alma en el Cielo, no les ha afectado en nada ni les ha hecho sentirse vigilados por la Inquisición.

La culpa de este artículo es de mi amigo de San Quirico, porque sí, es un hombre de pueblo, no ha estudiado, pero, por alguna razón, sabe mucho.

No es un cerebrito, pero como sabía lo que es el amor, sin dudarlo, se casó hace más de 50 años con la guapa.

Que sigue siendo guapa.

Eso, además.

Desde San Quirico

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