Ascenso y caída del juez Garzón, víctima de la izquierda (no del PP)

El próximo día 23 de febrero -que vaya fecha han elegido sus señorías-, el Pleno del Consejo General del Poder Judicial se reunirá para decretar la

El próximo día 23 de febrero -que vaya fecha han elegido sus señorías-, el Pleno del Consejo General del Poder Judicial se reunirá para decretar la inhabilitación por once años del magistrado titular del Juzgado de Instrucción Número 5 de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, como consecuencia de la sentencia firme dictada el pasado jueves por el Tribunal Supremo, en la que le condenaba a la citada pena por un delito de prevaricación como consecuencia de las escuchas realizadas ilegalmente a los abogados defensores de los imputados en la ‘trama Gürtel’. Alguien dijo ese mismo jueves en Twitter que la citada sentencia habría llevado a que se brindara con champagne en los despachos de los abogados demandantes y también en los de la sede del PP en la madrileña calle de Génova 13.

Lo primero es posible, y tiene cierta lógica que quien pone la denuncia celebre que el Tribunal falle a su favor. Pero lo segundo, no solo no es cierto, sino que además quienes tal cosa afirmaban erraban el tiro, porque donde de verdad se estaba brindando, con cava o con champagne, me es igual, no era en los despachos de Génova 13 -vacíos estos días, por otra parte-, sino en los de destacados dirigentes de la izquierda nacional que desde hace mucho tiempo le tenían ganas al Juez Campeador y que han sido, en definitiva, los que han propiciado que se dieran las circunstancias que han llevado a que Garzón se haya visto por dos veces, y casi tres, ante el mismo tribunal. El jueves y el viernes, y otras muchas veces antes de esas, desde ciertos sectores de las plataformas de apoyo a Baltasar Garzón se ha acusado falsa y torticeramente a la derecha democrática y a los jueces de haber puesto en práctica una caza de brujas contra Garzón, pero nada más lejos de la realidad.

Solo hace falta recordar algunos episodios del pasado para darse cuenta de que la verdadera caza de brujas no venía de la derecha sino de la propia izquierda, muy dada a ese tipo de comportamientos aniquiladores propios de los rescoldos estalinistas que todavía perduran en parte de su imaginario. Verán, recordarán ustedes que Garzón, íntimo de José Bono, se presentó a una elecciones generales en el año 1993 formando parte de la lista de Felipe González como fichaje estrella. Recordarán también que lejos de nombrarle ministro de Justicia, que era lo que él quería, González -que no se fiaba ni un pelo del personaje-, solo se dignó a ponerle al frente del Plan Nacional contra la Droga, para arrebato del juez, que acabó dando el portazo y desempolvando del cajón un sumario que tenía abierto por los crímenes de los GAL, y situando al propio Felipe González como epicentro de la X de esa trama.

El pasado jueves por la tarde, donde de verdad se brindaba por su condena no era en los despachos del PP, sino en los despachos de todos aquellos que se la tenían jurada desde tiempos de los GAL

Aquello, que acabó con un exministro y un exsecretario de Estado en la cárcel, además de varios policías implicados y, en fin, ya se lo saben ustedes, consiguió que Garzón concitara los odios más viscerales de buena parte de la izquierda española, y gente como Margarita Robles o como María Teresa Fernández de la Vega, nunca, nunca repito, le perdonaron a Garzón aquella afrenta. La derecha más a la derecha le aplaudió, y el PP simplemente se conformó. Luego llegaría el Gobierno de Aznar y Garzón, siempre solícito, colaboró muy activamente con Mayor Oreja y compañía hasta el extremo de que fue incluso condecorado por aquellos contra los que había disertado en sus mítines, alimentando aún más la inquina que se le guardaba desde ciertos sectores de la izquierda.

Perdió el PP y llegó Zapatero que, como quería romper con la etapa de González, nada mejor que volver a contar con la colaboración del juez que metió en la cárcel a Vera y Barrionuevo, eso a pesar de las observaciones en contra de De la Vega ,que entonces se limitó a mirar para otro lado mientras el hasta aquel momento implacable luchador contra el terrorismo y su entorno se envolvía en la bandera de la conveniencia política por el ‘proceso de paz’. Pero llegó el final del ‘zapaterismo’ y con él empezaron a caer algunos mitos, entre ellos el del propio Garzón, que ha sufrido en sus carnes aquel dicho de que la venganza es un plato que se sirve frío. Y bien frío.

El pasado jueves por la tarde, donde de verdad se brindaba por su condena no era en los despachos del PP, sino en los despachos de todos aquellos que se la tenían jurada desde tiempos de los GAL. No es ninguna casualidad que fuera un juez progresista como Varela el que instruyera el sumario del ‘franquismo’, ni que fuera un CGPJ mandado por una mayoría progresista el que finalmente decidiera investigarle por sus cursos en Nueva York, ni que fuera un exfiscal de carrera muy bien relacionado con determinados círculos de poder -del anterior poder-, el que le denunciara por las escuchas en la cárcel. No es casualidad que asociación de magistrados a la que él perteneces, Jueces por la Democracia –de mayoría progresista y de obediencia significada a De la Vega-, se haya sentido satisfecha con la sentencia condenatoria.

Nada de todo eso es casualidad, pero ninguna de esas teclas la puede tocar el PP. ¿Garzón es una víctima? De sí mismo, seguro, de su vanidad y de su soberbia, de su creerse por encima de la ley y de sentirse impune. Pero de eso han sabido aprovecharse quienes más le odiaban, y ese sentimiento, créanme, no lo albergaba la derecha más democrática.

Dos Palabras
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