Ahora que Mariano Rajoy ha conseguido un resultado electoral excepcional, un poder político sin precedentes y un control del partido como no tuvo ni siquiera Aznar, sin embargo no todo son parabienes en las tranquilas aguas que bajan por la sede del PP. Es verdad que, mucho más preocupado por la situación del país como es lógico, Rajoy ha dejado este asuntos en manos de María Dolores de Cospedal, para que lo resuelva a su manera, y esta vez sin interferencias de ninguna clase, pero no por ello deja de preocuparle un asunto que puede poner en peligro la holgada mayoría absoluta con la que cuenta el PP en la Comunidad Valenciana y convertirse en la principal pieza a batir por parte del Partido Socialista. De hecho, nada de lo ocurrido la semana pasada con las manifestaciones de los estudiantes es ajeno a la situación de debilidad que se vive en el seno del PP y del Gobierno valencianos.
Hablamos de Camps, sí, de lo que ha significado su paso por la Generalitat y de lo que puede significar en el futuro su empeño en volver a la primera línea política. Porque esa es, básicamente, la cuestión: Camps, lejos de mantenerse al margen y dejar que ahora sean otros los que gestionen el poder que tiene el PP en aquella Comunidad, quiere volver, y quiere hacerlo por la puerta grande, convencido como está de que su absolución en el asunto de los trajes le ha restituido de todo el honor y la dignidad que se le habían hurtado durante este tiempo atrás. Lo que se está preparando, de hecho, es su candidatura para volver a presidir el PP en el próximo congreso regional que debe celebrarse en esta primavera, e incluso hay quienes apuestan por que eso le rehabilite de nuevo como presidente de la Generalitat.
Y como sigue siendo diputado en las Cortes Valencianas, eso sería perfectamente posible si el Grupo Parlamentario le apoya, y de entrada cuenta con un respaldo esencial para que eso ocurra: el de Rafael Blasco, portavoz del PP en las Cortes, el hombre que primero quiso traicionarle pero que, como Génova le dejó al margen de la elección de Alberto Fabra como sucesor de Camps, optó por cerrar filas con el expresidente. Al igual que hiciera, por las mismas razones, Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia y presidente provincial del PP. Ambos, junto a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, son los principales apoyos con los que cuenta Camps, “aunque Barberá, que siempre ha sido leal a Rajoy, se alineará con lo que diga Génova 13”, dicen fuentes de la Dirección Nacional del partido, a pesar de su manifiesta oposición a Alberto Fabra. Blasco y Rus son, por tanto, los dos ‘generales’ con los que Camps cuenta para preparar su vuelta. Blasco es un político todo terreno, casado con Consuelo Ciscar, hermana de Ciprià Ciscar, ha sobrevivido a Lerma (PSOE), Zaplana, Camps y Fabra (estos tres últimos PP) y ha conseguido sortear al menos un escándalo de corrupción urbanística siendo conseller de fomento con el PSOE.
Ahora, de nuevo, su nombre vuelve a estar en los papeles tras la imputación y detención de Josep María Felip, uno de sus más estrechos colaboradores, por un asunto vinculado con el desvío de fondos destinados a proyectos de cooperación en Latinoamérica. Pero, a pesar de ello, Blasco y Rus son los únicos que mantienen un estrecho control del partido, roto en Alicante, y maltrecho en Castellón por el ‘caso Fabra’, el otro Fabra que nada tiene que ver con el actual presidente de la Generalitat. Lo cierto es que en la situación actual, la posición de Alberto Fabra es delicada: tiene pocos apoyos dentro del partido en la Comunidad aunque el respaldo de Génova es absoluto. Pero es tan evidente la falta de peso de la organización Valenciana en el PP que en el último Congreso Nacional ha quedado muy en evidencia: solo Esteban González Pons permanece en la Ejecutiva, y no es un hombre de Fabra.
Lo cierto, sin embargo, es que Génova está convencida de que sólo la continuidad de Fabra y su capacidad para actuar pueden volver a serenar los ánimos en un partido al que en estos momentos solo le une el poder, razón por la que el principal objetivo de Cospedal es desarticular la ‘opción Camps’. Y es que Génova es plenamente consciente del enorme riesgo que supondría la vuelta del ex residente a la primera línea política, estando como está vinculado a asuntos no menores como el de la presunta financiación del PP en la Comunidad, al caso Urdangarín y, sobre todo, habiendo dejado a la Comunidad en quiebra hasta el punto de que en muchos colegios no se han podido pagar las facturas de servicios básicos hasta hace una semana. Camps, lejos de ser un activo, es hoy una rémora que le podría costar al PP el poder en Valencia, y la única opción con la que cuenta Génova para evitar perderlo se llama Alberto Fabra.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
57Reverenda 29/02/2012 | 21:22
Esto está lleno de tarados: la comunidad quebrada, las instituciones quebradas, las cajas quebradas y hay animales que se preocupan del catalanismo en Valencia.
No cabe un tonto mas escribiendo en estos foros.
Como ese tipejo no ha tenido la decencia de dimitir y marcharse a Laponia?
Supongo que la secta integrista es quien manda. Que asco
56Torrentius 29/02/2012 | 19:44
Lo que queda muy claro es que estos políticos tan fueras de serie, tan elegantes, tan visionarios, con sueldos tan bajos comparados con los que podrían cobrar en la empresa privada..... realmente no saben vivir de otra cosa que no sea la política.
55Torrentius 29/02/2012 | 19:44
Lo que queda muy claro es que estos políticos tan fueras de serie, tan elegantes, tan visionarios, con sueldos tan bajos comparados con los que podrían cobrar en la empresa privada..... realmente no saben vivir de otra cosa que no sea la política.
54poraquiandamos 29/02/2012 | 19:42
El problema de sus artículos es que se le ve siempre el plumero.
A ver si nos entendemos:
El PP va a aplicar la política que todos los sabemos. Y necesita echar la culpa de lo mal que iba la cosa al gobierno anterior, sea central o autonómico [Cospedal con su Caja-La-Mancha, perdón Castilla-La-Mancha -¿en que estaría yo pensando?- sin ir más lejos] que es del PSOE.
Pero tienen un grave problema. Esa táctica no les funciona en Valencia, con la Comunidad quebrada, por financiación insuficiente e injusta básicamente, y por mala gestión política, modelo económico, destrucción del tejido productivo, las cajas de ahorro. Nada que no haya pasado en otros territorios, sólo que en Valencia elevado al cuadrado.
Así que ahora la táctica -vocero Quevedo mediante- consiste en lanzar a los cuatro vientos que la culpa la tienen en el PP-VALENCIA. Que en Génova no saben nada [como si no saber nada no fuera negligente]. Y además, en VLC son unos corruptos y nefastos gestores. Y hay que desandar todas las promesas -estaré detrás, delante y al lado, Paco, Mariano dixit-].
Otrora bien que reían los apoyos y los votos.
Pero PP-Valencia no paga traidores.
Se otea pelea de las gordas.
Nací hace medio siglo (dicho así suena horrible) en Hamburgo, pero soy español de pura cepa. Viví en Euskadi hasta que me echaron y me trasladé a Madrid donde estudié periodismo, nunca sabré porqué, pero me gusta. He hecho de todo: servir cafés, cortar teletipos, trabajar sin ver un duro de los de entonces, pero esta profesión solo la entiendo desde lo vocacional. Ahora, además de escribir para El Confidencial, me podéis escuchar en La Linterna de la Cadena Cope y en Cada Mañana Sale el Sol de ABC Punto Radio, y verme en Las Mañanas de Cuatro, en 13TV (De Hoy a Mañana, Te Damos la Tarde, La Tertulia de Curry), en Usted que Opina de Castilla-La Mancha TV… He escrito cuatro libros: Pasión por la Libertad, el pensamiento político de Adolfo Suárez; El Negocio del Poder (junto a Daniel Forcada); Cartas del Diablo a Zapatero; y Rebélate. Me falta una novela, pero la escribiré.