Hace unos meses le pregunté a Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia, si él creía que Ana Botella podría ser candidata a la Alcaldía de Madrid en las próximas elecciones municipales. “Te lo contesto en septiembre”, me dijo, dando a entender claramente que todas las opciones de Botella para lograr esa candidatura pasan porque otra candidatura, la de Madrid para ser sede de los Juegos Olímpicos de 2020, resulte vencedora este fin de semana en Buenos Aires.

La percepción que tiene el equipo de Gobierno municipal y los representantes del COE que ya están en la capital argentina, Príncipe de Asturias incluido, es que el cumplimiento de ese sueño está más cerca que nunca. Vaya por delante que a mí, personalmente, me gustaría que Madrid fuera sede olímpica. Tenía mis dudas cuando el Ayuntamiento anunció que, por tercera vez, aspiraría a conseguir tan preciado tesoro, e incluso me manifesté en contra de volver a gastar más dinero en un esfuerzo político que en las dos ocasiones anteriores resultó en vano. Político, sí. Porque es evidente que en la decisión priman por encima de todo intereses políticos muy difíciles de conjurar, como se ha demostrado anteriormente cuando Madrid ha perdido frente a candidaturas mucho menos preparadas como la de Río.

Ahí agazapada, esperando su turno para mostrarse en público y aspirar a ese puesto, se encuentra la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien si al final Madrid no sale elegida podría iniciar su campaña personal para ser candidata el próximo día 25 de septiembrePero debo reconocer que el sueño olímpico al final nos acaba invadiendo a todos, y especialmente a quienes hacemos del deporte una parte sustancial de nuestra vida, y además creo que en las actuales circunstancias, si finalmente Madrid resultara elegida, serviría sin duda alguna de reclamo de inversiones y de esperanzas ahora que tanto necesitamos de ambas cosas para salir definitivamente de esta larga crisis. Sí, ojalá vengan los Juegos, y ojalá sepamos aprovecharlos como hizo Londres con los suyos.

Pero ¿y si los optimistas pronosticadores de la victoria de Madrid se equivocan? ¿Y si al final ese juego de intereses políticos nos perjudica porque hay ciudades europeas que quieren aspirar a los juegos de 2024 y saben que si ahora gana Madrid no podrán hacerlo? La incertidumbre es, sin duda, enorme y por más que Madrid vuelva a ser, de largo, la mejor candidata, ya sabemos que eso no es lo que cuenta. ¿Y qué será entonces de Ana Botella? Sin duda alguna, si Madrid no es elegida su sueño olímpico, que no es otro que el verse inaugurando esos juegos como alcaldesa de Madrid en 2020, se habrá convertido en pesadilla.

Sin embargo, fíjense, tengo incluso mis dudas de que Ana Botella encabece la lista incluso en el caso de que Madrid salga victoriosa este fin de semana en Buenos Aires. Habrá que ver qué dicen a partir de ese momento las encuestas, pero va a ser difícil que los ciudadanos de Madrid olviden, ni siquiera con la borrachera olímpica, el desastre de gestión de su alcaldesa, sobre todo en lo que ha sido su mayor cúmulo de errores: el Madrid Arena

Y ahí agazapada, esperando su turno para mostrarse en público y aspirar a ese puesto, se encuentra la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien, si al final Madrid no sale elegida, podría iniciar su campaña personal para ser candidata el próximo día 25 de septiembre en un acto en el que reaparecerá junto al presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago. Si Madrid resulta elegida, entonces esperará para no aguarle la fiesta a Botella, pero sabe que si las encuestas siguen dando, como dan ahora, que el PP pierde la alcaldía a manos de la suma de PSOE-IU-UPyD, la única capaz de romper esa dinámica puede ser ella. Y asimismo cree que Mariano Rajoy, que no puede verla ni en pintura, no tendría más remedio que ceder al pragmatismo de no arriesgarse a perder Madrid. Que es mucho perder.