Artur Mas flirtea con el fascismo

Tenía bastante razón el escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa cuando hace unas semanas recordaba que en los orígenes de los fascismos que condujeron a

Tenía bastante razón el escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa cuando hace unas semanas recordaba que en los orígenes de los fascismos que condujeron a Europa a la II Guerra Mundial se encontraba un nacionalismo exacerbado, y advertía de que algo así podía estarse fraguando con determinados nacionalismos que ahora mismo conviven –por decir algo– en nuestro panorama político. Es verdad que muchas décadas después los nacionalismos han ido evolucionando y aparentemente han abandonado aquellas actitudes que los hacían ser movimientos totalitarios.

Algo parecido le ocurrió al socialismo que, para acomodarse al sistema democrático liberal, abandonó el marxismo-leninismo y sus objetivos máximos y de aquella deriva nació la socialdemocracia. En España, ese camino lo emprendió Felipe González en el famoso Congreso de Suresnes, y los nacionalismos que en la primera mitad del siglo XX compartían identidad con los nacionalismos europeos que dieron lugar al nazismo y al fascismo, también optaron por apartar de su hoja de ruta los programas de exclusión que los asimilaban a los movimientos fascistas.

No seré yo, por tanto, quien caiga en la provocación de comparar a CiU, por ejemplo, con el nazismo o el fascismo. Líbreme Dios de hacer nada semejante, entre otras cosas porque no quiero acabar en una lista negra del CAC, que por cierto es de las cosas que hacían los fascistas en su tiempo. No, lo cierto es que durante estas casi cuatro décadas de democracia en España los nacionalismos moderados –cuyos principios yo no comparto– se han adaptado bastante bien al sistema e incluso han sido fundamentales para garantizar la gobernabilidad del país, aunque es cierto que a cambio de demasiadas concesiones, pero no es ese el asunto de este post.

Alguien en CiU debería empezar a pensar que, si no se le paran los pies a Mas, lo que hoy empieza siendo una manipulación histórica acabará siendo un ejercicio despiadado de violencia

Es verdad que ese nacionalismo moderado, personificado en CiU y el PNV, ha convivido durante todo este tiempo con otro mucho más radical y mucho más próximo a ese nacionalismo excluyente que fue origen de los fascismos europeos del siglo pasado. En Cataluña, esa ideología totalitaria la encarna ERC, y en el País Vasco la izquierda abertzale que, además, durante cuarenta años ha demostrado su comportamiento fascista dando cobertura a la banda terrorista ETA y su campaña de exclusión por la vía de la eliminación física del adversario. Y es verdad también que esa convivencia a veces ha cruzado el Rubicón de la colaboración, pero lo cierto es que, en general, el nacionalismo moderado ha preferido mantenerse lejos del nacionalismo radical y ha optado por el entendimiento con el no nacionalismo.

Hasta que llegó Artur Mas. No voy a dar cuenta de todo lo sucedido hasta ahora porque es de sobra conocido, pero permítanme que me refiera a un episodio concreto que me parece de lo más obsceno que puede darse en política. Una de las características de los fascismos fue la de apropiarse de la Historia para manipularla a su favor. Los españoles hemos conocido esa manipulación histórica del nacionalismo durante el régimen de Franco, que era tan nacionalista como lo es Joan Tardà. Ahora, en Cataluña, con el patrocinio de la Generalitat, se va a celebrar un seminario universitario sobre los 300 años del expolio de España a Cataluña. No hay nada más falso, más torticera y miserablemente falso que semejante afirmación, y no quiero ni pensar hasta qué punto se van a retorcer los hechos históricos a conveniencia de un nacionalismo trasnochado, excluyente y totalitario.

Sigo creyendo que eso no es CiU, pero por desgracia su actual líder y presidente de la Generalitat, Artur Mas, flirtea con lo peor del nacionalismo, con lo más próximo al fascismo. Y alguien en su partido debería empezar a pensar que, si no se le paran los pies, lo que hoy empieza siendo una manipulación histórica acabará siendo un ejercicio despiadado de violencia que no conviene absolutamente a nadie. Al tiempo.

 

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Dos Palabras

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