Arantza Quiroga: una mujer valiente, un partido cobarde y un líder ausente

Quiroga es una mujer valiente, además de inteligente y guapa, cualidades que generan rechazo en un país en el que todavía persisten demasiados complejos machistas, y en la política ni les cuento

Foto: Arantza Quiroga abandona la presidencia del PP del País Vasco. (EFE)
Arantza Quiroga abandona la presidencia del PP del País Vasco. (EFE)

Hace unos meses quedé a comer en un restaurante madrileño con Arantza Quiroga. Cuando llegué, ella ya me estaba esperando, pero en una de las mesas de la entrada estaba mi amigo Joaquín Leguina con otras personas, y al verme entrar me paró y me preguntó: “Esa que está ahí, ¿es Arantza Quiroga?”. Le dije que sí, y quedamos en que se la presentaría al acabar el almuerzo. Así ocurrió, y con el café Leguina se acercó a nuestra mesa, les presenté a ambos y el político socialista le dijo: “Eres una mujer valiente, y eso te va a traer problemas dentro y fuera de tu partido…”.

En efecto, Arantza Quiroga es una mujer valiente, además de inteligente y guapa, cualidades que lejos de ayudarla generan rechazo en un país en el que todavía persisten demasiados complejos machistas, y en la política ni les cuento (a un lado y al otro). A Arantza Quiroga nadie podrá cuestionarle nunca su compromiso con las víctimas de ETA, pero como valiente que es y sabiendo que lo que iba a hacer le supondría muchas incomprensiones, se atrevió a dar un paso a favor de la paz en el País Vasco, un paso que en cualquier otra circunstancia no habrían cuestionado ninguno de sus compañeros, que básicamente comparten tanto el fondo como la forma de esa moción, y ellos lo saben. Alguno hasta me lo ha dicho.

La reacción es propia de un partido acobardado que no se atreve a salir de la jaula de cristal dentro de la cual guarda celosamente el escaso poder que le queda

Pero el PP es un partido acomplejado a su derecha y a su izquierda, y bastó una portada calculadamente manipulada de un diario de tirada nacional y la queja de la AVT para que en Génova 13 les entrara el canguele y obligaran a la presidenta del PP vasco a dar marcha atrás. Sus enemigos dentro del partido, que los tenía, aprovecharon la circunstancia para ahondar en la herida y provocar lo inevitable: su renuncia. Renuncia que tardó cuatro absurdos días en llegar porque María Dolores de Cospedal no quería perder su influencia sobre el PP vasco, lo cual ha acabado ocurriendo.

La reacción del PP es propia de un partido acobardado que no se atreve a salir de la jaula de cristal dentro de la cual guarda celosamente el escaso poder que le queda. La gaviota, ave audaz y aventurera, ha transmutado en periquito cobarde y temeroso. Donde tenía que haber habido un cierre de filas y un guardarle las espaldas a la presidenta del PP vasco, lo que hubo fue un comportamiento que en algunos casos rozó lo miserable. Y eso es lo que está pagando con un alto precio en las urnas.

La crisis provocada inexplicable y sorprendentemente en el PP vasco viene a sumarse a la serie de desastres que acompañan al PP en su tránsito del poder a la oposición. Lo tuvo todo en su mano para volver a revalidar la mayoría absoluta. Solo hacía falta escuchar. Pero algunos decidieron taparle los oídos a Mariano Rajoy. ¿Dónde estaba el presidente cuando estalló esta crisis? ¿Inaugurando algún tramo de autovía? ¿No se suponía que después de lo ocurrido tras las municipales y autonómicas había tomado las riendas del partido?

Un importante 'alfil monclovita' me desvelaba la noticia de la semana: “Si las encuestas siguen diciendo que no ganamos, Rajoy no será candidato”

Rajoy ha sido durante estos cuatro años un presidente secuestrado por unos cuantos burócratas-abogados del Estado en el Palacio de la Moncloa, y hoy ya parece un líder irrecuperable para la victoria del PP. El miércoles, un importante alfil del tablero monclovita me desvelaba la noticia de la semana: “Si las encuestas siguen diciendo que no ganamos, Rajoy no será candidato”. Ese posible se extiende como una balsa de aceite en el mar por todo el PP, y no fueron pocos los políticos de este partido que ayer me pidieron más información. “¿Quién sería? ¿Feijoó?”. Es lo más probable, porque es el único que reúne todas las condiciones para poder encabezar una lista con alguna ambición de victoria, aunque los mismos que han mantenido al presidente ausente de todo durante este tiempo querrán seguir jugando sus cartas apoyados en los medios de la izquierda supuestamente sensata.

Les voy a ser sincero, aunque me cueste más de una crítica: yo quiero que gane Rajoy. Creo que este país no puede jugársela con un Partido Socialista instalado en la mediocridad, con un Podemos que solo ofrece recetas del pasado más atroz, y con un Ciudadanos ambiguo que ha crecido a costa del andamiaje del oportunismo. Pero, ya lo dije un día, este es un país canalla que lejos de agradecer el esfuerzo que el Gobierno ha hecho para sacarlo de la crisis, le está haciendo un corte de mangas que empezó en las europeas de 2014 y acabará en las generales del 20-D. ¿Tiene la culpa Rajoy?

Seguramente no, o no del todo, y la verdadera culpa se esconde en los despachos anexos en los que se decidió que el Gobierno renunciara a hacer política desde el minuto uno, permitiendo que creciera el malestar social por los recortes y que la corrupción se extendiera como un cáncer terminal. Y si ya era tarde para reaccionar después del 27 de mayo, tras las elecciones catalanas del 27-S el PP se ha instalado en el desconcierto y parece haber claudicado ante lo aparentemente inevitable.

Dos Palabras

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