Soraya saca al aznarismo de sus casillas

La vicepresidenta va camino de ser uno de los ‘monstruos’ destacados del aznarismo

Foto: Soraya Sáenz de Santamaría. (GTRES)
Soraya Sáenz de Santamaría. (GTRES)

Se está trabajando la vicepresidenta del Gobierno el hacerse un hueco destacado entre los ‘monstruos’ del aznarismo. Lo hizo este lunes, en la cadena COPE, afirmando que a lo mejor aquello de recoger firmas contra el Estatut no fue un acierto. La reacción no se ha hecho esperar y desde la FAES, que ya no es del PP sino solo de Aznar, le han respondido que, para firmas, las del Tinell —se acuerdan, ¿no? Aquel pacto que suponía una especie de cordón sanitario contra el PP por parte del PSOE, ERC e ICV—.

Pero más que por esa anécdota, lo que está soliviantando a los sectores más ortodoxos del Partido Popular es el hecho de que la vicepresidenta haya inaugurado un nuevo tiempo de diálogo con las fuerzas vivas catalanas, en lugar de continuar por la vía de la judicialización del conflicto que ahora mismo enfrenta al Estado y la Generalitat. El nombramiento de Enric Millo —un hombre próximo a los sectores moderados del nacionalismo— como delegado del Gobierno en Cataluña, el hecho de que la vicepresidenta se haya puesto un despacho en la ciudad condal y la realidad de que Sáenz de Santamaría se pasa allí la mitad de la semana están incomodando a esos sectores del Partido Popular que solo entienden la respuesta a la Generalitat desde la confrontación.

Al nacionalismo moderado hay que darle una salida, y esa solo puede venir por la vía de la negociación

Y ese camino, como ha comprobado el Gobierno durante cuatro años, no lleva a ninguna parte. El gran error de Mariano Rajoy en la pasada legislatura fue negarse a dialogar. El gran acierto de esta es comenzarla dialogando. Ya veremos a dónde nos lleva eso, pero lo otro solo sirvió para enrocar mucho más al nacionalismo y para que al final los herederos de CiU hayan acabado en manos de la CUP. Al nacionalismo moderado hay que darle una salida, y esa solo puede venir por la vía de la negociación, aunque eso signifique hacer algo que, por cierto, ya hizo Aznar en sus mejores tiempos: ser más complaciente.

Lo curioso de todo esto es que FAES, o sea, Aznar, se olvida de que lo mismo que ahora está haciendo la vicepresidenta del Gobierno, ya lo hizo él en su primera legislatura e, incluso, no dudó en sacrificar la cabeza de Vidal Quadras para satisfacer los intereses del nacionalismo. Entonces Aznar apostó por un hombre que también se entendía correctamente con el nacionalismo moderado, Josep Piqué. Y, de hecho, no le fue mal al PP en los años posteriores y la sucesora de Piqué, Alicia Sánchez Camacho, llegó a conseguir el mejor resultado del PP en Cataluña precisamente entendiéndose con el nacionalismo.

Fue la apuesta soberanista de Artur Mas lo que dejó al PP sin discurso, porque para entonces el argumentario antinacionalista ya se lo había apropiado Ciudadanos. Corregir ahora los errores del pasado es una necesidad para poder encontrar un camino de solución al desafío independentista, y la realidad es que la vicepresidenta del Gobierno está recorriendo el adecuado. Que además le hayan respondido desde FAES como lo han hecho, no hace más que confirmar que se trata de la dirección correcta.

Dos Palabras

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