O Susana o el colapso

Si Díaz es capaz de volver a recuperar la ilusión de una militancia que vive con estupefacción la situación interna de su partido, el PSOE tendrá una oportunidad de supervivencia

Foto: Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, anuncia este domingo en un gran acto en Madrid lo que ya sabíamos todos: que se presenta a la primarias del PSOE para liderar el partido. Mucho se ha escrito sobre el particular manejo de los tiempos que ha empleado la lideresa andaluza que, como si del propio Mariano Rajoy se tratase, se ha empeñado en aguantar hasta el último momento para dar un paso sobre el que se lleva especulando desde, al menos, las últimas elecciones andaluzas.

No fue la vez anterior, probablemente porque ella no tenía nada claro la conveniencia de dar el paso, y optó por apoyar -bastante se ha arrepentido de eso- a Pedro Sánchez. Un Pedro Sánchez que ha conducido al PSOE a la mayor crisis electoral, ideológica y vital de toda su historia, hasta el punto de que en los próximos meses el partido que fundara Pablo Iglesias -el otro-, se juega su propia existencia. De la importancia del paso que da la presidenta andaluza, y de la preocupación que se ha instalado en el PSOE por lo que pueda pasar en los próximos meses, da fe el hecho de que Díaz haya reunido a las fuerzas vivas del PSOE en su historia reciente para darle su apoyo: Felipe González, Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Rodríguez Zapatero…

Sánchez intentó recuperar el voto perdido radicalizando su mensaje y haciendo un uso irresponsable del odio a la derecha

En condiciones normales sería difícil creer que alguien que parte con esa mochila a su espalda tenga alguna dificultad para llegar el primero a la meta. Pero la realidad es bien distinta. Lo cierto es que Susana Díaz pelea contra algo más complicado que vencer que Pedro Sánchez, pelea contra una militancia que ha visto como Podemos les robaba algunos de sus viejos mantras y se ha radicalizado hasta el punto de que, entre ellos y sus dirigentes, hay un abismo ideológico prácticamente insalvable. ¿Por qué? Pues fundamentalmente por que mientras los dirigentes del PSOE actúan con el pragmatismo propio de una socialdemocracia instalada en la normalidad democrática, la militancia se sigue alimentando de emociones irracionales.

Mientras no existía nada a la izquierda que pudiera competir con el PSOE, esa militancia se mantenía adormecida por las circunstancias -Izquierda Unida nunca fue capaz de competir con el PSOE porque, les gustara o no, ellos también habían participado en la instauración del sistema-, pero cuando apareció Podemos con su discurso añejo pero rupturista, se despertó. Buena parte de esa militancia se fue a votar a la formación morada. Era inevitable. Pero en lugar de intentar hacer del PSOE el partido transversal que había sido antaño y pescar en el caladero del centro, Pedro Sánchez optó por intentar recuperar el voto perdido radicalizando su propio mensaje y haciendo un uso irresponsable del odio a la derecha. Y eso rompió las costuras del PSOE. Y lo demás ya lo saben ustedes.

Lo que de verdad hubiera puesto en una situación difícil al Partido Socialista hubiese sido la victoria de Íñigo Errejón y su proyecto transversal

La cuestión ahora es, ¿cómo conseguir el equilibrio necesario entre un PSOE útil a la democracia y un PSOE identificado aunque sea solo, en parte, con los postulados del Podemos de Pablo Iglesias? Y hago, a propósito, esa apreciación, porque, sin duda, lo que de verdad hubiera puesto en una situación difícil al Partido Socialista hubiese sido la victoria de Íñigo Errejón y su proyecto transversal. Eso es lo que tendrá que exponer este domingo ante todos los que acudan a aplaudirla Susana Díaz: qué PSOE quiere, porque de lo que ella diga va a depender que su partido vuelva a recuperar el papel que ha jugado como alternativa de gobierno a la derecha, o por el contrario colapsará dejando el espacio de la izquierda a un Podemos radicalizado que acabara por regalarle al PP años y años en el poder.

Si la presidenta andaluza es capaz de volver a recuperar la ilusión de una militancia que vive con estupefacción y elevadas dosis de cabreo la situación interna de su partido, el PSOE tendrá una oportunidad de supervivencia, aunque sea en manos de una lideresa que se sabe a sí misma limitada en sus virtudes, pero que tiene la de saber hacer equipo. Sino, el PSOE caerá en manos de un Pedro Sánchez que lo conducirá a la fractura definitiva y a una crisis, esta vez sí, de imprevisibles consecuencias.

Dos Palabras

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
19 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios