Sí, yo soy ciclista… ¡No me mates, por favor!

Lo que espero de ti es que me respetes, que nos respetes. Que tengas paciencia, porque lo que estamos haciendo nos supone un esfuerzo, un sacrificio muchas veces

Foto: Foto: EFE.
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No me gusta salir solo con la bici, le tengo mucho respeto a la carretera y siempre pienso que yendo en grupo a los ciclistas se nos ve más y disminuimos el riesgo de accidente, además de que en caso de que este ocurra nos ayudamos unos a otros. Pero hace un par de fines de semana tenía que hacer un entrenamiento muy concreto de cara al Campeonato de España de Triatlón de Media Distancia que se celebró este pasado fin de semana en Pamplona —el Half Triathlon Pamplona-Iruña—, y como el compañero que iba a venir conmigo se indispuso esa noche, el domingo por la mañana agarré mi bici a las 9:30 y me lancé a la carretera.

Todo iba muy bien, mi intención era hacer un recorrido de unos 75 kilómetros dirección Navalcarnero y vuelta por Villaviciosa, pero me equivoqué de camino. No había hecho nunca esa parte de la ruta, creyendo que había carretera entre Navalcarnero y Villaviciosa seguí adelante y acabé en el arcén de la A-5. Menos mal que era bastante ancho y, consciente de mi error y de que aquello me podía costar un disgusto, me lancé a por la primera salida que encontré, cuando a los pocos metros un coche de la Guardia Civil de Tráfico se situó delante de mí y encendió primero los intermitentes y después las luces amarillas del techo señalizando a los coches que se situaran a la izquierda.

Pensé que, con toda la razón del mundo, me iban a parar y a multarme, pero lejos de ser así me fueron escoltando unos 50 metros por delante hasta que señalicé mi desvío a la derecha para tomar la carretera hacia Villaviciosa, y entonces simplemente dijeron adiós y siguieron su camino. No lo comprendí hasta que llegué a casa y leí la noticia que ya me habían enviado a mi WhatsApp: una conductora ebria había matado a dos ciclistas —el tercero moriría días después— y herido a otros en Oliva. No ha sido el único atropello en estos dos fines de semana: el sábado, seis ciclistas fueron arrasados en Tarragona y el domingo, cuando volvía de Pamplona a Madrid, en Navarra caían otros dos bajo las ruedas de otro vehículo conducido por una conductora borracha.

El sábado, a la orilla del Pantano de Alloz, donde íbamos a comenzar el Half Triathlon de Iruña, más de 1.000 triatletas guardamos un minuto de silencio por nuestros compañeros de Oliva y solo unos pocos minutos después cogeríamos nuestra bicis para lanzarnos a tumba abierta camino de Pamplona por una ruta de 85 kilómetros con tráfico. Poco, es verdad, y en una ruta muy vigilada, pero ¿quién vigila al que de manera descontrolada y bajo los efectos del alcohol o las drogas, o ambas cosas a la vez, pone sus manos en un volante?

Yo salgo con mi bici casi todos los domingos, con mi grupeta o solo algunas veces, me puedes encontrar por la sierra, haciendo puertos, o por cualquier carretera cerca de Madrid. Llevo un casco amarillo unas veces, negro otras, y ahora ya sé que lo próximo que tengo que hacer es poner una luz roja en la tija de mi bici para que cuando tú, conductor, vengas por detrás, me veas. Lo que espero de ti es que me respetes, que nos respetes. Que tengas paciencia porque lo que estamos haciendo nos supone un esfuerzo, un sacrificio muchas veces, que lo hacemos porque queremos, faltaría más, pero la inmensa mayoría de nosotros no vivimos de la bici, aunque muchos vivimos gracias a la bici.

Por eso te digo, te decimos todos: no nos mates. Aprende a convivir con nosotros, y nosotros te lo pondremos fácil. Te ayudaremos a adelantarnos cuando veamos que tienes espacio para hacerlo, incluso aunque haya línea continua porque, ¿sabes?, puedes hacerlo, puedes rebasarla dejando un metro y medio —y si dejas dos, te lo agradeceremos aún mas— entre el coche y nosotros y nadie te va a multar por ello, pero sí te pueden multar si no lo haces, te pones nervioso y empiezas a tocar la bocina —está prohibido, otra cosa que los conductores no saben— y a gritarnos.

Aprende a convivir con nosotros, y nosotros te lo pondremos fácil. Te ayudaremos a adelantarnos cuando veamos que tienes espacio para hacerlo

Somos vulnerables… Tú llevas entre las manos una máquina de matar, y nosotros vamos sobre una máquina en la que podemos morir. Y la mayoría de nosotros tenemos familias, mujeres, novias, hijos, madres que rezan por que volvamos cada vez que salimos por la puerta con los bolsillos del maillot cargados de geles y barritas y la bici a cuestas. No debería ser así, nadie reza para que vuelva un 'runner' que sale a correr el domingo por la Casa de Campo, que también se está volviendo imposible para todos los fines de semana a la vista de lo peligrosas que se han vuelto las carreteras.

Diecinueve ciclistas muertos en lo que va de año es mucho, cuatro más que en todo el año 2016. Un número suficientemente alto como para que tú, conductor, te lo tomes en serio y lo tengas presente cada vez que nos veas en tu camino… Cuánto vas a perder por ponerte un rato detrás de nosotros, ¿uno, dos… tres minutos quizá? Nosotros podemos perder la vida. Y lo suficientemente alto, también, como para que las autoridades competentes, el Gobierno, empiecen a tomar medidas que pasan por invertir para ampliar los arcenes de muchas carreteras y endurecer las penas para casos como los de estos últimos fines de semana. Ni un ciclista más muerto en las carreteras, ni uno más… Y nos uniremos si hace falta cuantas veces sea necesario para reclamarlo.

Dos Palabras

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