En el poco tiempo que tiene para relajarse, a Pedro Morenés le gusta jugar al golf. En uno de esos partidos, entre hoyo y hoyo, el ministro de Defensa confesó recientemente que el Ejército español no tiene “ni para balas”. Era una expresión extrovertida, en medio de un día de descanso, pero contundente para justificar ante su compañero de partido porque había decidido empezar a cobrar el rancho a los soldados que no estuvieran de servicio.
Morenés, muy consciente de la crisis, ha adoptado medidas de ajuste desde que se hizo cargo del Ministerio, consciente de la deuda que arrastra “la mayor empresa de España”, con más de 130.000 empleados en plantilla. Con 26.000 millones de dinero por devolver en el petate y unos intereses a pagar de 10.000 millones hasta 2025, el nuevo titular de Defensa impuso un drástico plan de recorte del gasto de hasta el 15%, medida que ya se dejó ver en la reciente celebración del Día de las Fuerzas Armadas.
Como el presupuesto no daba para el catering, las empresas de Valladolid, donde se celebró el evento, aportaron su granito de arena, mediante la donación de vino, queso y jamón de la zona. A escote a petición del alcalde, como en la película de Berlanga,
Sin embargo, no todos los militares de alto rango se han tomado al pie de la letra la necesidad de apretarse el cinturón, un plan de adelgazamiento que incluía la supresión de gastos superfluos como mantener Digital+ en las instalaciones del Cuartel General del Ejército, en
Le explicaron que la orden venía de Defensa, que día antes había anunciado que desde el 1 de julio la infantería debía de pagarse el plato de lentejas. El apagón duró solo dos días. Alguien, se desconoce quién, aceptó la petición de uno de los jefes del Estado Mayor y Canal+ volvió a las teles del Cuartel General para ocio y regocijo de la tropa. Y es que
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