Un guion escrito para Susana Díaz

La presidenta andaluza acapara el control de la renovación socialdemócrata para "el PSOE del siglo XXI" que aspira a liderar

Foto: Susana Díaz, este 28 de enero durante su intervención en las jornadas para celebrar el 130 aniversario del PSOE de Alcala de los Gazules (Cádiz). (EFE)
Susana Díaz, este 28 de enero durante su intervención en las jornadas para celebrar el 130 aniversario del PSOE de Alcala de los Gazules (Cádiz). (EFE)

Proyecto, liderazgo y equipos son el trípode sobre el que se construye (o reconstruye) un partido de mayorías, como aspira a volver a ser el PSOE. Pedro Sánchez es un buen ejemplo, en negativo, de ello. Heredó un proyecto que no era el suyo, sino el de Alfredo Pérez Rubalcaba —su papel como coordinador de la conferencia política de 2013 fue burocrático, porque la materia gris la puso sobre todo Ramón Jáuregui—; ejerció un liderazgo ‘testosterona’ —ni el carismático de Felipe González ni el integrador de José Luis Rodríguez Zapatero, cada uno empático a su manera—; y, a falta de uno propio, le hicieron el equipo: César Luena siempre tuvo más complicidad con Patxi López que con él, igual que Óscar López con José Blanco y Antonio Hernando con Rubalcaba.

Susana Díaz, para quien se está escribiendo el guion de próxima secretaria general (salvo rebelión de las bases frente al dictado de unos cuadros atemorizados), ha tenido la astucia y la inteligencia política de colocar a dos de sus alfiles como coordinadores de la ponencia que aspira a diseñar "la España de 2020" desde una perspectiva de socialdemocracia renovada y adaptada al siglo XXI: Eduardo Madina, que actúa con la fe del converso al susanismo que antes denostaba, al frente del área política; y José Carlos Díez, su ministro de Economía en la sombra, "sin el que no iría a ningún sitio" —el entrecomillado es suyo— en el área económica. Y, por encima de ambos, controlando todo, y singularmente las reformas que se quieren implantar en el ámbito de organización y normas internas de funcionamiento, Mario Jiménez.

Aprendiendo de errores ajenos, la presidenta andaluza tiene muy presente que proyecto y liderazgo han de ir de la mano si no quieren trastabillarse en el camino. La conferencia de 2013 alumbró un buen producto reformador, pero tenía un mal vendedor porque no resultaba creíble en boca de Rubalcaba. Era imposible creer que fuera a impulsar las reformas que predicaba quien había tenido la ocasión de aplicarlas o promoverlas desde el Gobierno como vicepresidente que fue de Zapatero y ministro que también fue de González.

En el equipo que ha elaborado las bases para la ponencia que debatirá el congreso brillan por su ausencia los sanchistas y solo uno de sus miembros está alineado con López

Madina afirmó el viernes, durante la presentación de las ‘Bases políticas para la ponencia marco’ que se debatirá en el congreso de junio, que el objetivo es construir "un proyecto intergeneracional" y "no sectario". Pero, aunque también es cierto que los trabajos solo acaban de empezar y que nuevo no es sinónimo de mejor, hasta ahora los fundamentos han sido elaborados por ‘los de siempre’: los nombres que se han puesto en primera línea, salvo el propio Madina, José Carlos Díez e Ignacio Urquizu, son recurrentes (Amelia Valcárcel, Matilde Fernández, Ramón Jáuregui, Rosa Conde…, y por Ferraz vuelven a desfilar en estos días otros clásicos en estos procesos, como Cristina Narbona o Luis Atienza); y, si se mira a su afinidad con los precandidatos, se aprecia una abrumadora mayoría favorable a Susana Díaz —de ese grupo inicial, solo Rafael Simancas se ha alineado con Patxi López, y los sanchistas brillan por su ausencia—. [Madina aseguró que la savia nueva y el pluralismo se reflejarán en la composición final de los equipos de trabajo.]

Eduardo Madina y José Carlos Díez, coordinadores del área política y económica de la ponencia marco, este 27 de enero en Ferraz. (EFE)
Eduardo Madina y José Carlos Díez, coordinadores del área política y económica de la ponencia marco, este 27 de enero en Ferraz. (EFE)


Sostuvo también Madina el viernes que "no se puede hacer un proyecto de país sin conciencia histórica ni diagnóstico de la realidad". Buena prueba de la vigencia del ideario del socialismo democrático son las pugnas que se libran en Ciudadanos entre los partidarios de adoptar la etiqueta liberal y los de que abogan por un marchamo social-liberal; y en Podemos, donde Pablo Iglesias se revuelve contra Íñigo Errejón deslizando la sospecha de que este pretende convertir a su partido en "un nuevo PSOE". Pero el "diagnóstico de la realidad" pone también de manifiesto un declive electoral, por ahora imparable, de los partidos socialdemócratas clásicos: el SPD alemán, su gran referencia europea, está en una intención de voto del 20%; los socialistas franceses caminan con paso firme hacia la derrota; el laborismo británico, si es que alguna vez lo fue, ha renunciado no ya a ser internacionalista, sino incluso europeísta…

El nuevo gurú económico del PSOE, José Carlos Díez, lo borda como divulgador, pero de quien aspira a ser ministro de Economía se espera más

Y es que las ideas, por hermosas que sean, no calan si debajo del envoltorio solo hay un estuche vacío o con un producto caducado, y menos cuando los ciudadanos acumulan años con el anhelo incumplido de que la política les proporcione algún horizonte cierto —o al menos ilusionante y creíble— para sobrevivir al gatuperio de incertidumbres que nos zarandea cada día.

Es esta una asignatura pendiente para el PSOE y, en su fase actual, especialmente para su nuevo gurú económico. Díez, que aún está en periodo de rodaje, demostró el viernes, durante su comparecencia conjunta con Madina, que lo borda como divulgador, pero le queda mucho por aprender como político de la economía. Cuando se le preguntó si, como en su día defendió sin éxito Miguel Sebastián —predecesor con Zapatero de las funciones que ahora él ha asumido en el horizonte del ‘susanato’—, uno de los pilares de la propuesta económica será el cambio del modelo productivo para limitar la dependencia del ladrillo y el turismo, navegó con soltura por lo académico —citas a Platón y Heráclito—, el detallismo de los especialistas —"la revolución económica del comer sano"— y el generalismo de los columnistas —“"pasar del yo te lo hago más barato al yo te lo hago mejor para tener un empleo digno que pague los impuestos"—. Pero falló en la exposición compacta de los fundamentos e instrumentos que cabe esperar de quien —se presume— aspira a ser ministro de Economía...

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