¿Quién es más de izquierdas en el PSOE?

El problema de los socialistas no es de reubicación ideológica, sino de recuperación de la credibilidad perdida

Foto: Simpatizantes del PSOE a las puertas de la sede federal, en la madrileña calle de Ferraz, el pasado 22 de octubre. (Reuters)
Simpatizantes del PSOE a las puertas de la sede federal, en la madrileña calle de Ferraz, el pasado 22 de octubre. (Reuters)

En una escala en la que el 1 representa la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, el 51,3 por ciento de los españoles se autoubica en la zona moderada que abarca del 4 al 7, la misma en la que el 58,9 por ciento coloca al PSOE, según el barómetro de enero del CIS. Además, el 30,7 por ciento de los encuestados se autodefine como progresista, socialista o socialdemócrata frente a un 28,9 por ciento que lo hace como conservador, liberal o demócrata cristiano —si se descuenta a progresistas (12 por ciento) y liberales (10 por ciento) por tratarse de etiquetas de uso transversal, socialistas y socialdemócratas serían el 18,7 por ciento mientras que conservadores y democristianos serían el 18,9 por ciento—.

A la vista de estos datos, el espacio ideológico del PSOE está bastante claro a ojos de los ciudadanos y también parece identificado con claridad el espectro electoral donde puede reconquistar la mayoría —solo el 23,2 por ciento de los encuestados se autodefine como de extrema izquierda (1 a 3 en la escala de 10) y el 8,5 por ciento de extrema derecha (de 8 a 10 en la escala)—. Su problema, por tanto, no es de reubicación ideológica, sino de recuperación de la credibilidad perdida.

Guerra de etiquetas

Sin embargo, arrastrados por los intereses de campaña de Pedro Sánchez ante el gran choque de las primarias, los socialistas se han enredado en un debate sobre quién es más de izquierdas dentro del mismo partido. Y lo cierto es que en el PSOE conviven, casi desde su fundación, antiguos comunistas y social-liberales con socialistas cristianos, socialdemócratas y otros que se reclaman socialistas sin adjetivos —el conglomerado que en su momento se bautizó como “progresistas”—, de igual forma que en el PP lo hacen liberales, conservadores, democristianos y gentes llegadas de la extrema derecha e incluso de la extrema izquierda.

Más del 50% de los españoles se autodefine como ideológicamente moderado e identifica al PSOE con esa zona del espectro político

A esta guerra de 'marketing' se ha apuntado Patxi López, que se autoproclama la “izquierda exigente” —como si nunca hubiera gobernado con el apoyo del PP, aunque justo es reconocer la excepcionalidad de la situación que vivía el País Vasco— para disputar espacio a la “recuperación de la izquierda” que reivindica Sánchez —como si llegara de nuevo y no hubiera tenido el timón del partido durante más de dos años—. Mientras, Susana Díaz, convencida de que el PSOE únicamente podrá reconquistar la Moncloa transitando por el centro porque a corto plazo es impensable el retorno de los millones de votantes que se fugaron a Podemos, y consciente de que los otros dos pretendientes de la secretaría general intentan identificarla como “la derecha del partido”, rehúye el ‘izquierdómetro’ para enarbolar su propia etiqueta: la de ser quien “gana elecciones”.

Pedro Sánchez y Patxi López, el pasado octubre en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Patxi López, el pasado octubre en el Congreso. (EFE)

Desigualdad y pobreza

Si algo ha definido históricamente a los partidos socialdemócratas como izquierda política ha sido la lucha contra la desigualdad, que durante décadas encontró un exitoso modelo de redistribución con el Estado de bienestar, convertido hoy en rompeolas de todas las crisis. A estas alturas existe un consenso bastante amplio en cuanto a que la redistribución no se logra tanto por la vía de los impuestos como por la del gasto, aunque socialistas expertos en Hacienda calculan que si se suprimieran los tipos reducidos de IVA que se aplican a sectores como el turismo se podría recaudar la nada desdeñable cantidad de 15.000 millones de euros.

Pero a la desigualdad, que puede generar más pobreza o no, ha venido a sumarse la pobreza, que sí genera más desigualdad (en 100.000 hogares españoles los niños no tienen garantizada una dieta mínima y en 500.000 hogares no tienen un lugar adecuado para estudiar, lo que empobrece el futuro del país). Como lo hemos conocido hasta ahora, el Estado de bienestar tiene una fuerte dependencia del mercado laboral, lo que en una coyuntura de crisis reduce los beneficios que de él obtienen los sectores más vulnerables, como los niños, los estudiantes y las mujeres. Y el mercado laboral está en pleno proceso de contracción y cambio a causa de la creciente implantación de “la economía digital”.

El eje de los debates en el PSOE debería ser cómo conciliar y hacer eficaz la lucha contra la pobreza y la desigualdad

Para el sociólogo Julio Carabaña, experto en desigualdad, “mientras no se encuentren políticas que fomenten eficazmente un crecimiento sesgado a favor de los pobres, reducir la pobreza y la desigualdad es en la práctica una cuestión de política fiscal y distributiva, pues los impuestos sin distribución reducen la desigualdad, pero no la pobreza”, de modo que se plantea una situación de conflicto “en que la preferencia por reducir la desigualdad puede frenar las políticas de reducción de la pobreza” (‘Ricos y pobres’. Catarata, 2016). Y resolver este conflicto, para combatir simultáneamente la pobreza y la desigualdad, debería ser asunto central de los debates de la socialdemocracia.

(EFE)
(EFE)

En opinión de Carabaña, “para reducir la pobreza y la desigualdad a los niveles mínimos de nuestra historia —que para la desigualdad son también los niveles medios de la Unión Europea de 15—, bastaría con aumentar los impuestos en dos puntos de la renta real, algo que se ha hecho sin muchas dificultades en los últimos años, y redistribuir el producto entre los pobres, algo que no se ha hecho (op. cit.)".

Propuestas y credibilidad

En el borrador de la ponencia económica que bajo la supervisión de la gestora coordina José Carlos Díez, se habla de desarrollar “un nuevo pilar” del Estado del bienestar para combatir la pobreza y la exclusión social, pero no se explica cómo se financiará cuando el “cuarto pilar”, el de la ayuda a los dependientes, se ha quedado en las raspas por falta de transferencias del Estado hacia las comunidades autónomas que lo gestionan. Y también apuesta por un “ingreso mínimo vital” o “renta mínima” compatible con los ingresos por trabajo. Lo malo de estas propuestas es que las formula un economista que en 2007 fue incapaz de ver venir la burbuja inmobiliaria. ¡Maldita hemeroteca!

El sociólogo Julio Carabaña advierte de que anteponer las políticas contra la desigualdad puede frenar la reducción de la pobreza

En la hasta ahora más detallada propuesta de Pedro Sánchez, elaborada en su apartado económico por Manu Escudero con importantes aportaciones del sociólogo Pau Marí-Klose, experto en pobreza infantil, se habla de “valorar la viabilidad de un impuesto negativo sobre la renta, en el que se fijará, de acuerdo con el nivel de pobreza existente en estos momentos, un objetivo de renta mínima para todos los ciudadanos” compatible con ingresos por trabajo; y se apuesta por garantizar las pensiones públicas añadiendo al sistema de cotizaciones nuevas figuras impositivas complementarias, redefinir el impuesto sobre el patrimonio y la riqueza, elevar el salario mínimo hasta 1.000 euros mensuales y reducir las horas de trabajo sin rebajar el salario. Lo malo de estas propuestas es que las convierte en su programa quien antes hizo suyas las de Jordi Sevilla, en las antípodas de Escudero y recientemente fichado por el BBVA para defender las cláusulas suelo en las hipotecas. ¡A vueltas con la credibilidad!

Si el PSOE no pone todo su empeño y energías en buscar y dar respuestas a estos dos problemas cruciales para la sociedad (desigualdad y pobreza), que están convirtiendo a los jóvenes en una nueva clase de pseudoesclavos, se quedará en izquierda testimonial porque para poner voz a la indignación ya está Podemos. Y si olvida que los partidos y los gobiernos son nacionales, pero los problemas y las soluciones son globales (o, al menos, europeos), también se quedará en izquierda testimonial. A eso es a lo que lleva jugar con etiquetas.

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