Los oficialistas del PSOE temen que Sánchez monte una escisión si pierde las primarias

Los seguidores del ex secretario general descartan esta posibilidad, "salvo que las primarias no sean limpias y se perciba claramente un pucherazo"

Foto: Pedro Sánchez, el pasado 30 de septiembre tras una declaración sin preguntas en Ferraz. (Reuters)
Pedro Sánchez, el pasado 30 de septiembre tras una declaración sin preguntas en Ferraz. (Reuters)

Susto o muerte. La mayoría del PSOE que derrocó a Pedro Sánchez en el comité federal del 1 de octubre cree que si el ex secretario general se impone en las elecciones primarias será “un desastre” para el partido y habrá muchos que harán huelga de brazos caídos. Pero teme también que, si pierde, protagonice una escisión para organizar un movimiento social a imagen y semejanza de ¡En marcha! del francés Emmanuel Macron, que tras ser ministro de Economía rompió con el Partido Socialista para crear su propia organización.

Sánchez, como Macron, es visto como un “candidato de diseño” y en el documento ‘Por una nueva socialdemocracia’ que presentó en el Círculo de Bellas Artes aboga por un partido “abierto a la colaboración con los movimientos sociales y las organizaciones progresistas”. Cuando los oficialistas intentan rebajar su predicamento dentro del partido con el argumento de que a sus actos acuden muchos que no son militantes, están reconociendo que su tirón desborda ampliamente los márgenes del PSOE.

Si gana Sánchez, tendrá la legitimidad del voto de los militantes, pero un sector del partido no le reconocerá autoridad

Hay un precedente muy cercano, aunque tuvo escaso arrastre entre la militancia socialista: el que protagonizó Rosa Díez. Tras encabezar la candidatura del PSOE al Parlamento Europeo en 1999, en 2000 compitió por la secretaría general del partido con José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono y Matilde Fernández. A partir de su derrota en el 35º Congreso, comenzó un proceso de distanciamiento que culminó en 2007 con la fundación de UPyD.

Los sanchistas descartan la escisión, “salvo que el proceso de primarias no sea limpio y se perciba con claridad que ha habido un pucherazo”, según miembros del núcleo duro de su candidatura, que dicen haber advertido ya “movimientos inquietantes” para peinar el censo en beneficio de Susana Díaz y dan por hecho que el día de la votación —todavía sin fijar— los partidarios de la presidenta andaluza “pasarán lista de uno en uno”.

El día después

No menos importante será lo que ocurra a partir del día después y cómo logre recomponer el ganador la unidad interna.

Si gana Sánchez, a quien los oficialistas reconocen que puede conseguir hasta el 35% de los votos, tendrá la legitimidad de haber sido —por segunda vez— elegido secretario general por el voto directo de los militantes, pero hay un sector del partido que no le reconocerá autoridad, el atributo que perdió durante su gestión de más de dos años al frente de la organización. Recuperará el trono, pero no tendrá poder, así que los menos sectarios de entre los suyos reconocen que no le quedaría más remedio que entenderse con los presidentes autonómicos, que tienen el poder real que emana de los gobiernos regionales y los presupuestos que manejan.

Susana Díaz, el pasado 4 de marzo en Sevilla. (EFE)
Susana Díaz, el pasado 4 de marzo en Sevilla. (EFE)

Y los barones, a su vez, tendrían que asumir el dictado de las bases porque, entre otras razones, con las legislaturas ya en su ecuador, antepondrán sus intereses electorales a los orgánicos, a sabiendas de que no es lo mismo cortarle la cabeza a un secretario regional, como hizo Sánchez con el madrileño Tomás Gómez, que a un presidente autonómico, como son Javier Fernández —que probablemente no repita—, Ximo Puig, Emiliano García-Page o Javier Lambán. Todo esto sin contar con que, en el congreso de delegados que seguirá a las primarias, pudiera surgir un comité federal con mayoría contraria al secretario general.

Susana Díaz, por su parte, ha demostrado en Andalucía su capacidad para reestablecer la unidad en un partido roto y los oficialistas dan por sentado que, tras las primarias, no habrá ningún problema para integrar a los seguidores de Patxi López. Pero su forma de hacerlo, que consiste básicamente en colocar a unos cuantos elegidos del sector crítico para quebrar su actuación como grupo, puede ser considerada insuficiente por los sanchistas. Y la gran pregunta, sin resolver, sería ¿qué hacer con Pedro Sánchez? El ex secretario general no tardó ni 24 horas en desdecirse del compromiso de dejar la política si pierde las primarias.

Las escaramuzas se suceden a la espera de que Díaz anuncie su candidatura a finales de este mes

Díaz anunciará formalmente su candidatura a finales de este mes. Será inmediatamente después del foro político sobre la ponencia congresual previsto para el día 25, lo que supondrá un adelanto en su calendario original —forzado por la conclusión de que el tiempo ha empezado a jugar en su contra— ya que el pistoletazo oficial de salida para las primarias no se dará hasta el comité federal programado para el 8 de abril, pero esa fecha le permitirá defender su coherencia con el planteamiento que ha venido manteniendo de “primero las ideas y después las personas”.

Escaramuzas en el Congreso

Los oficialistas parecen estar en modo pausa hasta ese día, pero además de que los ejércitos susanistas no descansan en sus preparativos, las escaramuzas con los sanchistas se suceden en el Parlamento. El martes, en la reunión del grupo parlamentario, Odón Elorza se quejó de que la dirección no dé trámite a sus iniciativas para reabrir la comisión técnica sobre el accidente ferroviario de Angrois; y Margarita Robles criticó el reparto de cromos con el PP para la renovación del Tribunal Constitucional, aunque el sistema de cuotas de partido fue el que la llevó a ella a formar parte del Consejo del Poder Judicial.

Y la víspera, en la reunión del grupo directivo, José Luis Ábalos forzó un cambio de voto del grupo socialista ante el dictamen de incompatibilidades de los diputados. La posición inicial que defendió Antonio Hernando fue la abstención, pero cambió al voto en contra después de que el portavoz de la candidatura de Sánchez le recordara la incongruencia de la abstención cuando el PSOE estableció de forma obligada la incompatibilidad con actividades ajenas a la política para sus parlamentarios.

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