La gestora del PSOE evita marcar posición sobre primarias abiertas y consultas

Ante las posiciones encontradas de los tres candidatos a la secretaría general, al comité federal del sábado no se presentarán propuestas concretas, sino un índice de las reformas orgánicas a tratar

Foto: El presidente de la comisión gestora del PSOE, Javier Fernández, el pasado 20 de febrero. (EFE)
El presidente de la comisión gestora del PSOE, Javier Fernández, el pasado 20 de febrero. (EFE)

Ni la gestora del PSOE ni su comité federal, convocado para el sábado de esta semana, marcarán la pauta a seguir ante dos de los asuntos más espinosos y controvertidos que, como consecuencia de la fractura del partido y la guerra interna por el poder, planean en el horizonte del congreso que se celebrará en junio: las primarias abiertas para elegir el candidato presidencial y el marco de las consultas a los militantes. La dirección provisional, que ya ha recibido diversas críticas de Pedro Sánchez y, en menor medida, de Patxi López, censurando que actúe en beneficio de Susana Díaz, no quiere pillarse los dedos con una nueva polémica.

Ante el hecho de que los tres candidatos a la secretaría general mantienen al respecto posiciones divergentes —cuando no abiertamente enfrentadas—, el responsable de Organización de la gestora, Mario Jiménez, que ha elaborado —en colaboración con los secretarios de Organización del partido en los distintos niveles— el apartado de la ponencia marco referida a los estatutos y el modelo organizativo, ha optado por dar una patada hacia delante; presentar solo un índice de temas a tratar, con algunas consideraciones genéricas sobre la necesidad de, para evitar que se reproduzcan los choques de legitimidad, conciliar los tres modelos que conviven en el PSOE: el del voto directo de los militantes en primarias, propio de sistemas presidencialistas; el de la representación en los comités federales, regionales y provinciales, propio de sistemas parlamentarios, y el de las agrupaciones locales, propio de los sistemas asamblearios. “Sobre eso, decidirá el partido”, aseguran fuentes de la gestora.

En Ferraz se considera la posibilidad de que el congreso delegue en una conferencia específica

La traducción al román paladino de esta frase pronunciada en la jerga socialista es que las propuestas concretas se canalizarán a través de las enmiendas que a la ponencia marco presenten las distintas federaciones para su debate en el congreso de junio. Será aquí, en la ponencia sobre estatutos, donde se discutan a fondo las distintas opciones y, en función de las mayorías que se establezcan, se trasladarán al plenario del congreso para su incorporación a los estatutos. Pero, como cabe la posibilidad de que las dos jornadas del congreso resulten insuficientes para llegar a un consenso o, cuando menos, un acuerdo de mínimos, en Ferraz ya se baraja la posibilidad de que el congreso delegue la resolución de estos asuntos en una conferencia específica.

Dos temores: Sánchez y las injerencias externas

Con este planteamiento, la gestora intenta no echar más leña al fuego de las primarias de mayo para la elección del secretario general, circunscritas a los militantes. En todas las encuestas publicadas hasta ahora, la mayoría de los votantes del PSOE se inclinan por Sánchez como candidato, con López en segundo lugar y Díaz, que el domingo entró oficialmente en la carrera, en el último. Por tanto, si Sánchez resulta derrotado en mayo, el ex secretario general podría volver a intentar el asalto a Ferraz por la vía indirecta de obtener la nominación presidencial en unas primarias que, según la reforma que en 2014 introdujo Alfredo Pérez Rubalcaba, tendrían que ser abiertas a cualquier ciudadano que suscriba un documento de compromiso con las ideas progresistas y pague una cuota de participación.

Pedro Sánchez y Susana Díaz, en el mitin de cierre de campaña de las generales del 26-J, en Sevilla. (EFE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz, en el mitin de cierre de campaña de las generales del 26-J, en Sevilla. (EFE)

Y esto, ni por lo más remoto, va a consentirlo Susana Díaz, sobre todo si tiene la fuerza de imponerse a Sánchez en la votación entre los militantes. “El candidato electoral tiene que ser el secretario general, como ha sido siempre en el PSOE”, sostienen colaboradores muy estrechos de la presidenta andaluza. Además de la tradición, invocan los precedentes: ninguno de los dos líderes elegidos en primarias, Josep Borrell, como candidato presidencial, y Pedro Sánchez, como secretario general, dieron resultado. Y eso que, en ambos casos, la participación se limitó a los afiliados. A esto hay que añadir el temor a las injerencias externas, sean de radicales de izquierdas que se inscriben con el propósito de dinamitar la socialdemocracia moderada, o de poderes económicos que compran votos para facilitar la elección del candidato que más se acomode a sus intereses, aunque sea el peor para las aspiraciones electorales del partido.

Democráticos, sí; asamblearios, no

En cuanto a las consultas a la militancia, que Sánchez introdujo como una novedad cuando sometió a su criterio el pacto de investidura que suscribió con Ciudadanos, mientras que el ex secretario general reivindica su convocatoria para aprobar las alianzas de gobierno y asuntos de especial trascendencia, los partidarios de Susana Díaz no se oponen al enunciado general, pero sí quieren acotar la potestad de su convocatoria al comité federal para que no se conviertan en un instrumento más de poder unipersonal en manos del secretario general. En una línea similar está el tercer candidato, Patxi López, quien ha dicho: “Los militantes no pueden votar todo y para todo. El PSOE no es un partido asambleario, es otra cosa”.

Los partidarios de Díaz quieren recuperar la tradición de que el candidato sea el secretario general y acotar las consultas a la militancia

La síntesis del planteamiento que sostiene la mayoría que en octubre depuso a Pedro Sánchez se puede encontrar en el discurso que el presidente de la gestora, Javier Fernández, pronunció el sábado en la clausura del foro político sobre la ponencia marco: “Democratizar el partido no es convertirlo en una asamblea permanente, ni avanzar hacia una organización más débil y un liderazgo más fuerte. Evitar el monopolio del poder en las cúpulas en perjuicio de la participación de las bases no pasa por un partido más plebiscitario que deliberativo, más asambleario que representativo. Queremos no una organización burocratizada, entregada a sus estados mayores, a guardias pretorianas que estén ahí atrincheradas en el poder, no lo queremos, pero tampoco queremos un partido sin rumbo, sin ideas y sin proyecto político, una mera plataforma electoral al servicio de un líder que reclame autonomía o que exija confianza”.

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